La Verdad

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En este lado y en el otro
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Mar y Cleo | 13-03-2016 | 09:27

Cuando por fin damos el salto en la vida y pasamos de la juventud a la madurez, nos esperan otras novedades: nuestra primera tarjeta de crédito, por fin mi independencia transita sobre mis propias cuatro ruedas y ya no necesito que me recojan o me lleven… Pero si de verdad hay algo que nos va a hacer pensar, disfrutar y creernos que ya somos adultos es cuando dejamos la cama de 90 y finalmente tenemos una de esas grandes en propiedad, una cama de las que si me pongo en diagonal aún me sobra colchón por todos lados.

Ese maravilloso trofeo que la vida un día me puso delante y me escrituró a mi nombre, fue mi propia cama kingsize. He de admitir que también aprendí con el tiempo que ese espacio también puede ser un arma de doble filo y de lo más peligroso. ¿O es que no es verdad que la cama es un importante foco de emociones? Muchas son preciosas, pero hay también de las otras, porque a ver quién es el guapo que no ha entrado un día a una cama y ha salido al día siguiente igual que entró, o si me apuras, hasta peor.

Si está vacía, malo, porque de pronto me encuentro ahí sola resola, y venga a hacerse grande, ¡si hasta parece que ha crecido de ayer a hoy! El bajón está asegurado. Pero aún es peor si resulta que no me puedo quejar, porque vale, lo acepto, hay quien ronca a mi lado, las sábanas ya están calentitas cuando me acuesto y los pies ya no se me quedan fríos, pero de lo otro qué, pues que nada de nada o peor que peor, ¿y ahora qué? Siempre nos quedarán los largos silencios, los cruces de horarios para levantarte tú y acostarme yo. Vamos, que es una penita que la conquista de la madurez de cualquiera en forma de cama grande termine en un pacto de silencio exento de la hormona de la pasión.

Pero una cama tiene dos lados, una cama tiene dos versiones de la vida, una cama nos invita o nos disuade, en una cama se puede entrar por derecho o por la puerta de atrás, en una cama puedo hacer el amor o puedo disfrutar del sexo. Cada lado tiene su sexapeal, y no hay nada que me excite más como es el saber qué misterio tiene cada uno de esos lados.

─Mientras no te conviertas en la oficial, mientras aún seas “la otra” en su corazón y en su mente, tienes asegurado al mejor amante, porque después…. Sabe que tiene que ganarse ese lado de la cama cada día, con el sudor de su frente. Él sí que está de paso, en cualquier momento llega otro que ofrece una propuesta inmejorable, sí, uno con ese  pequeño detalle que él no puede, no quiere o no le da la gana, y qué, pues que es tu vida y eres tú quien tiene la última palabra. Pero eso sí, como nunca sabes cuándo va a ser el próximo retozón… pues vive cada encuentro con él como si fuera el último de tu vida, por si acaso.

─Puede que lleves razón, pero ese lado de la cama también está lleno de horas de soledad, de esperas, de lágrimas, de a lo mejor…

Hubo un momento en el que de pronto me di cuenta de que ya iba siendo hora de dejar de jugar a la adolescente tardía, al menos de forma crónica, porque reconozco que de vez en cuando me hago alguna escapada de vaqueritos, cazadora de cuero y concierto roquero en garitos alternativos, que me encantan. Pero es cierto que me estoy volviendo la mar de formalita y toca tomar decisiones, entre las que, lógicamente,está estabilizar mi estado emocio-pasión-sexual.

─Pues sí, da mucho gusto saber que llegas a casa y hay alguien que te espera para cenar, que te cuenta de qué va la película que ya ha empezado, que tiende la ropa antes de que me dé cuenta de que la lavadora ha terminado, que es incapaz de dormirse sin pegar su cuerpo al mío, abrazarme y susurrarme al oído un buenas noches tan dulce, que los sueños maravillosos están asegurados.

─¡Qué bonito! La verdad es que así contado suena requetebién. Pero…─ le digo a mi ídolo de amiga bien casada.

─¿Pero? Peros hay aquí y allí. En este lado y en el otro. En tus manos está el que tú conviertas los peros en ilusiones, en viajes, en cenas sorpresa, en miradas cómplices, en escondites secretos, en canciones únicas, en noches inolvidables y, sobre todo, en que tú seas la indispensable, la insustituible y la incomparable.

La independencia que sentí con mi gran cama guarda infinitos secretos, sueños e ilusiones, y estén en el lado que estén, no olvido que vida solo hay una y yo no estoy como para sufrir, y menos en la cama.

Sobre el autor Mar y Cleo

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