La Verdad

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Sí, tienes novio
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Mar y Cleo | 17-01-2016 | 11:09

Hace poco me encontré con una amiga después de mucho tiempo sin vernos, y reconozco que de vez en cuando deberíamos de dejar de vernos las amigas porque estos reencuentros son una gozada. No hay nada comparable al momento: “Puesta al día”, porque lo mismo nos da hablar de líos de trabajo que de aquella otra que parece que fue casarse y que se la tragara el mundo, ¿la habrán secuestrado o solamente se habrá casado?

Pero el minuto de máxima expectación es cuando llega el tercer grado sobre cuestiones amoroso-sexuales. Porque claro, a las amigas-amigas no se les puede andar con rollos y circunloquios inconclusos como a una madre preguntona, qué va, a una camarada de juergas es imposible engañarla, aún nos queda en la memoria histórica compartida las miles de risas, lágrimas y noches hablando y hablando y volviendo a hablar de este, del otro, de aquel, de mi vecino, de tu primo y del compi de la facultad… ¡Como para intentar colarle una mentirijilla! ¡Pero si solo con mirarnos a la cara sabemos cómo andamos las dos en el asunto amoroso-erótico-festivo!

Y cuando ya no me queda nada más por saber me lanzo, porque estoy deseando saberlo todo:

─¿Tienes novio?

Después de un silencio, sonríe y no muy convencida y me responde:

─Creo que sí.

¡Creo que sí! ¿Y esto cómo se come? Quizá no ande mi amiga tan desencaminada, porque a ver quién es la lista que es capaz de saber con certeza cuando el tío que nos gusta asciende al grado de pretendiente.

─Si sus whatsapp son solo de fines de semana y un rato antes de salir… no pinta muy bien la cosa, quizá seas tan solo la opción B, cuando la opción A del sábado-noche le ha fallado.

Entonces ya me quedo más tranquila, porque últimamente me manda mensajes entre semana ¡y al mediodía! ¿Será que esto es lo que hacen los pretendientes cuando quieren pasar a algo más que a simples aspirantes? Yo por si a caso le contesto sus mensajes, pero a las dos horas de recibirlos, no vaya a pensar que estoy desesperada y acierte.

Claro que hay algunos que tras superar duras pruebas con mis amigas por fin ya han alcanzado el nivel de pronovios, que es lo más cercano a novio, pero ni por asomo es un prometido, que eso ya son palabras mayores. Este escalafón de pronovio es de lo más peligroso, porque aunque un día se deje su cepillo de dientes en mi baño, hay que tener claro que eso no significa que sea el único cepillo de dientes que ande disperso por su territorio comanche. Ahora, que entonces también es posible que yo también tenga algún que otro camisón disperso y a la espera de ser o no recogido, ya veremos.

¿Pero en qué se diferencia entonces un novio de un prometido? Fácil, cuando es novio, significa que los domingos aún puedo quedar con las amigas para comer sin tener que dar explicaciones a nadie de por qué no voy a comer a casa de los padres de mi chico. Ahora que como la cosa vaya a más y un día de pronto su hermana o su madre me agregue al grupo de whatsapp de la familia, ¡cuidado, que de ahí al altar ya no queda nada de nada! Irremediablemente he entrado a formar parte de las redes sociales intrafamiliares y a ver quién es la atrevida que no le da a aceptar a la solicitud de amistad del facebook de la futura suegra… Se acabaron las fotos locas y atrevidas, y desde ahora solo me podré etiquetar en los post de psicología de autoayuda, que es lo único de mi face que no hace sonrojar.

─¿Y cómo saber que ese al que tú presentas como prometido también coincide contigo en tus proyectos de boda?─ le pregunto a una de mis amigas que está ya en capilla a punto del sí, quiero.

─Hay una prueba irrefutable. Me di cuenta el día que dejé de cerrar la puerta del cuarto de baño, ahí supe que habíamos dado un gran paso en nuestro compromiso, pero el momento definitivo es cuando me lancé ym sin que me diera corte, le pedí que me comprara una caja de tampax. Y él, ni corto ni perezoso, fue y sin rechistar me los trajo. Me demostró que siempre estaría a mi lado cuando más lo necesitara.

Está claro que de pretendiente a novio hay un largo trecho, también está claro que cada una tiene su momento en la vida para decidir que ha llegado ese instante en el que tener compañero no es una mala idea. Y a mi amiga, que me miraba con cara expectante, le dije:

─Si tan solo con decir a los cuatro vientos su nombre sientes que tu sonrisa se agranda, te revolotean cosquillas por la barriga, entonces… Sí, tienes novio.

Sobre el autor Mar y Cleo

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