La Verdad

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Blanco y en botella
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Mar y Cleo | 06-03-2016 | 11:18

No es que me las quiera dar de lista, o a lo mejor sí, pero es que de verdad hay veces que pienso que no hace falta sacarse tres carreras en Oxford para ir por la vida sin toparse a trompicones a cada paso. Vale, lo reconozco, sé que se me da de perlas entrar en un garito, dar un repaso al horizonte, y en el mismo instante saber si va o no merecer la pena quedarse, o si es mejor batirse en retirada antes de que el pavo de la esquina del fondo se acuerde de que la última vez que me tiró los tejos yo me dejé querer, pero que al final al que le di mi número de móvil fue al que estaba al otro lado de la barra.

Tengo un amigo que dice que soy muy intuitiva, vamos, que tengo poderes tipo vidente, y yo no estoy de acuerdo, porque para algunas cosas es tan sencillo como aplicar lo de “blanco y en botella”, si es que no falla. Más que ser vidente, es que es evidente.

─Lo noto últimamente un poco ausente, canta canciones que no le conocía, después de usar 20 años la misma colonia ha venido a casa con un perfume nuevo… Y lo más raro de todo es que igual un día le da por hacerme el salto del tigre, como si fuéramos novios, y al día siguiente no quiere ni que me acerque─ me cuenta mi compañera del trabajo, esa que cuando un viernes llego con ojeras, lo único que piensa es que debo estar cayendo con la gripe… ¡Qué inocencia, le tengo más cariño a mi compi, es que es única!

─A ver, demos un repaso: acaba de cumplir 50 años, cada día tiene más reuniones y los fines de semana anda un poco escurridizo… ¿Quieres de verdad saberlo?

No tuve que darle a mi colega el veredicto final, esa misma semana la vida misma se lo puso en bandeja y me temo que en ese momento dejó aparcada su inocencia, mientras que el cincuentón se quedó con cara de “me han pillado” y echando cuentas de lo caro que le había salido redescubrir que aún le quedaba fuelle en la recamara.

Hay quien confunde la astucia con la sabiduría, y es un error. Siendo sabia lo más seguro es que también sea un poco aburrida y que, probablemente, no llegue muy lejos. Pero en cambio, sabiendo un poquito menos, pero estando al quite de todo lo que me pasa por delante, no se me escapa nada.

Como aquella vez que fui a una conferencia aburridísima y en lo único que me fijé, pero además obsesivamente, fue en la corbata del moderador y mi asociación de ideas empezó a elucubrar: alguien que lleva una corbata así, además de ser un pez gordo de algún sitio, obligatoriamente tiene suficiente vanidad como para caer en mi trampa. Al terminar me acerqué a él, le miré fijamente y le solté lo siguiente:

─Estoy muy disgustada con usted…─lógicamente se quedó sin aliento ante mi saludo, bueno sin aliento y sin palabras, pero lleno de intriga.

Entonces me acerqué un poco más, suavemente le rocé su corbata y le dije:

─Y la culpa de todo la tiene esta corbata. Así vestido es imposible escuchar o atender cualquier otra cosa, por interesante que sea. Me gustaría saber qué tipo de hombre es el que es capaz de lucir tan elegante y tan atractivo y todo con tanta naturalidad… Pretender que yo haya atendido a la conferencia ha sido todo un reto incapaz de superar. Vamos, que no me he enterado de nada de lo que han dicho.

Tan solo contaré que el resto de la velada la pasamos juntos. Compartí mesa y mantel con él y con el resto de los conferenciantes y, desde aquel día, una parte de mi sueldo proviene de los contactos que salieron de aquella maravillosa cena. ¿Sabia o astuta? Yo lo tengo claro.

Pues con lo espabilada que parezco he de aceptar que no consigo graduarme con nota en ese peliagudo asunto de apuntar poniendo el ojo y poniendo la bala. O sí, según cómo se mire. Si es que no fallo, como a mí se me ponga en la cabeza uno entre un montón, al final resulta que de todos los que había para elegir, voy y me llevo al menos recomendable, al más golfo y al que me la hace tarde o temprano. Pero si esto hubiera sido solo una vez, ya me conformaría, ¡anda que hay cada uno… vamos, que son lo mejorcito de cada casa!

No es que quiera ir de lista, pero la cuestión es poner a un lado los aciertos y al otro los errores, y si voy a volver a equivocarme, nunca repetir de error. Por lo demás, la vida es una auténtica aventura llena de videncias y evidencias dignas de disfrutar sin límite.

Sobre el autor Mar y Cleo

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