La Verdad

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Brillan todas las estrellas de la Navidad
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Mar y Cleo | 26-12-2015 | 10:47

Desde ayer estoy tirada en el sofá, pero reconozco que esto que me pasa es por mi culpa, por intensa, por festera, por marchosa, por incansable y, sobre todo, por follonera. ¡Qué le voy a hacer si a mí una juerga me gusta más que a nadie! Y además, digo yo, qué sería de una Navidad sin saraos, risas, prisas, comilonas y mantecados. Pues eso, sería un aburrimiento y me niego, porque yo desde que era pequeña estas fechas las he vivido siempre de forma especial y ahora me he propuesto que sigan siendo tan especiales, lo tengo claro, como a algún desalmado de estos políticos modernos se le ocurra borrarlas del calendario ¡se va a ver conmigo las caras!
Hay veces que aún no han puesto las luces en las calles, ni han adornado los escaparates con bolitas y luces, y yo me noto ya un cuerpo de pandereta… que no hay quién me pare. Porque claro, entre las cenas de Navidad, que cada año me apunto a más; el maldito amigo invisible, que cada vez es menos invisible y más picarón; y los líos que me mete mi familia con el rollo ese de que yo soy la más divertida de todos, pues la cosa es que esto es la locura, y salgo de compras, y canto villancicos por donde paso, y me visto de mamá Noel sexy con las amigas…
Pues eso, que cuando por fin llega la cena de Nochebuena qué me pasa, que estoy para el arrastre, los tacones ya no me sujetan, la barriga me duele de las agujetas que tengo de las dos semanas que llevo riéndome sin parar.
Pero es curioso, a pesar de todo, mis ojos siguen llenos de chispas, llenos de estrellas de oriente, llenos de esa ilusión de cuando era pequeña y mi padre me anudaba bien fuerte la bufanda, me guiñaba un ojo, me cogía de la mano y nos escapábamos a ver las luces de colorines de las calles, y yo me pegaba a los cristales de los escaparates para elegir bien todo lo que le iba a pedir a los Reyes Magos y como me encantaba llenarlos de vaho luego yo, con mi pequeño dedito, dibuja corazones sobre el cristal. Y entonces mi padre me ponía un cucurucho de castañas bien calentitas entre las manos, y nos las comíamos por el camino, de bar en bar, de abrazo en abrazo, porque todos estábamos en las mismas calles y a todos nos daba mucho gusto besarnos, achucharnos, desearnos felices fiestas, y a mí, los amigos de mi padre, me soltaban unas monedillas por el aguinaldo y a mí me encantaba cantar aquello de los peces en el río, del chocolatillo y de los pastorcillos… Y cuando volvíamos a casa reventados de tanta caminata y de tantas emociones, abríamos la puerta y toda la casa olía a Navidad, las luces del belén parpadeando, la cristalería y la vajilla elegante lucía en la mesa del comedor sobre la mejor mantelería y mi madre, muerta de cansada de tanto preparativo, pero más guapa que nunca nos abrazaba con tanto tanto cariño que yo no me desapretaba de su abrazo hasta el año siguiente por estas fechas.
Y aquí sigo tirada, muerta matá en mi sofá, si es que a veces me creo que aún soy una chiquilla,  ayer estuve con la zambomba y la pandereta hasta no dejar un polvorón en la bandeja de turrones de mi madre. Pero eso no es lo malo, quisiera saber a ver de dónde saco yo ahora fuerzas para seguir, porque claro, esto no acaba aquí, qué va, que enseguida tenemos la Nochevieja y otra vez la juerga, y venga a reír, a bailar, a subirme a los tacones, a no dormir, al jiji y al jaja. Pues más me vale recuperarme, y pronto, que no vaya una lengua deslenguada a decir por ahí que ya no estoy para nada, me niego a ser la primera en retirarme, y cuando ese día llegue, una de dos, o es que estoy ya mayor, y para eso aún queda y mucho, o es que he ligado con el mejor de la fiesta y me lo llevo a seguir la noche en mis cuarteles de invierno.
Yo por ahora voy a tomarme el día con calma, nada de esfuerzos, sofing a tope, lo máximo va a ser mover el dedo para cambiar de canal con el mando, hoy los tacones están de jornada sabática y, muy importante, el mínimo de calorías al cuerpo, que a esto aún le falta y luego habrá que ver si lo único que va ser de mi talla van a ser las bufandas y los guantes. Pero eso sí, por muy cansada que esté hoy, el brillo de mis ojos sigue lleno de alegría, de ilusión y de amor, porque en mis ojos brillan todas las estrellas de la Navidad.

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