La Verdad

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¡Que te vaya bonito!
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Mar y Cleo | 25-10-2015 | 11:13

Todos, y yo incluida, como no podía ser menos, guardamos en lo más profundo de nuestra memoria histórica un adiós, un “ahí te quedas”, que aún no hemos sabido ni podido digerir. Y además se nos atraganta en ese lugar secreto del corazón en el que guardamos pedazos inexplicables de nuestra vida, y que, por más tiempo que pase, ahí sigue, ni para dentro ni para fuera, pero que inexplicablemente nos viene a la cabeza cada vez que alguien nos pide que pensemos un deseo.

De aquel: “¡Bye, bye muñeca!” mío, ha llovido y mucho. De aquel inolvidable amor, ese que fue totalmente imposible e irreconciliable, tan solo me queda un silencio rancio y espeso en el alma. Lo cierto es que gracias a aquel “se acabó”, así, sin más explicaciones y sin derecho a réplica, me levanté cual ave fénix y, como si fuera la heroína de Lo que el viento se llevó, lancé mi voz a los cuatro vientos para que se me  grabara a fuego en mi corazón:

─¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a cruzarme con el que ose dejarme y pretenda decir la última palabra!

Todos sabemos, o quizá no, las miles de razones por las que comienza una bonita historia de amor. Pero no todas llegan a buen puerto, y comienza el tiempo de descuento: porque se nos rompió el amor de tanto usarlo, o porque se me cayó de un sopetón el sueño encantado o porque ocurre algo tan simple como que el amor de mi vida está más en la casa del vecino que en el otro lado de mi cama…

Y ese tiempo de descuento el más espabilado comienza a hacer su mudanza virtual, y los pensamientos se empiezan a esparcir por otros cosmos lejanos, y de pronto es urgente ampliar el espacio unipersonal, y llega el día en el que mi cuerpo está en el sofá, mi mano en el mando de la tele, mis pies se apoyan en tus rodillas, pero mi alma, mi ser, mi este nuevo yo anda ya por otro salón y tumbado en otro sofá. Y como sin querer, sale una voz que suelta aquello de:

─Creo que necesitamos un tiempo, quizá sea mejor que nos distanciemos un poco… Porque esta versión suena mejor que esa otra que dice:

─Lo tengo claro, ahí te quedas, que yo me largo.

Y la otra parte de la parte contratante, alma cándida donde las haya, ni entiende ni sabe, y lo único que se le ocurre es pensar que el trabajo le está agobiando, demasiado estrés, lo mejor es mostrarle mi apoyo. Error. Lo mejor sería que en ese momento se oyera la banda sonora de una ranchera a voz en grito con aquello de:

─¡Que te vaya bonitoooo!

Pues sí, yo desde aquel entonces me niego a ser la pardilla, y en cuanto me huelo que la cosa empieza a chamuscarse comienzo a elaborar una estrategia de huída antes de que sea tarde. Más vale una retirada a tiempo, que una derrota:

─Estoy pensando que no lo tengo claro, y antes de que esto vaya a más creo que sería mejor dejarlo, que yo soy de las que se hace ilusiones y luego sufro mucho si sale mal.

O eso otro tan socorrido:

─Me ha llamado mi ex, quiere que este viernes nos veamos. No sé, en plan amigos, es que nos llevamos muy bien. Me ha parecido que estaba de bajón el pobre, y no le puedo fallar. Tus padres lo entenderán si no voy el fin de semana con vosotros, ¿verdad?

Para casos muy rebeldes y complicados hay un método de emergencia que nunca falla. Es preciso planearlo con tiempo: deja de depilarte, no pises la peluquería en una temporada, intenta que la nevera esté bastante vacía, es decir, con tan solo dos yogures desnatados caducados, un pimiento verde pocho y un trozo de piza sobrante que esté bien reseco. El asedio ha comenzado, y entonces tan solo tienes que conseguir que se rinda, no tendrás que decir nada, tranquila, lo dirá todo él:

─La verdad es que últimamente te veo muy agobiada, creo que te estoy siendo una carga, llevas muchas cosas para adelante, no te preocupes, ya lo tengo pensado, me voy y te dejo sola y así un lío menos que tienes.

Es duro ver terminar una relación, pero más duro es cuando no la ves terminar y otro te adelanta por la izquierda y te echa a la cuneta sin más miramientos. Es triste sentir que una historia que comenzó llena de ilusión, toca a su fin, pero más triste es saber que esa historia se había muerto sin previo aviso. Es doloroso ver que el amor y la ilusión se esfuman, pero el dolor mis lágrimas es insufrible. Nada mejor que desear un: ¡Que te vaya bonito y a mí también!

Sobre el autor Mar y Cleo

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