La Verdad

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¡Arriba las manos, esto es un atraco!
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Mar y Cleo | 22-05-2016 | 09:49

Mayo florido, mes de bodas, comuniones y, sobre todo, mes del amor. Por algo será que desde siempre ha sido uno de mis favoritos, por esta época sé que me enamoro, me sonrojo y me pongo más bella. Estoy convencida de que está época me revoluciona, altera mis sentidos y se me llena la sangre de primavera.

La playa empieza a ser una tentación, las chaquetas se quedan en casa y salen del armario, como por arte de magia, esos vestidos con faldas cortitas y regresan los abrigos, bufandas y mantas hasta la próxima. Y es que por fin el cuerpo se me libera y me dejo acariciar por el sol. Y claro, igual que la naturaleza florece, los pretendientes parece que resurgen del letargo invernal y la temperatura amorosa se anima y, con ella, el lío va tomando aire, y paso de la sequía absoluta a una riada de pretendientes, vamos, que  todos a la vez y se arma la revolución.

Bueno, pues cuando más contenta me tiene esta bipolaridad primaveral, va y llega a mi móvil un mensaje, y pienso que nadie manda ya mensajes, que ya somos todos más del whatsapp. Lo abro pensando que igual es un hombre de esos tradicionales pero no, es un mensaje con trampa. Sí, es una declaración, pero no precisamente de amor, es un aviso de que un año más me ha llegado el día y la hora: ¿de cuándo aquí la palabra declaración tiene que ir indisolublemente ligada a algo tan vulgar como eso de pagar impuestos? Ya me gustaría a mí saber quién el guapo que eligió el mes de mayo para que todas las primaveras se nos amargue la exaltación del amor, de la bilirrubina, de la sangre alterada, de las piernas doradas y de los escotes insinuantes… Si es que no hay derecho a que me amarguen la ilusión de los campos cuajados de amapolas y ese morenito que se me empieza a pegar.

–Yo no pienso permitirlo más. Voy a presentar una denuncia contra el fisco, o contra la academia de las letras o contra quien corresponda. Quiero que desvinculen para siempre la palabra declaración de la palabra renta. Para mí una declaración, o es de amor, o no es de nada. Así que ya pueden ir pensando en otra palabreja–suelto yo para desahogar mi indignación.

–Es que llamarla “Confesión a Hacienda”, sería un poco fuerte–me responde mi asesora fiscal.

̶ Mira, ya lo tengo, para qué tanto eufemismo. Va a ser mejor ir directamente al grano, yo le pondría: “Arriba las manos, esto es un atraco”. Y así nadie se sorprendería ni se sobresaltaría.

Lo cierto es que cada año me solivianto, me arrebato y hasta me tiro de los pelos, pero al final no me escapo, y paso por el aro como todos, bueno como todos los que no nos fuimos a Panamá, que de esos otros hay unos cuantos y ahí están, tan felices.

Y así vistas las cosas, al próximo pretendiente que se fije en mí pienso imaginarme que es todo un inspector de Hacienda dispuesto a hacerme vivir una auténtica declaración. Igual tiene verdadero interés en conocer si soy una buena contribuyente, y se va a quedar muerto cuando le confiese lo que soy capaz de aportar cada mes por el bien de nuestra relación, le van a faltar un puñado de letras del abecedario al Tesoro. ¿Y ese IVA? ¡Ay, si yo hablara…! Ese es un valor en alza y dispuesta estoy a que no se me pase ni un solo trimestre con tal de que a él tampoco se le olvide renovarse cada vez que le toque pasar por ventanilla. Y bueno, a ver si es capaz de resistirse a mi declaración de patrimonio, ¡pues no es nada la cosa! Aquí la que suscribe anda bien orgullosa de su patrimonio intelectual, que su esfuerzo le ha costado adquirirlo y buen provecho que le he sacado en esta vida. Y del otro patrimonio, sí, el de los bienes inmuebles… ¡pues no hay más que decir: de pies a cabeza y de cabeza a los pies, aquí me tienes, un bien declarado patrimonio de la humanidad subido en unos lindos tacones!

Yo no sé si así me libraré de una inspección de Hacienda en toda regla o que con esta declaración de intereses que me he librado, al final, lo del borrador se vaya a quedar corto y me salga cara esta fantasía fiscal que me acabo de marcar. Pero mientras no se demuestre lo contrario, o a algún ministro no se le ocurra otra cosa, como lo del sol, soñar es gratis, imaginar es revitalizante y pensar en positivo, según la OMS, es bueno para la salud. Así que me ratifico, porque yo solamente quiero tener más dinerito y estar muy buena, ¡uy, perdón!, muy sana.

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