La Verdad

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Este año sí que sí
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Mar y Cleo | 10-01-2016 | 11:49

Quiera o no quiera enero es un mes de lo más predecible. Por mucho que yo me empeñe en hacerme la moderna y publicar a los cuatro vientos que a mí lo que me va es lo cool, lo cierto es que al final caigo y no puedo evitar dejarme arrastrar por las rebajas, cerrar los ojos al subirme a la báscula y jurar en arameo cuando la pantalla anuncia que ahora sí que me ha tocado el gordo de la lotería, tener que esconder la tarjeta de crédito en un cajón y tirar la llave al río y hacer mi lista de propósitos que sé que no voy a cumplir y darme cuenta de que esto no puede seguir así, a sabiendas de que un año más sí que va a seguir siendo así, porque no me queda ni una pizca de voluntad, me la gasté toda en el pasado mes de enero y por lo que se ve es una especie en extinción.

─¿Son remordimientos de gastar, comer y pensar más de lo planeado?─ me dice Pepito Grillo cuando cierro los ojos intentando esconderme de la realidad.

─Llámalo como quieras: remordimientos, arrepentimientos, desasosiegos o ¡a la mierda con todo!

Aunque hago que no me oigo, ese runrún está dale que te pego, me sigue y me persigue ¡qué horror! ¿Y sabes qué? Que la culpa la tengo yo, porque no puedo estar siempre en lucha, esta guerrilla mía me acosa y me atosiga, decididamente me quita la paz. Y yo que me conozco, sé que como no esté tranquila se me va la pinza… y se lía y se arma el acabose.

Ya está, decidido, este año sí que sí. No pienso dejar que nada ni nadie se me interponga entre yo y mi felicidad. Dicho así suena de perlas, pero claro, esto hay que organizarlo, que luego me enredo y ya sé yo dónde terminan mis buenos propósitos.

Lo primero y principal es que nunca, pase lo que pase, perderé de vista mi objetivo: quiero ser feliz, hasta el infinito y más allá. Pero no a cualquier precio, qué va, porque mi felicidad vale tanto tanto, que es imposible ponerle precio, así que si hay por ahí algún incauto que cree que me va a engatusar y beneficiarse a costa mía… ¡lo lleva claro, vamos, que ni lo intente!

Ahora ya sí, lo mejor de todo es tomarme las cosas con calma, nada de prisas ni estrés, esta nueva religión mía me lo prohíbe y no soy yo la que va a faltar a mi palabra. Pero claro, esto no quiere decir que la tranquilidad me vaya a apoltronar en un sillón y estar ahí todo el día comiéndome la cabeza. Porque digo yo, que puesta a comer, me como el mundo y de un bocado, que es bajo en calorías y rico en vitaminas de la vida y antioxidantes revitalizantes.

Desde siempre he querido hacer cosas disparatadas, y ¿qué paso con ellas? Primero me lo prohibieron en el cole, después mi padre me lo desaconsejó si es que quería hacer algo en serio con mi vida, a continuación llegaron los “nunca es el momento”, siempre había algo o alguien más importante que se interponía entre yo y mis ilusiones. Y por último, creo que tiré la toalla, empecé a ponerme barreras y a pensar que ya total, para qué. Pues ya sé para qué lo quiero: para sentirme viva, para que nunca me arrepienta de lo que no hice y para que siempre me sienta orgullosa de mí por realizar y amar todos mis sueños.

Pero no van a ser siempre días a lo Juana de Arco, porque también quiero portarme un poco mal, bueno un poco o un mucho, ya veremos… Pero seguro seguro que me lo voy a pasar bien siendo un poco traviesa y, si noto que alguien me mira con cara de que me he vuelto una niña mala, esa será una señal inequívoca de que mi proyecto de felicidad va por muy buen camino.

¡Aquí me tienes año nuevo! Pienso dejarme despeinar todo lo que pueda porque no sé de nada que alborote el pelo y que no sea placentero o esté prohibido, lo tengo comprobado, desde aquí que reto a quién quiera demostrarme lo contrario… que ya me ocuparé yo de despeinarle.

Así visto, la cosa no es como para perder ni una sola oportunidad, porque lo curioso es que de lo de ayer ya ni me acuerdo y de mañana no pienso preocuparme ni una pizca… Yo quiero sentir el ahora, mi sonrisa y ese abrazo nuestro con el que me cortas el resuello.

¡Que la vida es muy corta para quedarme con las ganas de nada! ¡Que la vida es muy larga para ir descalza sin mis tacones y mal acompañada! ¡Que la vida es demasiado bella para que en mis ojos deje de brillar un solo segundo la felicidad!

Sobre el autor Mar y Cleo

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