La Verdad

img
Final feliz
img
Mar y Cleo | 08-03-2017 | 22:52

Me paso la vida metida en mil líos, pero es que no lo puedo evitar, si es que a mí me pone las pilas cualquier cosa en el que nos juntemos más de dos, se me altera la bilirrubina que es una barbaridad. Me encanta ese subidón que me da ir de una reunión a otra, estar en todas las comisiones… Eso de tener la agenda a tope de citas me hace sentirme viva, aunque reconozco que siempre acaba con un final feliz, aunque muerta y deseando quitarme los tacones y lanzarlos por los aires. ¿Será porque muchos de estos líos acababan con una cervecita o con unas risas entre colegas?

Y es que de todo se aprende, como la primera vez que acudí a una reunión de trabajo, oye, me temblaban hasta las pestañas. Parecía que el mundo se había confabulado en contra mía. Mis medias llevaban una carrera desde la pantorrilla hasta medio muslo y estaba segura de que todos se habían dado cuenta y se daban codazos riéndose, claro que si hubiera sido previsora me habría llevado unas de recambio en el bolso. Del tocho de folios que nos dieron para preparar la reunión me faltaban los últimos diez por leer y ya no me quedaba tiempo para ello, claro que si me hubiera organizado mejor lo llevaría todo al pelo. Por mucho que lo intentaba era incapaz de recordar el nombre de los asistentes, claro que si en la otra reunión los hubiera apuntado ahora no temería equivocarme al dirigirme a ellos… Y así un sinfín de errores que tenía que haber sabido, y me pesaban dentro, porque la única culpable de todos ellos era yo, lo demás eran excusas baratas para justificar mi ineptitud, nada podía hacer para liberarme de esta culpabilidad.

Y la reunión iba a comenzar, y allí estaba yo, bueno yo y nadie más, porque los demás andaban por ahí de un lado para otro, ¿es que yo era la única puntual o quizá también me había equivocado de día y hora?

Me hubiera gustado saber si la carrera de mis pantys era peor que los calcetines blancos deportivos con mocasines que llevaba el de mi derecha. Decididamente lo vi claro, prefería unas medias a lo tour de Francia que esas escayolas cantosas del colega.

Mis folios ordenados y subrayados fueron los únicos que presidieron una mesa plagada con un puñado de móviles vibrando, de algunos paquetes de chicles arrugados de los fumadores compulsivos y de varios vasos de plástico con restos de café pringoso.

Lo que sí es rigurosamente cierto es que salí de la reunión sin resolver el problema de los nombres, todos éramos: oye tú, tío qué dices, allá vosotros… Para mí que yo no era la única que no tenía ni idea de cómo nos llamábamos unos y otros.

Entonces salí de allí curada de espanto, libre de toda culpabilidad, exenta de cualquier sensación similar al sentimiento de haber fallado. Tuve por fin el alivio que te da un final feliz, porque todo aquello demostró que soy como soy, soy diferente. Y, lo curioso del caso, es que me encanta, por eso ya no intento cambiarme, porque ¿para qué? ¿Para acabar igual a todos los demás?

Y así me impuse mi propio código de liberación, nada de cantar a los cuatro vientos un mea culpa, se terminaron las ansiedades y culpabilidades. Y lo mejor de todo, es que desde entonces comenzó a cotizar en bolsa mi autoestima y a proporcionarme múltiples beneficios:

  1. Cuando hace falta decir NO, se dice. Es fácil de decir y fácil de comprender.
  2. Si algo me gusta digo SÍ, es fácil de decir y más fácil de comprender.
  3. Cuando algo planeado deja de apetecerme, pues me borro y no voy, sin complejos.
  4. Gente con malos rollos, no gracias, debes dejarme vivir.
  5. Si te gusto dímelo al oído, de la respuesta me encargo yo.
  6. ¿Cuántas calorías tendrá…? Seguro que menos que la adrenalina de felicidad que me va a dar mientras lo saboreo y, además, con esta excusa me quito los tacones y salgo luego a correr.
  7. No esperes que te lo permita todo, conmigo te has equivocado. ¿Sabes contar? Pues no cuentes conmigo.
  8. Me encanta ser tu amiga, tu confidente, tu colega comprensiva, pero también yo necesito charlar, que me escuchen, desahogarme o, simplemente, darte mi opinión sin que me interrumpas.
  9. Y desde luego, no te quepa la menor duda, si estás tentado a criticarme a mis espaldas, harás muy bien, porque eso es señal de que eres tan mediocre que siempre estarás detrás de mí.
  10. Estos principios son inamovibles y solo yo decidiré si es preciso retocar alguno, si es que se diera la curiosa necesidad de alcanzar un grado superior de felicidad.

Nada como unos buenos principios para asegurar un final feliz.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor