La Verdad

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Cuando 1+1 son 3
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Mar y Cleo | 20-09-2015 | 08:42

Recuerdo cuando el número tres era mi preferido, porque juntarnos tres amigas era diversión asegurada, de cuando la noche empezaba a prometer era a partir de las tres de la madrugada y cuando con los primeros amores descubrí eso de que a la tercera va la vencida y ese era el que terminaba siendo el adecuado. Hasta hoy todo me iba de cara con este número, nunca me falló. Pero para eso está la vida, para que las verdades que nos parecen irrefutables se vuelvan, como poco, pintorescas, por no decir indeseables.

─Tengo la demostración científica que desde hace un tiempo 1+1 ya no suman 2.

Y con este principio teorico-matemático comienza mi mejor amiga a desarrollar un nuevo concepto aritmético en el que, curiosamente, la calculadora no servía para nada.

Y a mí, esta lección de cálculo va y me arruga el corazón. De pronto el 3, mi número de la suerte, ha dejado de ponerme una sonrisa en la cara y, sin darme cuenta, me hace encoger las ilusiones, pero a la vez agrandar mi alma, y decido sentirme solidaria con todas nosotras, y muy especialmente con aquellas que son la una o la otra, pero no la única.

Y entonces, sin pedirlos, llega una lluvia de consejos o, más bien, un chaparrón con granizo:

─Ve y arrástrala de los pelos.

─Me han contado que es una aburrida, vamos, tú eres mucho más mona.

─Es una fresca, se empeñó en ir a por él y no ha parado hasta que lo consiguió.

─Si es que ya no la quiere, se nota, por eso está contigo.

¡Qué harta estoy de esos comentarios! ¿Por qué siempre salen mal paradas la oficial y la otra? Pero, ¿y él? De rositas que se va el muchacho, porque claro él es un machoman, muy sociable, son cosas de hombres, ya se le pasará con la edad… Te lo juro, no puedo más. No entiendo cómo nos tiramos piedras, debe ser algún complejo de madres de protegerlos a todos, porque si no, no me entra en la cabeza.

Pero no hay mejor defensa que un buen ataque, y en el ataque de cuernos no hay mejor arma que la inteligencia, y si no que lo hubiera pensado antes de hacer caso a ese subidón de serotonina aliñada con un buen puñado de testosterona en su bragueta, oye, pues igual le sale el tiro por la culata… Y es que además lo tenemos muy fácil, porque la pistola del siglo XXI se llama teléfono móvil, y para una mujer seguir su rastro es el reto más fácil que le pueden poner. Y mientras él, en un alarde de romanticismo pitopáusico le ha dado por guardar aquel primer mensaje que se mandaron o pensar que las llamadas sin nombre de contacto no se quedan registradas, e incluso, esa foto tan inocente no piensan que nos puede revelar toda una historia por confirmar. Y nosotras, o ese detective que llevamos dentro, en un minuto adivinamos todo lo necesario para poner en acción un plan inteligentemente elaborado.

─Hola, ya sé que te extrañará que te llame, no te preocupes, tan solo quisiera que nos tomáramos un café juntas, creo que tenemos mucho de qué hablar y, desde luego, nada que merezca la pena por lo que seguir llorando.

Y así comienza una amistad, sin reproches, porque yo no le debo nada a ella, ni ella a mí. Yo no le he engañado, ella a mí tampoco. Yo no le he hecho promesas incumplidas, ella a mí tampoco. Es cierto que el comienzo es complicado, pero el comienzo nace del triunfo. No hay ningún hombre que se merezca las lágrimas de una o de dos mujeres. Así que ni para ti ni para mí, ¡ale, tira con tu madre!

Si malo es cabrear a una mujer, peor es cabrear a dos, pero lo que puede ser el acabose es que dos mujeres cabreadas se alíen. Macho machote, permíteme un consejo, no pierdas ni un segundo, sal corriendo, porque no te espera nada bueno, pero sin mirar atrás y cuando creas que ya te has alejado lo suficiente, sigue que nunca puedes llegar a imaginar hasta dónde llegará a alcanzarte el poder de la inteligencia femenina elevada al cuadrado.

Si los primeros matemáticos que sumaban números, o bolitas del ábaco para hacer sus cuentas, vieran en qué se ha convertido ahora el número 3, se echarían las manos a la cabeza, y no precisamente para buscar sus cuernos, aunque quién sabe si ellos también los portaban con total ignorancia.

He decidido que el número 3 no me acompañe más, ahora mi número es el 1, que las cosas es mejor hacerlas una a una, y vivirlas intensa y apasionadamente, y después a por otra, pero sin amontonarnos, que para algo cada una de nosotras somos únicas e irrepetibles.

Sobre el autor Mar y Cleo

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