La Verdad

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Perdón, me he equivocado de grupo
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Mar y Cleo | 12-06-2016 | 09:30

Recuerdo aquellos tiempos en los que lo mejor de la semana era el finde, ese viernes con los amigotes que empezaba con el aperitivo del mediodía y llegábamos hasta el domingo muertos de risa, bailando, enamorándonos y desenamorándonos en la misma tarde y sin parar de contarnos y compartir nuestras historias. Lo bueno del caso es que si alguno de la pandilla me caía mal, pues con no ponerme a su lado, estaba todo arreglado. Y si no me molaba el plan, siempre me quedaba la opción de acoplarme al grupo de amigos de mis hermanos y pasaba de lo que hicieran los míos.

Y ahora qué, pues que ya no tengo pandilla, ahora lo que tengo son millones de grupos de whatsapp, a cada cual con un nombre más patético que el anterior, pero eso sí, siempre está el grupo oficial y el clandestino, y anda que como se me ocurra escribir un comentario inoportuno en el grupo equivocado, por mucho que le dé a eliminar, zasca, ya he metido la pata hasta el cuello y solo algún espabilado que me haga la rula me salvará de ese silencio grupal previo a una sentencia de muerte.

Es curioso, hay personas con las que hace años no me tomo ni un café o incluso no charlamos por teléfono, hay personas que antes eran parte de mi vida, incluso algunos son mis ex, y de pronto se cuelan inesperadamente en grupos, y claro, con tanta tecnología no hay forma de ignorarlos, porque encima ahora sé muchísimas más cosas que antes, claro que la mayoría de esa información, además de inútil es, en ocasiones, tan falsa como malintencionada. Y yo me pregunto, ¿a mí qué me importa que desde la hamaca en la que estás tumbado este domingo se vea una puesta de sol tan maravillosa? O acaso, ¿a alguien le interesa saber que todos esos quintos y la tapa de pulpo que te has pedido con los amigotes está deliciosa? Y como desde que lo nuestro acabó te importa un bledo cómo me va en mi trabajo, qué me dijo el médico en mi última revisión o si me apetece charlar un rato, pues eso, que como necesitas público, porque tu vida es más falsa que la fecha de nacimiento del facebook, anda y  cómprate tu propio monólogo y a mí me dejas en paz.

Pero es que claro, a ver quién es el guapo que se atreve a salir de un grupo, eso es de todo impensable, aunque eso sí, me guste o no, tengo que soportar las tetas saltarinas que pone aquel cuando gana su equipo. Y no digamos la guinda del pastel para intentar olvidar a un ex, cuando le da por mandar esas innumerables y cansinas fotos de sus continuos y románticos viajes.

–Voy a terminar por salirme, aunque me temo que es más fácil abandonar el tabaco que abandonar este grupo.

–No te largues, porque si lo haces, al final eres la friky y la estirada. Es mejor que consigas que te echen, así saldrás por la puerta grande y hasta acabarás convirtiéndote en el ídolo del grupo.

Como consejo reconozco que no está mal, pero a ver cómo lo consigo. Y ahí empiezo yo a darle vueltas al coco, a sacar lo peorcito de mí. Lo primero que se me ocurre es poner un mensaje riéndome del Atlético del Madrid, algo como que mejor que vayan a objetos perdidos, porque en esta liga lo han perdido todo. No tendré que hacer más, se liarán entre ellos, pero eso sí, queda claro que la mala víbora soy yo. El día que pongan el último episodio de la serie favorita del momento, a la media hora de empezar, voy a reventar al final: el asesino es la chica, lo sé porque yo ya lo he visto en versión original, pero que terminen de verla, que la serie se lo merece. ¡Ah, pero no debo olvidar añadir un comentario diciendo: “Perdón, me he equivocado de grupo”! Y si para entonces aún no he conseguido mi objetivo, lo mejor es revelar ese secreto que todos sabemos, pero que nadie se atreve a sacar del armario, tan simple como adjuntar una foto de uno de los del grupo, ese que siempre va de guay, acompañado cariñosamente de un rubio sospechoso y añadir: “¿A qué está chula la luna?”.  Tan solo tendré que esperar a que el administrador del grupo se sature de mensajes privados exigiendo mi expulsión, mi liberación, mi vuelta a la felicidad, mi reencuentro con mis verdaderos amigos, mis fines de semana cargados de diversiones reales y propias.

Ya no tengo grupos en mi teléfono, ahora tengo vida, ya no tengo ex, ahora tengo espacio en mi móvil, y por lo que estoy viendo, también más tiempo libre en mi corazón, que ese nunca se equivoca de grupo.

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