La Verdad

img
El otro lado de mi cama
img
Mar y Cleo | 24-01-2016 | 12:20

En la vida hay muchas situaciones placenteras por excelencia, cada uno tiene y se adueña de las suyas, en mi caso es un masaje de arriba abajo y de lado a lado, entonces reconozco que me entrego y hasta, increíblemente, puedo llegar a decir: “Haz conmigo lo que quieras”. Aunque para mí hay otro placer que ocupa un segundo puesto, es ese instante en el que tras acostumbrarme a habitar una parcela unipersonal de mi cama, porque la otra porción del colchón está ocupada, y cuando ya me había conformado con ese metro escaso y raquítico que me había tocado en el reparto, llega el día en que, sin darme cuenta, estiro tímidamente una pierna, y cuál es mi sorpresa que no me topo con ninguna extremidad peluda, y la despliego un poco más con temor a que solo sea un espejismo, pero la realidad se impone, es cierto: ¡¡La cama enterita es para mí!! Ese día se convierte en un grito a lo Nino Bravo:

─¡Libreee, como el sol cuando amanece, yo soy libreee…!, y me lo creo.

Y con ese cuerpo de aventurera me lanzo a la vida. De pronto me doy cuenta que hoy no tengo que volver a ninguna hora deprisa y corriendo, simplemente porque hoy tú no vienes a comer, y además me llama una amiga y me propone plan de chicas con nocturnidad incluida e, increíblemente, no necesito consensuarlo ni con mi propio yo ni con nadie, total, esta noche en casa no me esperan… ¡Tu viaje de negocios es mi pasaporte a los mundos de Yupi!

Como en mis viejos tiempos descubro lo bien que se me da transformar un miércoles insulso en un sábado-noche intenso, con una chispa de ganas y un par de amigas que me sigan el rollo, está hecho. Vuelvo a vivir aquella sensación de llegar al trabajo por la mañana la mar de espitosa porque aún me dura el subidón de vanidad de la noche anterior, pero pasado el mediodía el bajón me espera agazapado, me queda intentar sujetarme en lo alto de los tacones a base de cafés, porque las tres horas escasas que he dormido y los años que ya he cumplido pasan factura… ya veremos cómo logro superar la juerga que me he corrido.

Por fin consigo tirarme al sofá, la cabeza me da vueltas, no hay nada peor que mezclar falta de sueño con cruce de sensaciones merodeando del cerebro al corazón y viceversa, a ver quién de los dos la lía más.

Y cierro los ojos, todavía tengo esa sonrisa picarona que se me puso ayer cuando me arreglé para salir con mis amigas a quemar todos los bares. Se pasean por mi mente las miles de horas de risas, viajes e historias vividas con ellas en otros tiempos, y de pronto, como si una niña mala me hablara por dentro, me empiezo a comer la cabeza, ¿echaré de menos aquella vida loca? Y me acuerdo de la sensación que tuve esta mañana al estirarme todo lo que pude en la cama reconquistando el reino de esos metros cuadrados de colchón cedidos… Y me pregunto:

─¿El reinado de las maravillas de Alicia por un: te voy a dejar? ¿Así, sin más?

Y de pronto mi móvil ronronea, y sobre la pantalla apareces tú, tu sonrisa y tus ojos en un selfie sujetando un cartel que dice: “Guapa, te echo de menos”. Y a mí me da un vuelco el corazón, de un sopetón se me pasa el sueño, el cansancio y se me remueve todo por dentro. Y me doy cuenta de que estoy contando los días para que vuelvas, me parecen infinitos. Lo reconozco, también te echo de menos, mucho más de lo que puedo sujetarme.

Mi móvil vuelve a hacer ruiditos sospechosos… ¡no me lo puedo creer! ¡Pero estas chicas son incansables! Antes de lo que me imagino, me veo tirada en la cama luchando con la cremallera de mis vaqueros de niña alegre, y en un zas ya estoy subida a los tacones. ¡Más madera!

No sé muy bien cómo ha pasado, pero hoy ya no es ayer. Creo que hace rato que amaneció, y mi cabeza y mi cuerpo están para pocas decisiones, pero me parece que anoche decidí que me voy a tomar una temporada sabática contigo.

Y de pronto, estiro una pierna y me asusto, mi cama se ha hecho enorme, alargo el brazo y la almohada está fría y callada. Se me encoge el corazón. Mi mente ni sabe ni puede, tan solo escucho un corazón solitario, el mío, y siento un silencio desconfiado que me grita. El temido frío de las noches de farándula y frivolidad ha invadido todo tu lado de la cama sin permiso. Mi corazón, que es el más listo, no me deja dejarte, aún quiere seguir latiendo al compás del tuyo y mi piel aquí está, esperando tu calor.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor