La Verdad

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Con cenizas bailando en el aire
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Mar y Cleo | 03-04-2016 | 21:15


Me despido de él durante unos días, desconecto literalmente su tic tac y lo dejo descansar después de todo un año diciéndome la hora, marcándome el ritmo, porque por unos días no hace falta que nada me diga a cada momento lo que estoy viviendo  ni lo que ha de durar, únicamente las risas van a marcar mis tiempos.

Esta semana me he llenado de flores igual que las plazas de la ciudad, esta semana me he vestido de abrazos y saludos, esta semana he bailado sin parar. Pero sobre todo, esta semana ha venido cargada de frases que se repiten cada año, frases que acompañan a mis recuerdos como si de un perfume de madre se tratara.

–        ¡Viva el Bando de la Huerta!

–         ¡Camarero un quinto bien frío!

–        ¡Sardinero dame un pito!

–        ¡Sardinero un collar para mi nieta!

–        Luego nos vemos…

–        ¡Qué bonica está Murcia!

–        ¡Guapa pijo…!

 

Y así, sin que nos demos cuenta, se van  quedando en los oídos de todos para no romper la costumbre que tienen estas palabras de acudir cada año a saludar a la recién estrenada primavera.

Te juro que mis pies ya andan solos, que ni los siento, porque estos dos han cobrado vida propia y no hay guapo que los recoja, claro que yo me apunto a todo, como se dice por ahí: mientras el cuerpo aguante… ¡ya tendré yo tiempo de dormir!

Lo primero que hice fue leerme el programa de fiestas, no vaya a ser que en un descuido me pille el lío en la otra punta de la ciudad y no me de tiempo a llegar, pero qué quieres que te diga, que entre el apretado programa de fiestas y mi propia agenda de eventos, quedadas, comidas, cenas y bailoteos no me ha quedado otra que moverme a un ritmo nuevo.

Salgo a la calle con el bolso cargado de lo que yo llamo “primeros auxilios”, todo en dosis pequeñas, un perfumador, un monederito, una barrita de labios, un mini espejo… y así hasta completar ese kit de supervivencia que me permite salir por la mañana y no tener hora de vuelta, y si entre medias tengo frío, pues me meto en una tienda y listo, aunque he de decir que ayer me vi reflejada en el escaparate de unos grandes almacenes y a primera vista ni me reconocí, algo que era de esperar, porque iba moviendo las caderas a ritmo de la batucada que se escuchaba a lo lejos, ¡oye y ni chispa de vergüenza que me dio! No sé si es que la he perdido del todo o que en estos días me permito ese paréntesis que tendríamos que tomarnos alguna que otra vez en el año, seguro que así habría menos mala leche suelta por ahí.

Y corro bajo el balcón a escuchar la lectura del Testamento de la Sardina y me uno al sonido de los pitos, agito mi pañuelo mientras me sale un ¡¡oh!! por la boca cuando veo el cielo pintado en colores que los fuegos artificiales dejan como un maravilloso cuadro que se desvanece como el humo, y sonrío, y me siento bien porque tengo la inmensa suerte de estar aquí.

Y la semana empieza a tocar a su fin y mis pies se saben este camino de rechupete porque no olvidan aquella primera vez que el fuego de la hoguera derritió mi corazón y me hizo mezclarme entre capas, girar alrededor de la hoguera y bailar con las cenizas en el aire, y mientras todo era fuego, mis penas se quedaban allí quemándose con los restos de una sardina que se ha paseado casi tanto como yo, aunque todo hay que decirlo, mi final ha sido bastante mejor que el de la pobre sardina.

Con aroma a noche, a besos  y humo llega el momento de volver, de decir hasta pronto, es tiempo de que los saludos se conviertan en abrazos de despedida, pero eso sí, habiendo dejado el pabellón bien alto y haciendo honor a las marineras, quintos y a esta fiesta que llena los sentidos.

Regreso a mi casa cargada de collares, de pins, y por supuesto con mi pito en el bolsillo de la chaqueta. Y casi sin encender la luz, con la penumbra que acompaña a los hogares en las noches de fiesta lo veo, ahí está, esperándome en silencio, deseando que su tic tac vuelva a marcar mi ritmo, lo cojo en la mano y  guiñándole un ojo le digo que tranquilo, que el lunes tendrás de nuevo tu oportunidad, pero esta noche quiero dormir sin las penas que lancé a la hoguera, en una cama cargada de ilusiones y que caigan sobre mí, en forma de nuevos sueños, las cenizas que dejé bailando en el aire.

Sobre el autor Mar y Cleo

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