La Verdad

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Es tiempo de querer llegar
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Mar y Cleo | 13-12-2015 | 09:55

Desde que hace años se me saltaron las lágrimas con la famosa melodía del anuncio de “¡Vuelve a casa, vuelve… por Navidad!”, tengo que confesar que ahora prefiero que las lágrimas solo se me salten por algún que otro ataque de risa, porque mira que me gusta reír y si río, lo hago hasta llorar, y si se me corre el rímel, aún me da más risa.

Después de una larga temporada con los ojos secos, con las sensaciones escondidas, algo se mueve dentro de mí, y no sé si es amor, cariño o ternura, pero qué quieres que te diga, que en estas fechas las emociones brotan como si estuvieran llenas de burbujas chisporroteantes y no hay quien las contenga.

Y es que esto del espíritu navideño me juega las mismas pasadas todos los años, porque me da por echar de menos a quien no está. Claro que con este trasiego entre los que vuelven, los que se van, los que no se van pero parece que sí lo hubieran hecho, con los que se quedan pero no consigues nunca citarte para un turrón juntos y con los que no están pero que a pesar de todo sé que de mi corazón no se han ido nunca porque, vuelvan o no, dejaron un hueco que no puede ocupar nadie más.

Hoy he salido a caminar, a oler el humo de las chimeneas, a dejar que la Navidad me llene el corazón en lugar de rebosar las cartucheras y, de pronto, noto que no voy sola, tu voz da vueltas por mi cabecita, como tantas otras veces cuando la caminata la hacíamos juntos. Y yo, que en cuanto puedo me tiro a la calle para que estos caminos me lleven a encontrarme entre el sonido de mis pasos y a dejarme vibrar con el latido de mi corazón, pues oye, que hoy no hay manera, que no consigo quedarme sola, por más que quiero me rondas en la cabeza. Pero si hasta incluso parece que escucho tu voz. Y me cuentas tus planes y yo te siento, y sin dejarte terminar, empiezo a relatarte los míos y no sé si me oyes o no, porque andas con la mirada perdida en mi escote, y me enfado y me río a la vez, porque en el fondo, me encanta sentirme mujer con tus ojos en mis fantasías.

Y sigo mi paseo, ¿será posible que enredada entre tus cosas me colaras en tu maleta? Y sigo mi camino, un pie tras otro y siempre hacia delante. Me cruzo con gente que corre, con quienes van perdidos en las ondas de su teléfono, casi tan perdidos como yo entre mis recuerdos. Lo cierto es que da igual dónde estemos en cada momento, hay personas que saben envolverte, que se cuelan entre las cosas y, cuando menos te lo esperas, hueles su perfume como si lo tuvieras al lado.

Por eso, estos días, mis sentimientos se cruzan y te echo de menos, pero yo no quiero ni penas ni lágrimas de nostalgia. Lo cierto es que todo sigue igual que lo dejaste, no vaya a ser que cuando vuelvas te notes raro si no lo encuentras y, por descontado, mi sonrisa, mi cariño y mis abrazos aquí están dispuestos para repartirlos sin recortes, que de eso ando yo más que sobrada, ¡y que no me entere yo de que te quedas con las ganas!

Se me enciende el móvil. ¿Y si es una de esas felicitaciones horteras que me inundan la galería por estas fechas? Sigo mi camino, me encanta disfrutar de estos paseos, tan abrigadita con mi bufanda y mis guantes, con mi cabeza en todas partes y en ningún sitio en particular, contigo y sin ti. Es curioso, desde que te fuiste me he dado cuenta de que no somos tú y yo, somos nosotros, y eso me gusta. Y leo:

”Enciende la chimenea. Calienta la olla. Coloca los turrones y los polvorones. Compra castañas. Pon sábanas limpias. No se lo cuentes a nadie. Otra vez aquí, contigo”.

Y por qué no. De vez en cuando no hay que guiar nuestros pasos, de vez en cuando hay que dejar que ellos nos lleven. El camino de retorno se me antoja diferente, mis pies no andan, flotan. Y me digo: por fin, otra vez juntos.

Me doy un baño calentito y dejo que las sales disuelvan el miedo al amor y me perfumen cada poro de mi piel. Huelo a calor de hogar, me pinto el alma con purpurina, no falla, los que te quieren te buscan, aunque sea con billetes de ida y vuelta, o quizá porque realmente nunca se fueron.

Los sueños, al igual que las emociones, vuelven a casa, vuelven siempre por Navidad. Que es tiempo de viajes, de estrellas de Oriente, de atascos en las carreteras, que es tiempo de querer llegar.

Sobre el autor Mar y Cleo

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