La Verdad

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Un par de cuernos
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Mar y Cleo | 17-04-2016 | 10:39

Y cuando mejor me encontraba disfrutando de esa soltería que parecía para toda la vida, llegó a mí un bumerán con forma de enamorado, y de pronto me escucho cómo salen por mi boca palabras del tipo: novio, nosotros, te quiero, aniversario… y un sinfín de palabrejas que había desterrado de mi vocabulario porque incluso pensaba que la Real Academia las había borrado del diccionario por caducas y falsas.

Ahora me descubro hablando en plural y hasta me veo preguntando antes de cambiar el canal de la tele a mi propio ritmo de zapping, o lo que es lo mismo, a 3 programas seguidos por segundo. Lo cierto es que tiene su encanto esto de tener todos los sábados un plan, y cuando no, tampoco el mundo se paraliza bajo mis tacones si nos quedamos un fin de semana haciendo sofing bajo la manta… ¡anda, que si esto me lo dicen hace un tiempo, no me lo creo!

Eso sí, mi vida social ha dado un giro. Ahora salgo a cenar y, aunque seguimos ganando en número las mujeres, son muchas las que vienen emparejadas. Mis conversaciones picantonas de antes las seguimos haciendo, pero aprovechamos cuando vamos al aseo… ¡no sé aún por qué! También me ha tocado presenciar más de un rifirrafe entre parejas que nos llevan la delantera y ya van siendo veteranas en esto de la convivencia, y digo yo:

─¿Por qué no vendrán ya peleados de su casa? ¿Es que hacerlo con público les pone?

─¿Y tú, por qué no vienes ya besuqueada de tu casa? ¿O es que a ti también te pone tener espectadores?─ me dice una que anda un poco envidiosilla…

De pronto recibo un whatsapp de esos de emergencia. No me puedo negar, una de mi pandilla necesita una amiga real, que esto no es cosa para compartirla ni alardearla virtualmente por las redes. Acepto y aquí estoy, delante de un café, toda una tarde por para nosotras y mi capacidad de escuchar al 100%. Mi café y su relato comienzan así:

─Lo sé todo. Cada paso que damos lo puedo predecir. Sé que son las 7 de la tarde, porque mi teléfono suena para decirme que ya sale de su oficina. Sé que esa noche haremos el amor, porque por la mañana, mientras estamos desayunando, me mira, baja la tostada y me dice: “Estás preciosa”. Dentro de dos sábados iremos al cine fijo, porque ese fin de semana no habrá liga ya que juega la selección. Lo sé todo: el pasado, el presente y el futuro. He dejado de sorprenderme, pero en cambio soy incapaz de vivir sin su llamada de las siete, sin su piropo del desayuno y sin los sábados de cine sorpresa. Si me faltara me moriría, pero con él me estoy muriendo.

Entonces trago saliva, lo que busca mi amiga tiene un nombre, es un consejo tan viejo que hasta Sabina le puso ritmo: “…pon un par de cuernos a tu depresión”. A ver, no es que yo vaya aconsejando por ahí a todos que pongan cuernos, que creo en la fidelidad, pero qué quieres que te diga….

¡Cuántas infidelidades han arreglado la crónica de una muerte anunciada de un matrimonio! ¡Cuántas hormonas han vuelto a la vida cuando ya se creían muertas! ¡Cuántas mujeres feas y aburridas se han vuelto guapas y divertidas después de una feria taurina!

Pero eso sí, le recuerdo que nunca olvide un principio fundamental si de este asunto tan peliagudo quiere salir reforzada y nunca magullada: al mundo prohibido fuiste y de él debes salir por la misma puerta secreta que entraste. No confundas despertar el instinto básico que se te había aletargado, y que tu chico te va a agradecer aunque no sepa muy bien qué está pasando, con remover la vena amorosa, que eso lo complica todo. Y recuerda, no vayas a cometer un error de principiante: “Donde tengas las olla…”, ¡eso jamás, que los amantes son pasajeros, pero el curro es para toda la vida!

Reconozco que después de estos ratos de terapia de amigas acabo agotada, pensativa y hasta retroalimentada. Por eso, de camino de vuelta a casa, hago un repaso rápido de mi situación. En cuanto regrese hoy voy a sacar a la mujer que llevo dentro, voy a ser imprevisible, como a mí me gusta. No pienso preparar nada de cena, incluso soy capaz de tomarme dos cervecitas antes de que llegue y que me pille piripi y con ganas de guerra. Y como pretenda encender la tele, lo lleva claro, ya me ocupo yo de que en lugar del telediario esta noche bailemos al ritmo de mis caderas. A partir de ahora la única predicción que va a haber en mi casa va a ser la meteorológica, que el resto ya la desbarataré, porque bien sé yo que unos cuernos duelen más que mil palabras de perdón.

Sobre el autor Mar y Cleo

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