La Verdad

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Primavierno rebelde
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Mar y Cleo | 15-05-2016 | 10:07

Después de esta larga y eterna primavera resulta que ahora llega el frío, el viento y la lluvia. Si es que aquí en lugar de robarnos el mes de abril como a Sabina, no sé quién nos ha birlado el mes de mayo, y zas, borrado del calendario y claro, así andan las cabezas… más pa’allá que pa’cá.

Pero yo, que soy rebelde como la que más, me niego a renunciar a mi primavera, a mi mes de mayo, a mis sandalias con medias de verano, a mis vestidos de color pastel con falditas bailando con el viento. Y cuando me sublevo, no hay quién me pare, y tanto es, que un día sí y al otro también, salgo fashion total, dispuesta a encararme con este mayoviembre que nos ha tocado, aunque me temo que si sigo llevándole la contraria a la meteorología voy a terminar con un catarrazo de los que hacen historia.

Lo cierto es que todos los días acabo buscando quién me preste una rebeca o, con esa excusa, mejor un abrazo para intentar entrar en calor, y eso que yo antes de salir a la calle siempre me digo:

̶ ¿Desde cuándo a mí una mañana fresquita me ha echado para atrás?

Claro, que si de vez en cuando me respondiera antes de poner un pie fuera, algún sobresalto con carne de gallina incluida me ahorraría de esta primavierno rebelde.

Pero lo duro no es soportar un poco de helor matutino, lo malo es que a media mañana me lleno de razones cuando por fin parece que la naturaleza ha dejado de hacerme rabiar y me digo, ale, que el gilipollas que me robó el mes de mayo ya se ha hartado y me lo ha devuelto. Y entonces busco una terracita, una silla al sol y me pido una caña y una marinera, porque esto hay que celebrarlo, y cuando estoy en lo mejor, dejo de ver mi sombra, el cielo se llena de nubes, empieza una correntera de viento, comienza a chispear y a diluviar, la cerveza termina pasada por agua y la marinera, haciendo honor a su nombre, se pone rumbo a navegar. Y me siento impotente, porque voy calada de arriba abajo, con mis sandalias parezco un pato pisando charcos, los coches pasan sin miramientos y me salpican hasta las mechas. Y aquí empieza mi dilema, ¿me doy por vencida o sigo haciéndome la Juana de Arco contra la meteorología?

Lo cierto es que al fin los pronósticos se han cumplido y aquí estoy, de fin de semana, con la manta hasta arriba, la caja de clínex a mi vera y el termómetro a tope. Con lo mal enferma que soy, mejor será que me lo tome con calma, porque si no puedo irme de compras, ni con las amigas, ni de fiesta, está claro que a este rato de sofing le tengo que sacar rendimiento… Y de pronto me doy cuenta que estoy introspectiva, que mis pensamientos corren por mi cabeza a lo loco y cuando a mí me da por la reflexión me pongo de un profundo que hasta me asusto, pero es que hoy no tengo fuerzas para llevarme la contraria, así que me dejaré llevar a ver qué saco de todo esto:

“¿No estoy ya un poco mayor para tanta rebeldía? ¿Cuántas veces le he declarado la guerra a la vida y al final he salido trasquilada? ¿Y aquella vez que me erigí en defensora de la honra de mi mejor amiga, me encaré con su infiel novio, le dije de todo menos bonito, y a los dos días ella le perdonó, ellos se arreglaron y mi amiga me retiró el saludo? ¡Ay, que creo que ya va siendo hora de que sean otros los que libren las batallas y después vaya yo y recoja sus frutos! Es el momento en el que siento que me vendría bien aceptar la vida como viene, que quizá seguiré queriendo cambiar el mundo, pero no va a ser mi único objetivo pero, ¿qué quieres que te diga? Cuando las cosas no salen como yo quiero, por algo será…”

A partir de ahora admitiré que soy yo la que se tiene que adaptarse a la vida y no al revés, quizá así consiga llevar una existencia más tranquila… ¡más tranquila, más aburrida, más sosa, más predecible, más insulsa, más tediosa, más sin fuste, más insustancial, más muerta en vida! ¿Y sabes qué? Que me niego. Antes prefiero estar muerta que ser una desaboría. Porque yo quiero tener ilusiones cada mañana, quiero levantarme de un salto todos los días, quiero seguir sintiendo mariposas en la barriga y pájaros en la cabeza. No me importan los resfriados que pille por mi rebeldía, ni las desilusiones que me lleve por el camino, porque yo soy genio y figura hasta la sepultura, porque yo soy yo, haga frío o calor.

Sobre el autor Mar y Cleo

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