La Verdad

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Otoño, tiempo de valientes
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Mar y Cleo | 18-10-2015 | 10:07

Esto del cambio de las estaciones es digno de estudio, porque si es primavera nos creemos que Cupido va a aparecer por la esquina soltando una lluvia de fechas, y si es verano entonces es como si recibiéramos un pase para vivir la vida loca, y lo del invierno ya es el no va más, el invierno nos abre una puerta a perdernos y buscar refugio en el calor de una chimenea o, a las malas, bajo la manta y a darse por contento.

Y ahora qué, pues que estamos en esos días otoñales a los que yo  llamo: días de me quito y me pongo. Y además, por qué no decirlo, en muchas ocasiones esa frase forma parte de mi filosofía de vida.

Imagínate una mañana soleada donde el sol viste todas las ventanas de mi casa y yo ahí, frente al armario y la duda queda resuelta de inmediato: me pongo sandalias, faldita corta y una chaqueta por si las moscas, vamos que llevo conjuntadas hasta la laca de uñas. Giro el picaporte de la puerta de la calle y me dispongo a disfrutar del día: uno, dos y…, justo al tercer paso entra una rasca que se me mete por el escote y me envuelve, o sea, me siento igualita que si acabara de meterme en un tremendo frigorífico. Me pongo la chaqueta, cruzo los brazos para protegerme del frío, y ando rápido por las calles con la tonta ilusión de que así se me va a quitar. Claro, al final del día ya no sé si es la punta de la nariz o la de los pies la que gana el campeonato del helor.

Ahora imagínate otra mañana igual, pero como ya he aprendido la lección, el mismo sol, la misma situación en mi ventana, yo voy y sonrío sabiéndome la más lista del mundo: hoy botas y pantalones, chaqueta y foulard, y a la calle a disfrutar de nuevo: uno, dos y… al tercer escalón, ¡me entra un calor…! Me quito la chaqueta, vuelvo a andar rápido, pero esta vez buscando la sombra de los árboles de calle en calle como si fuera un espía de los del TBO.

Pues así me siento yo últimamente, que no atino. Si conozco a un posible, sí, a uno de esos que es ese que quizá y solo quizá, pudiera ser, si es que se diera el caso de que  se juntaran varias constelaciones y varios universos, oye, pues igual ¡hasta tiene una oportunidad…! Bueno, lo dicho, que si un posible quiere darme calor, pues depende de cómo me pille, pero lo normal es que a mí me dé frío, y si es él el que se hace el frío, entonces a la que le entra el calor es a mí.

Y es que cada cosa que se nos ocurre y nos lanzamos a hacerla no tiene por qué tener el resultado esperado. El otro día un amigo me contó que una le había pedido su número de teléfono y, acto seguido, ella le hizo una llamada perdida, y claro, ahora al cabo de dos semanas pensándoselo, no sabía si llamarla o no.

─Pero qué quieres que te conteste… La verdad es que en estos asuntos la experiencia no cuenta mucho, es como las sandalias o las botas, pues eso, que puede ocurrir cualquier cosa.

Igual ella se lo pidió porque estaba de fiesta y se le subió la euforia más de la cuenta; o lo hizo ilusionada y al llegar a su casa se acordó de que tenía marido; o simplemente fue un flechazo y está esperando que él la llame. Y claro, yo no soy de dar consejos así como así, pero ocurre que hay proyectos que dan lugar a dudas, y a ver quién es el guapo que lo tiene claro. Por eso yo creo que lo mejor va a ser valorar qué es lo que tienes que perder, o como se hace en los negocios, qué inversión estás dispuesta a perder si no te sale bien la apuesta, porque todo es posible…

─Vamos, que si no tienes nada que perder, llama.

Muchas veces ese miedo a hacer cosas o a decirlas nos hace no hacerlas o a no decirlas, y eso es aún peor, porque es más de cobarde que de sensato. Así que visto que el mundo ya tiene su cupo de cobardes completo, a ver si lo vamos llenando un poco de algunos hombres y mujeres valienntes que no tengan miedo a amar.

Hoy el sol vuelve a vestir mis ventanas, hoy es otoño y a esta estación yo la llamo: tiempo de valientes. Tiempo de ponerse bella y de quitarse penas, tiempo de hojas que bailan con el viento. Pero, sobre todo, es el momento de no dejar pasar el tiempo, ese tiempo maravilloso en el que el corazón arde, aunque los pies se queden helados con las sandalias.

Sobre el autor Mar y Cleo

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