La Verdad

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Consejos de mi corazón enamorado
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Mar y Cleo | 31-01-2016 | 18:18

Es curioso, hace poco he vivido una situación personal que me ha hecho darme cuenta de que tengo más amigos de los que me pensaba y de que no tengo algunos de los que yo contaba. Mientras mi vida fluía por lo predecible no noté estos pequeños detalles, pero ahora sí, ya tengo claro quiénes son amigos, quiénes se merecen la categoría de enemigos, que de esos también quiero tener porque me dan vidilla, y por último, quiénes son los arrimados, los que van “a su bola”, a esos que les vayan dando. Pues sí, mis amigos sois pocos, pero escogidos; sois los que sin estar, estáis; sois los que escucháis, pero también me zarandeáis las ideas cuando se me atascan obstruyéndome la razón.

Y en uno de esos desatinos míos estaba cuando una amiga me dice:

─Deberías hablar con ella o mandarle un mensaje. Lo está pasando mal, mira que la vida es muy larga y, con el tiempo, te pueden dar remordimientos no haberlo hecho.

Y le hice caso, y mandé el mensaje, y me lo agradeció, y mi runrún interior me felicitó por haber hecho lo correcto y yo le di las gracias a mi amiga por hacer de amiga.

─Las amigas estamos para estas cosas. Bueno, para estas y también para ver lo feo que es el novio de la otra, reírte a escondidas, pero hacerle ver que un novio guapo le no le hará feliz, le pondría los cuernos, fijo.

Lo cierto es que algunas veces no termino yo de valerme por mí sola cuando tengo que tomar decisiones transcendentales, en estos casos me pongo nerviosa: un día tengo clarísimo que no, pero al día siguiente tengo igual de clarísimo que sí. Y así no hay manera. Llegado el momento, lo mejor es buscarse un consejero, un confidente, un alma libre de dudas e incertidumbres, o sea, cualquiera menos yo. Reconozco que en esta elección de asesor personal a veces hago trampas, porque si la duda está entre salir de juerga hasta las tantas o quedarme en casa viendo la tele, no se me ocurre ni de broma llamar a mi madre, mejor se lo pregunto a mi prima y así de paso me da alguna dirección de los garitos más fashion.

El tema que más vueltas me da y el que más tiempo me roba es, por excelencia, esa infinitas dudas amorosas mías. Ya sé que no tienen sentido, las mires por donde las mires, pero yo se lo busco, aunque con poco éxito. Porque a ver quién es el guapo que es capaz de pasar página, así, como si no hubiera sucedido:

─Conozco a uno, me mola, noto que le molo, me pide el teléfono, se lo doy y él también. La noche se acaba, paseamos hasta mi coche con beso robado y picarón de despedida, cada uno a su casa, cada uno a su cama, y cada uno a mirar su móvil por si estaba en silencio, no sea que no me diera cuenta del pitido con algún mensaje de buenas noches princesa…

─¿Qué hago, lo llamo?

─Ni se te ocurra, a ver si se va a creer que estás desesperada. Nunca vayas detrás de un hombre, que vengan ellos.

Y así estoy desde entonces, siguiendo los consejos de mi amiga. Aquí, agarrada al sillón para no salir en su busca, suspirando y mirando el teléfono cada cinco minutos por si al fin él ha decidido correr detrás de mí.

En otra casa y en un sofá distinto está él, con su mejor amigo al lado. Le ha contado ya una docena de veces lo guapa, graciosa, elegante, inteligente, chistosa, culta y marchosa que soy. Vamos que se ha enamorado perdidamente de mí. Que está loco por llamarme y quedar conmigo.

─¿Pero estás chiflado? ¡Ni se te ocurra! ¿Es que quieres agobiarla? Eso a las tías no les gusta. Nada de ir detrás de ella, hazme caso. Las chicas de hoy son muy independientes. Si le has gustado, ella te llama, seguro. ¡Mira que yo de esto sé mucho!

Y así estamos los dos, como los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él. Vaya par de amigos expertos, ¡ya me gustaría a mí saber si estos consejitos de revista súper-pop que nos están dando los usarían para ellos! ¿Pero en qué universidad del amor se han graduado estos dos? Me temo que a esta amiga-asesora que me he buscado la voy a reubicar en otra sección, la de amigas-envidiosas: esas que disfrutan con mi derrota, por falta de sus propios éxitos.

Decidido, quiero vivir, quiero ser la que soy, ¿acaso hay algo más bonito que eso? Pero ¿y si después…? ¡Qué más da el después! Y entonces…:

“Hola, soy yo. Aún siento tu beso en mis labios”.

“Yo también, porque yo aún sigo besándote. En 20 minutos te recojo”.

Lo tengo claro, el mejor consejero y amigo para las cosillas no es otro que mi corazón enamorado.

Sobre el autor Mar y Cleo

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