La Verdad

img
Querido diario
img
Mar y Cleo | 10-04-2016 | 11:44

Reconozco que hay cosas que me dan una pereza enorme, confieso que todos los años arrincono en una esquina el refajo, el mantón y todos mis aperos del Bando hasta ver si un hada buena se apiada de mí y se los lleva al trastero y así yo el año que viene subiré toda entusiasmada para volver a disfrutar de la hermosa primavera de mi tierra. Pero mientras viene o no viene el hada, cada vez que paso, yo miro el refajo y las enaguas me miran a mí haciéndome ojitos, por ver si me animo y las recojo del rincón donde ya llevan más de una semana.

Horror, mis amigas de la capital me han anunciado visita, y no es que me disguste que vengan, qué va, siempre que están mi nevera parece un expositor del supermercado, y la vitrocerámica se enciende más veces que los farolillos de la feria de abril. Pero antes de que me pillen, y sin más remedio, tengo que ponerme el turbo en el trasero, e ir a buscar ese superlimpiatodo de la tele, porque estas son de las que pasan el dedo y miran con un ojo guiñado y la cabeza ladeada en busca de bacterias escondidas, y seguro que las encuentran, ¡ya lo creo que sí!

¡Ay, Dios mío! Como lleguen y vean el hatillo de ropa desde el día del Bando ahí tirado… ¡del critiqueo no me libra nadie!

A ver, a pasar revista. ¿Huele a limpio? Sí. ¿Todo brillante? Desde luego. ¿Los rincones ordenados? Por descontado. Pues ahora a subir al trastero, ese trastero que acumula recuerdos de toda una vida.

Abro la puerta y aún me pregunto qué hace ahí esa cuna, como si tuviera planes para ella… ¿Y los apuntes de la facultad? Todos los años me hago la misma pregunta y todos los años me quedo sin respuesta y sin valentía para deshacerme de ellos. ¿Y eso que hay ahí detrás, qué es? Me acerco despacio, empujo suavemente la caja de los adornos de Navidad que dejé deprisa y corriendo la última vez que vine. Y de pronto, como si tuviera vida propia, cae rodando una mochila con dibujos ya borrosos por el paso del tiempo… Increíble, aún está aquí, y como si acabara de volver de clase me la cuelgo al hombro, solo me falta el uniforme de cuadros y la ortodoncia para volver a ser la de aquellos días.

La abro, y poco a poco saco mi estuche de lata que aún guarda el portaminas que me regalaron, el libro de latín lleno de declinaciones que me sabía de rechupete y el de matemáticas garabateado de dedicatorias amorosas que me hicieron más llevaderas las derivadas, los senos y cosenos… ¡qué tiempos tan inocentes! ¿Y qué más hay aquí escondido en este bolsillo secreto?

Mi diario, mi querido diario. Lleno de confesiones y secretos. Con dibujos y corazoncitos atravesados con flechas. El pétalo seco de la primera rosa que me regalaron. La tinta corrida por una lágrima. Planes, ilusiones, deseos, primaveras, fotos en papel pegadas, recortes de periódico, letras de canciones que aún siguen merodeando dentro de mi corazón, papelitos con mensajes de aquellas clases de las tardes soporíferas de física y química, la entrada del primer concierto al que fui a escondidas, trozos de poemas de Bécquer llenos de emociones en cada rima, amores de verano y desamores de otoño… Toda una adolescencia guardada entre estas páginas, un sueño tras otro, pero con la certeza de haberlos vivido. Días de rosas, noches de risas, días de espinas, noches de incertidumbre, pero con la seguridad de que nada ni nadie me lo puede arrebatar, esta es mi juventud, estas son mis historias que me han hecho ser la que soy, una mujer que jamás pierde la sonrisa porque la vida es para disfrutarla, ¡que para penarla, ya nos quedarán días!

Querido diario:

Reencontrarnos me ha hecho darme cuenta de lo afortunada que soy. Me he pasado la vida rodeada de momentos increíbles que muchos quisieran para sí. Puedo hablar de amor y desamor con la misma alegría, porque los que están, están, y los que pasaron, también están en su lugar merecido. Pero si algo me hace feliz es saber que todo ello lo he compartido contigo, con mi más fiel compañero, con mi amigo del alma, el que siempre ha sabido sacar lo mejor de mí. Tú, que vistes mis primeros escritos y que tantas decisiones me has ayudado a tomar, esas páginas que se llenaron de mi inocencia. Hoy, querido diario, quiero decirte que perdida en estos recuerdos que has guardado celosamente me has dado la única lección que vale, y es que estoy aquí y mi corazón guarda como tesoros trozos de aquellos días que hoy me hacen vez más grande.

¡Ya están aquí! Ellas llegan todas sonriendo y yo, sonrío aún más, porque tus páginas me han devuelto mi sonrisa inocente e imborrable del pasado.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor