La Verdad

img
¡Mamma mía!
img
Mar y Cleo | 01-05-2016 | 09:22

Hace muchos años los centros comerciales más renombrados del país idearon dedicar un día especial para las mamis, con ello se aseguraban unas superventas de perfumes, pañuelos, joyas, flores, y, para los menos imaginativos, un sinfín de pequeños electrodomésticos con la ilusa idea de dejar a la susodicha boquiabierta. Pero lo que se pensó como una sabia iniciativa mercantil, con el tiempo ha terminado por hacerse un hueco muy especial en nuestro calendario y en nuestro corazón. Por eso… ¡ay del que este primer domingo de mayo no haga un alto en el camino para dar un fuerte apretón a su mamma mía!

Pero es curioso, da igual cómo sea la madre que en el sorteo de la vida nos haya tocado, pase lo que pase ya nos lo advierte el refrán eso de: “Madre no hay más que una y a ti te encontré la calle”. Porque mira que hay madres para todos los gustos, están las cariñosas, las cañeras, las superordenadas, las cocinillas, las refunfuñonas, las exageradas, las frioleras, las que lo saben todo y lo que no, lo adivinan, las que dicen que no para al final decir que sí, las que siempre se salen con la suya y, como es lógico, también está la mía, aunque eso sí, esta es inclasificable.

Pero hay un puñado de ellas que se llevan un premio especial, son aquellas madres que les tocó ser hijas en el siglo XX, pero tuvieron que reconvertirse porque el siglo XXI le estaba esperando a la vuelta de la esquina y con el cambio de milenio vinieron nuevos aires y, de pronto, de un soplido se llevaron muchas de las majaderías con las que las habían criado y ale, a reinventarse. Entonces, además de buscar un novio que fuera un buen partido, descubrieron que irían a la universidad. Por fin destaparon la caja sorpresa y pudieron decidir entre ser o no ser madres sin tener que pedir perdón al mundo si renunciaban a ese derecho, que nunca tendría que haber sido un deber. Y como si la vida les hubiera puesto unas gafas de alta graduación, decidieron ver más allá de lo que se cocía en su cocina, y a algunas no les gustó ni un pelo a lo que se dedicaba su lindo maridito en esas horas extra de la oficina, y, en lugar de mirar para otro lado, se armaron de valor, enfocaron su vista y lo tuvieron tan claro, que junto a las maletas de despedida, aplicaron el principio fundamental de la libertad: “Más vale sola, que mal acompañada”, y sí, resurgieron cuál ave fénix, pero como unas jabatas sacaron fuerzas e hicieron con su vida una nueva versión de sí mismas, y su felicidad fue el principio de todos los principios.

Hoy quiero hacerles un homenaje muy especial a aquellas madres que han sabido ser madre y mujer, sin desfallecer en el intento. Hoy brindo por todas esas luchadoras que nos abrieron de par en par las cuentas de los bancos sin necesidad de un hombre que firmara como titular. Por ellas, por las que sabían que tener una nómina propia sería el mejor pasaporte hacia la independencia, el mejor seguro de vida, la mejor razón de quedarme donde de verdad me aman y nunca por necesidad o miedo. A todas a las que les cerraron las puertas con la excusa de: “eso es cosa de hombres”, pero no se rindieron y volvieron a abrirla de un puntapié para entrar por la puerta grande. Una ola a las que pudieron y supieron elegir, y acertaron, entre ser mamá a jornada completa o a jornada partida, seguro que lo hicieron lo mejor posible.

Desde aquí mi reconocimiento y el de muchos hombres, hijos y maridos que se sienten orgullosos de estas madres del siglo XXI, porque son ellas las que nos han dado la lección magistral de que cuando se quiere, se puede. Consiguieron lo que durante más de veinte siglos habíamos tenido prohibido, y estas madres fuertes y valientes no lo dudaron, lo tenían claro, era ahora o nunca.

¡Hijas y nietas de estas madres, nos toca no defraudarlas! Nos queda continuar su camino, que lo difícil ya lo hicieron ellas. Nos enseñaron que los celos no significan amor, que el control no es muestra de cariño, que una mujer, además de tener un cuerpo precioso, también tiene un cerebro maravilloso y que ser madre es fantástico, pero no es lo único.

A las madres de hoy les digo que tenemos un legado que no podemos descuidar. Por nuestras abuelas, por nuestras madres, por nosotras, por nuestras hijas y por nuestras nietas, recordemos que la vida está para vivirla, que llevar tacones es divinamente compatible con disfrutar de la sonrisa de nuestros hijos, con triunfar y llegar todo lo alto que nos propongamos y, por descontado, con amar y sentirnos amadas hasta perder el sentido.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor