La Verdad

img
Menos es más, acierto seguro
img
Mar y Cleo | 08-11-2015 | 10:30

Es posible que de vez en cuando a algunas se nos vaya un poco la pinza, se nos caliente la boca o se nos escapen pensamientos feministas que normalmente procuramos mantener a raya. Aunque hay que reconocer que no siempre es cosa de esa vena alterada, que la que más o la que menos tiene en algún momento. Pero no, hoy voy a referirme a esos momentos masculinos que son únicos, estelares, irrepetibles, espontáneos y torpes donde los haya. Sí, esos instantes capaces de sacarnos lo peor de nuestro interior, pero es que a veces, ni queriendo lo bordaríais mejor.

─¡Oye, tú de joven debiste ser guapísima!

A ver, vayamos por partes, porque para ser un piropo, no tiene desperdicio. ¿Me has querido decir que ya no estoy joven? Es decir, que estoy vieja. ¿Me ha parecido entender que de aquella joven guapísima ya solo queda una vieja fea? Puedo comprender que con las prisas de alagarme se te enrede la lengua y te salga esta versión torpe de eso otro que realmente querías decir: ¡Vaya mujer más guapa que eres! Fíjate qué fácil, qué sencillo y qué acierto.

Sigamos dándole vueltas al asunto, porque la cosa no se queda ahí, qué va. Ahora me  toca hablar de los olvidadizos, despistados, cabeza-perdidas o simplemente de los voy-a-mi-puta-bola. Pongamos una situación verosímil, algo tan creíble como una cita sin intención de más, por ese simple gusto de tomarnos un café, charlar, puesta al día y si eso, a lo mejor el café se convierte en cena… Pero vamos, que lo único seguro es el café y punto. Cita propuesta por él, vía mensajes:

─¿El viernes te viene bien? ¡Ah, genial, a mí también! ¿Y una cenita? Bueno, como tú quieras. Pero eso sí, invito yo, que te lo debo. Que sí mujer, por los buenos ratos que siempre me has hecho pasar. Ok, entonces el viernes nos hablamos.

Y el día de la cita llega, y el armario mañanero se abre ante mí y me invita a elegir ese modelito con el que sé que nunca fallo: elegante a la par que sencillo, sexy al tiempo que discreto, ese con el que me siento yo, pero que en cualquier momento me puedo trasformar en mi otra yo. Perfecto, ahora mis tacones, sé que son altos y el café no es hasta la tarde, pero así me voy metiendo en situación. Ya es la hora de comer y aún no he sabido nada de ti. Bueno, habrás estado liado con el trabajo. Te daré un toque simpático, seguro que enseguida me dices algo:

─¿Hoy es viernes?

─Uf, se me había olvidado por completo nuestra cita, y tengo asuntos imposibles de anular. ¿Te viene bien otro día?

Entonces respiro, miro al horizonte, vuelvo a respirar antes de dejar escapar mi instinto de darle una bofetada a alguien, o de wasapear: “Gilipollas”. Ahora ya más relajada me sale mi vena sarcástica, que es mucho más útil y fina que eso de mandar a la mierda a alguien, y pausadamente tecleo en mi móvil:

─No conozco a ningún hombre hasta la fecha que haya olvidado una cita conmigo.

Vamos, resulta que no te acuerdas de que has quedado conmigo y ¿todavía pretendes que te dé otra hora? ¿Pero tú te crees que yo soy la enfermera de tu dentista?

Cambiando de tema, me gustaría, que entendieras entre líneas que si te digo que tengo la tarde ocupada porque voy a la peluquería, te imagines que es como ese ascensor en el que se meten los aspirantes a cantantes de los concursos televisivos. A la pelu se entra así y se sale transformada en una estrella, pero lo que pasa entre medias no es cosa de nadie. Vamos, que no se te ocurra preguntar:

─Que vas, ¿a depilarte?

Pero bueno, esto es increíble, ¿te pregunto yo qué haces cuando te encierras en el baño y tardas siglos en salir? ¿Te pregunto yo cuántas horas dedicas a mirarte al espejo haciendo posturitas, metiendo la barriga e hinchando el pecho para parecerte lo más posible a los que van al gimnasio?

O sea, que cuando yo voy a la peluquería ni me voy a depilar, porque no me hace falta; ni me van a tintar, porque mi pelo es así desde que nací; ni me van a hacer el láser, porque bien sabes tú que no lo necesito; y tampoco me van a planchar el pelo, que eso es una vulgaridad. Simple y llanamente voy a ponerme guapa, y a este escueto resultado es al que debes ceñirte:

─¡Qué guapa estás! Anda, vámonos de copas.

Así que te consejo que cuando te venga a la cabeza uno de esos momentos estelares masculinos, piensa antes de hablar, y si no se te ocurre nada, sonríe. Eso te dará mejor resultado, porque con nosotras sí funciona eso de: menos es más. Pocas palabras y bien colocadas: acierto seguro.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

jcreyna117_1879 01-12-2017 | 10:54 en:
The love of my life!
mesasilla 20-04-2017 | 10:18 en:
MarCleo 19-04-2017 | 12:21 en:
mesasilla 12-04-2017 | 15:57 en:
mesasilla 02-04-2017 | 21:20 en:

Etiquetas

Otros Blogs de Autor