La Verdad

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¿Qué tiene ella que no tenga yo?
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Mar y Cleo | 08-03-2017 | 22:51

Puedo presumir y presumo de tener una agenda de amigos y amigas de lo más variopinta. Los tengo de todos los colores, con gracia hasta decir basta o sosos como un huevo sin sal, sexys y recatados, marchosos con nocturnidad y alevosía y tan caseros que de vez en cuando los rapto y los saco un poco para que vean que hay tiendas nuevas en el barrio. Pero todos me encantan. Para cada uno tengo mi punto débil y, sobre todo, ninguno me ha decepcionado, porque siempre aplico un principio indiscutible con el que voy por la vida: “No le pido peras al olmo”, y así todos tan felices y tan amigos.

A mí, de vez en cuando, me da un poco de runrún morboso y entonces llamo a mi personal-choni y nos tomamos un café juntas y me pone al día de los miles de cotilleos que me pierdo por culpa de este estrés de vida que llevo. Pero es que esta amiga, a la que yo llamo con cariño mi Sálvame de lux particular, es capaz de contar, describir y hacerte vivir las vidas de todos los que te rodean sin que tengas que hacer ningún esfuerzo, y yo me dejo llevar, porque sé que puedo confiar en que su nivel de información es total, fidedigno e incuestionable, y me relajo, cierro los ojos y ella comienza sus relatos:

─Mírala, por ahí viene, si es que es increíble, pero yo no sé cómo lo consigue. Porque, es curioso, no es ni alta, ni baja; ni guapa, ni fea; ni gorda, ni flaca; ni rubia, ni morena… vamos, es una palabra, no es.

─¿Y qué tiene de especial para que le dediques tanta palabrería?─ le reprocho yo, ahora que me ha hecho incorporarme de mi letargo para darle un buen repaso a la susodicha y, encima, comprobar que, una vez más, el nivel de competencia descriptiva de mi choni-amiga sigue siendo indiscutible, es la mejor.

─Pues justamente eso, que no teniendo nada con lo que competir, ahí la tienes… Fíjate en ellos, ya tiene a su lado uno babeando y ese otro que se acerca lleva las mismas intenciones. ¿Y ella? Pues simplemente se deja querer, achucharse y ronronear.

Y oye, yo que me había citado con mi amiga para una sesión de relax y risas, pues que de pronto me noto que, en lugar de una tarde placentera, me está entrando una mala leche… Pero habrase visto qué cosa, aquí está una que antes de salir, paso por toda la ITV: peluquería, maquillaje, vestuario, manicura, complementos y accesorios y, eso sí, no piso la calle hasta que mi espejito mágico no me dice aquello de:

─¡Nena, tú vales mucho!

Pero es que claro, yo siempre me he puesto el listón muy alto, porque me niego a exponerme al mundo si no doy el nivel, que sé que hay días que es mejor que una se quede en casa, y me parece que hoy es uno de ellos.

Y me voy cabizbaja, porque en el fondo lo de esta tía me ha puesto de muy mal humor. Y me pregunto si lo que estoy sintiendo es envidia… Esos hombres que la rodeaban se la comían con solo mirarla, y ella les hacía ojitos, y ellos malabarismos con sus manos, y ella melena para un lado, y ellos requiebros zalameros. Y yo ahí, sentada y sola, mirando como una tonta, espiando como si fuera invisible a los ojos de ellos, porque ellos solo tienen ojos para ella. Lo reconozco, estoy furiosa, conmigo, con ellos, con ella, con la vida… ¡Qué tiene ella que no tenga yo!

Y sin darme cuenta llevo mis pasos hasta la casa de mi amigo el que todo lo sabe, es increíble, siempre tiene una respuesta y es la mejor. Él es mi ese yo que a mí me falta, con dos palabras es capaz de explicar el origen del mundo y la física cuántica desde nivel experto al nivel usuario. Y le cojo de la mano, y desnudo mi alma, y le digo que esa dichosa Mata Hari, devora-hombres se ha cargado de un plumazo mi nivel de autoestima que últimamente lo tenía de subidón total, y ale, aquí estoy rabiosa, cabreada, envidiosa y sin saber por dónde cogerme, vamos insoportable.

─Dime, ¿qué tiene ella que no tenga yo?

Y como además de listo es prudente, sonríe, me mira a los ojos, y me dice con esa voz de locutor de radio que tanto me cautiva:

─Muy fácil, tú ni tienes ni tendrás jamás su nivel.

─¿Qué…?─ digo perpleja.

─Su nivel de follabilidad.

Como siempre, con dos palabras es capaz de devolverme mi paz interior, mi nivel superlativo de autoestima, mi sonrisa y mis ganas de seguir viviendo feliz por ser como soy, a todos los niveles, y por contar con mis mejores amigos y consejeros.

Sobre el autor Mar y Cleo

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