La Verdad

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De lo confesable a lo inconfesable
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Mar y Cleo | 29-05-2016 | 13:44

Lo bueno de ir cumpliendo años es que mi curriculum ha tomado unas dimensiones más que interesantes, que por cierto, son directamente proporcionales al desparpajo con el que manejo mis asuntos. Hasta tengo algún un master de la vida aprobado  cum laude, aunque me temo que aquí, el que más o el que menos, hemos hecho algunos cursillos acelerados en miles de asuntillos que van de lo confesable a lo inconfesable…

Lo que es cierto es que hay etapas de la vida en las que la palabra prohibido tiene un regusto irrenunciable. Y yo, que me conozco, soy de las que como me digas: esto no, esto es pecado, esto ni se te ocurra; pues ale, que allá voy y me lanzo, si es que no lo puedo remediar. Aunque fue genial cuando descubrí que no soy la única que sufre esta atracción fatal hacia lo irrecomendable.

Hace poco me tomé un café, un helado, otro café, una cena, una copa y hasta un resacón horripilante, con una de mis mejores amigas después de un lío de tiempo sin vernos. A ver quién es la guapa que no cae en la tentación de ponerse al día con esa alma gemela de los tiempos en los que quemábamos las noches juntas y lo que nos pusieran por delante, ¡pues no éramos graciosas ni ná! ¡A nosotras no había quién nos hiciera sombra!

–¿Y no volviste a saber de él?– le pregunto llena de curiosidad morbosa. Porque él solo puede ser él: el innombrable, el caballero del lado oscuro, el amor prohibido, el pecado de la pasión, la locura del sinsentido… Él, en una palabra.

–En persona no, pero siempre hay quien sabe y me cuenta– me responde huyendo de mi mirada.

–¿Aún sigues enamorada?

–El amor es otra cosa. Lo suyo es más bien la atracción por lo que no está, el deseo por lo que crees que era y… los recuerdos, qué malos compañeros de viaje son. ¡Pero enamorarse… eso son palabras mayores! Amor es una vida sin lágrimas, es saber que sí o sí siempre soy la única, enamorarse es sentir que está loco por mí y que esa locura es capaz de arrasar con todo. Eso es enamorarse, y lo demás son sucedáneos de los que ya estoy curada de espanto.

Lo cierto es que mi amiga se ha convertido en la mujer más bella que conozco y es que para mí no hay mayor atractivo que ese que se alcanza con el tiempo, con la sabiduría y con ese punto en el que primero miro alrededor y después clavo la mirada en mí y suelto al mundo un:

–¡Chapeau!

He de reconocer que en mi vida he tenido tiempo para muchas cosas, pero para ser una aburrida… ¡jamás! Si es que la vida es solo una, y claro, visto así, lo del carpe diem es mi primer mandamiento, ¿y el equilibrio emocio-sentimental? Pues confieso que el mío ha tenido sus altibajos, pero me temo que de esto nadie está libre, porque el que diga que toda su vida ha tenido controlada esa parte del ser, ¿sabes qué? Pues que miente o es un pedazo de soso.

Me negué a ser una adolescente modélica y a convertirme después en una mujer como los otros querían. Así que no me importa reconocerlo: yo también he tenido amores poco recomendables, inconfesables, de los que mejor no mencionar depende qué lugares, ¿y? Pues que no me arrepiento de nada, qué va. ¡Qué sería ahora de mí si no me hubiera cruzado con alguno de esos sinvergüenzas que conocí! ¿Es que no aprendí nada de aquello? Lo bueno de todo es que hoy he hecho mía una ley que hondea en mi bandera para así asegurarme que aquello valió la pena:

–“Sin rencor, pero con memoria”.

Y oye, que no siempre fueron malos, qué va. Que mis buenos ratos me hicieron pasar, mis buenas risas nos echamos y esos recuerdos inolvidables que para mí se quedan. Pero en cambio, lo mejor de todo es que los malos rollos se esfumaron por el mismo camino que se largaron mis amores secretos y prohibidos. Yo, en cambio, tengo momentos en los que recurro a ellos, porque no hay nada mejor que guardar en la recámara de la memoria de mi corazón a un amante amigo, un guardián de secretos compartidos, a ese fiel compañero de instantes fugaces, ese que con el que volamos libres sin la atadura del luego nos vemos.

Jamás se me ocurrirá preguntarte por el listado de tu curriculum amoroso. Tampoco espero que se te ocurra preguntármelo a mí. Aunque yo siempre te responderé que la lista de mis amores es más corta que la tuya. Tú sabrás.

Y mi curriculum sigue su camino entre risas, felicidad, ilusiones y sensaciones que me hacen vibrar mientras vuelo de lo confesable y a lo inconfesable.

Sobre el autor Mar y Cleo

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