La Verdad

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Del 0 a 10
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Mar y Cleo | 19-06-2016 | 11:24

Es tiempo de exámenes, es tiempo de aprobados y suspensos, de alegrías, apuntes, llantos, profes buenos y malos, vacaciones sin playa bajo el ventilador, de nervios de selectividad. Miles de aromas que a todos nos trasladan a un tiempo en el que nuestras ilusiones y entusiasmos están medidos del 0 al 10.

Lo cierto es que a principio de curso nos pasa a todos igual, todo son buenos propósitos, y no solamente con los exámenes, también en el trabajo y sobre todo en cuestiones amorosas. ¿O es que no te has fijado en esos principios de los enamorados en los que ponen todo su empeño para sacar matrícula de honor? La cosa está en que, una vez conquistado lo que parecía inconquistable, bien que se querría seguir con el mismo entusiasmo hasta el final de la carrera de  la vida.

Estas cosillas de querer ser el mejor en lo que me proponga, con el tiempo me han dejado huella en el alma, y como este aroma del mes de junio es contagioso, hoy me dispongo a ser yo la que califique, así que, ¡ya veremos a quién cateo o quién se merece un pedazo de aprobado!

He pensado que a algún que otro le va a venir bien volver en septiembre. Fíjate que todavía estoy siendo generosa, que le voy a dar otra oportunidad para que se repase bien el temario, porque me temo que al final del curso aún no tiene los conceptos claros. Como ese: “Tengo ganas de verte” que significa que muevas el culo y vengas a darme un beso. O un: “Te quiero” que no se dice por decir, que son palabras que confunden, que si se siente se dicen, y si no, mejor te callas. ¡Ah, y ahora les toca a ellas! Suspensa la que se le olvide esa ley principal del universo que dice que el ligue de una amiga, jamás de los jamases, es un posible candidato. Pues ale, para septiembre con el temario completito.

Vale, lo reconozco, siempre he sido muy de justificar lo injustificable y de perdonar con tal de no armarla, así que voy a ser un poco benevolente y a este le voy a dar un aprobado por los pelos, que igual es que se merece un poquito de clemencia. A ver, si después de pasar una semana ya desde el plantón que me diste, de pronto vas y te presentas en mi trabajo con una ramo de flores y con cara de perrito arrepentido, pues nada, que tendré que enterrar el hacha de guerra con el que estaba dispuesta a cortarte cualquier cosa. Aunque eso sí, al ramo debe acompañarle una cena a la luz de la luna si es que esperas que se me pase el cabreo con el que se ha ido alimentando este rencor mío que me lleva a tirarte de los pelos la próxima vez que me lo vuelvas a hacer.

Aunque pensándolo bien, voy a hacer un poco de profe mala, porque sé de uno que no tengo ganas de perderlo de vista, que me muero por volver a repasar con él el temario de arriba abajo, de intentarlo como si nunca hubiéramos empezado ni terminado. Decidido, tú vas a repetir curso, a ver si esta vez es la redefinitiva. Y a ver si dándonos otra oportunidad dejamos de ser ex y nos convertimos en nosotros, y oye, que hasta igual somos capaces de sacarnos el doctorado cum laudem.

Pero para ser sincera, entre los malos estudiantes, los golfillos, los listos, el que de verdad me gusta a mí es aquel que aspira a ser notable, o mejor al que sobresale, porque a ver, sobresalir, se puede sobresalir de muchas maneras, y ninguna es despreciable, ¿eh? Empecemos por una verdad que es universal e indiscutible: “El tamaño importa”, de ahí lo del sobresaliente. Y una vez salvada esta evidencia irrefutable y por todos comprendida, también añadiré que el tamaño del corazón y el tamaño de su sonrisa cuando me mira, cuenta y mucho… Porque eso sí que es realmente lo que importa y, por descontado, totalmente imprescindible si te quieres licenciar con matrícula de honor.

Mes de junio caluroso e intenso, primeros días de playa, arena y sol que llevan a ponerme las faldas más cortas de mi armario, las camisetas de tirantes y a sentirme primavera aun estando en verano, porque yo no sé si es la temperatura, o si es que me llega el aroma de las vacaciones, pero es que me siento como si estuviera a un palmo del suelo y a dos milímetros de tus abrazos y tus besos.

Llegan días de descanso, de recargar pilas, de abrir nuevas ventanas para tirar lo innecesario de la mochila y dejar hueco a nuevos aromas e ilusiones con los que llenar nuestras carteras el próximo curso. Ahora es el momento de pasar de 0 a 10 en la mejor asignatura: las vacaciones.

Sobre el autor Mar y Cleo

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