La Verdad

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Un millón de besos apretados
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Mar y Cleo | 20-03-2016 | 09:24

Vaya por delante mis felicitaciones a los padres, a los que son padres de padres, a los que lo serán, a los que lo intentan cada vez que pueden, a los padres no reconocidos, a los padres perdidos, a los padres que están fuera y a los que ya no están, a los padres a tiempo completo, a los padres que cada quince días “me tocan mis hijos”, a los padres luchadores y a los que son padres y aún no lo saben, y una mención especial para los papás que se sienten papás y aunque no lo son.

Sí, ya sé que es un día comercial pero qué quieres que te diga, que hay que dar un aplauso a las campañas comerciales que se estrujan la sesera entre ideas, anuncios, eslogan… ¡Porque mira que es difícil hacer un regalo a un padre, pero difícil de verdad! Así que pongámonos en situación de lo tradicional y acostumbrado año tras año o lo que siempre nos servía como recurso para quedar bien, a ver:

Una caja de pañuelos con las iniciales, toma ya, anda que si ahora si llegas con una de clínex te la lanza en forma de avión. Una corbata para su colección de corbatas que nunca se pone porque ya no va a bodas y la de los entierros, total, siempre es la misma. Si regalas un perfume y el susodicho tiene cuatro hijos, pues le va a durar varios años el aroma. Con el tabaco… ¡ni nombrarlo! Que los padres hoy ya no fuman o son ex fumadores, y tampoco es cuestión de tocar las narices en su día. Una enciclopedia, que antes daba juego, ahora directamente va y te deshereda. Y ya lo rematas con unas  zapatillas de casa, llámense pantuflas, o  unos calcetines o para cerrar la lista ¡unos calzoncillos…!

¿Pero qué te ha hecho de malo el pobre padre que encima que te pone buena cara vas tú y llegas con esa retahíla de desatinos? Sí, él ha evolucionado más rápido que tú, incluso es más moderno que tú, y cada día está más joven, porque él cuantos más años, más ganas de marcha tiene, ¡pero si hasta llego a pensar que yo soy mayor que él al ritmo que voy!  Pero eso sí, si tiene un hobbie, ni lo intentes, seguro que ya se ha comprado absolutamente todos los accesorios o complementos que le hacían falta.

Así que hubo un año que, visto el panorama, me aventuré y me lancé a comprarle el último modelo de portátil con idea de iniciarlo en el inmenso mundo de Internet. Y ahí llegué yo, toda flamante con mi súper regalo, con una sonrisa y una alegría que no podía disimular solo de pensar lo contento que se iba a poner.

Desde el primer instante en el que apretó el ON, comenzó mi pesadilla. Todo eran preguntas, a cualquier hora del día, “Vente que esto no arranca”, y mira a ver cómo hago esto o aquello, hasta cosas que ni yo me había planteado, que incluía dudas nocturnos sobre las cadenas de correos, el se me ha olvidado la contraseña al amanecer, o ese otra duda existencial sobre me ha salido un cartel en medio de la pantalla de un antivirus….

Pero lo peor no es eso, lo peor es hasta dónde puede llegar a derivar su infinita investigación del mundo:

─¿Sabes que en La Rioja van a cambiar el nombre de una calle?

─¿Has visto como van las acciones?

¡¿Pero mi padre tiene acciones?!

─Llevo tres días metido en el Google maps viendo todos los pueblos y sus callejeros.

Anda mira que bien, ¿es que estará pensando en hacer un viaje?

─No, ¿por?

Te lo juro, ha llegado un momento en el que creo que me está tomando el pelo,  aunque no lo admita, me parece a mí que sí. Pero en eso radica el encanto de sentir por dentro a un padre, porque realmente, al menos en mi caso, ha hecho de médico, guardaespaldas, cocinero, taxista, fontanero, electricista… ¡y mil cosas más! Y todo hay que decirlo, para ser justos, pero es que las mujeres tenemos el Día de la Madre, el Día de la Mujer y en esos casos qué, pues que las casas se llenan de flores, pero qué quieres que te diga, ¿tú has visto flores en el Día del Padre?

Así que lo tengo decidido, este año pienso llevarle el ramo más grande que me quepa entre los brazos, porque mi padre ha sido capaz de hacerme sentir la mejor hija del mundo, la más querida, la más cuidada y la más de lo más. Así que se merece que le diga cuánto lo quiero de la manera más bonita del mundo, porque detrás del ramo aquí estaré yo y un millón de besos apretados como a él le gustan. ¡Felicidades papás!

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