La Verdad

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Plan renove
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Mar y Cleo | 28-02-2016 | 10:26

Y de pronto se inventó la comida basura, y dejamos de cocinar durante horas y nos fuimos todos como locos a consumir y, de paso, a engordar. Y después llegó la moda de la “New collection”, y cada 15 días renovando percheros y nosotros también cayendo en la tentación de comprarnos modelitos antes, en y después de cada temporada. Y lo que ya es el no va más, ha sido el darnos cuenta de que podemos cansarnos de la decoración de nuestras casas porque nada nos impide coger el próximo sábado y cargar con un comedor, un dormitorio y una cocina en un carro y llevárnoslo a casa, pero eso sí, todo desmontado…

Aún me veo allí, mirando el maletero del coche repleto de paquetes llenos de piezas de mesas, sillas, tableros… Y me pongo a sacarlos, y tiro del primer tablero y que no se mueve, sigo tirando y poniendo todo tipo de posturas a cuál de ellas más ridícula, y nada. ¿Pero si yo lo he metido aquí porque ahora no lo puedo sacar? Te juro que por mí aún seguirían en mi coche, pero al final siempre hay algún alma caritativa que acaba echándome una mano o más bien dos brazos llenos de músculos…

Y es que estamos en un mundo donde todo es perecedero e intercambiable, pero a mí aún me resuena aquello que decía mi abuela cada vez que compraba algo: “Es de excelente calidad, es para toda la vida”. ¿Realmente alguien quiere que la ropa del chino subsista toda una vida? Si es que ya lo cantaba Rocío Jurado:

“Jamás duró una camiseta del chino dos primaverassss”.

La verdad es que hay cosas que es mejor que no perduren más allá de la ilusión de los primeros fuegos artificiales, porque cuando viven más del tiempo previsto, huelen mal. En estos casos es preferible que lleven acoplados una aplicación explosiva y llegado su momento, se autodestruyan. Se me ocurre que a algún grupo de whatsapp más le valdría que se fuera autodestruyendo.

En el fondo, reconozco que a más de uno nos ha venido muy requetebién eso de que por tres perras podamos amueblar nuestro nido de amor y estrenar un nuevo look doméstico, para esas veces que el nidito se transforma en trinchera, en ese final en el que tú te vas a Boston y yo a California, pues arrivederci y punto. Y llegado el reparto en partes iguales, está claro que no vamos a discutir por una mesa que tardé más en atornillarla y en ponerla en pie, que en disfrutarla, y total, ¿acaso voy a pelearme contigo por un tablero con patas del tres al cuarto y que cuando me dé la gana me compró yo cinco como esa? Pues para ti y punto. Y además, si la cosa se complica, pues nada, nos tiramos la vajilla a la cabeza, sí, esa que compramos de oferta en el outlet del Mercachino de mi barrio. Puede que así no nos vayamos a reconciliar, pero desde luego, con rabia interior no nos vamos a quedar, qué va. Y si luego nos arreglamos, pues ale, a por una vajilla nueva y a volver a empezar, que la cosa también tiene su morbo.

A mí me da igual si mi ropa no aguanta dos temporadas, me trae sin cuidado que de vez en cuando nos dé el ataque y decidamos hacer plan renove con todo lo que nos rodea, hasta creo que me hace bien cambiar de aires porque me abre la mente y me refresca las ilusiones.

Me niego a pensar que todo es reciclable, no pienso poner a subasta a ni uno solo de mis amigos del alma, cada uno de ellos ha estado a mi lado en miles de momentos, porque he reído, he cantado y he volado por los caminos de mi vida de su mano y no voy a soltársela porque alguien haya inventado eso de usar y tirar, ¿es que acaso una gran amiga es un clínex?

Sí, hay que reconocerlo, tengo la plena convicción de que, tarde o temprano, a todos nos llega el amor de nuestra vida, ese para el que nos hemos estado preparando, ese por el que hemos aguantado un puñado de fracasos con paciencia porque sabíamos que al final del camino nos esperaba este pedazo de premio. ¿Alguien cree de verdad que después de encontrarlo, yo sería capaz de deshacerme de él con el mismo desdén que hago limpieza en mi cajón de camisetas?

Pues eso, que en este mundo de promesas perecederas, de redes sociales efímeras y de relaciones provisionales, yo me declaro una ferviente defensora del para siempre, porque sí, porque mis sentimientos son tan de verdad que aguantarán todas las primaveras que vengan, porque mis te quieros no se caducan y porque mi amor es de los de para toda la vida, al menos hasta que cambie de vida.

Sobre el autor Mar y Cleo

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