La Verdad

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Nosotras somos su voz
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Mar y Cleo | 26-06-2016 | 09:26

Todos los años, por estas fechas, me hago una escapada secreta. Unas veces sola y otras sexy-acompañada, pero jamás he dejado pasar de largo esta noche mágica de las hogueras. Esa noche corta pero intensa, ese fuego de libertad que abrasa mi piel y me recarga por dentro, y como con los yogures, luego se me nota por fuera. Mi noche de san Juan es sagrada y nada ni nadie me ha hecho perdérmela jamás.

Bueno, así ha sido siempre hasta este año. Lo juro, no me faltaba detalle, lo tenía todo listo, mi maleta preparada, mis biquinis recién comprados, mi hotel con encanto reservado y mi cita secreta concertada y dispuesto a darlo todo por mí. Pues no, de pronto me di cuenta de que este fin de semana mi sitio estaba aquí, nada de fugas peligrosas, nada de aventuras sin reloj. Este año tengo una cita irrenunciable, irresistible, importantísima, increíble e impresionante. Mi cita es con las urnas.

Jamás entendería mi abuela lo contrario y yo jamás le contradije, y no lo voy a hacer ahora. Por ella y por todas aquellas ellas que no se conformaron con ser mujeres floreros. Por esos miles de mujeres a las que aún en pleno siglo XXI no les dejan votar, ni trabajar, ni estudiar, esas que su vida transcurre bajo la sumisión y el veto de unos extremistas. Por todas ellas yo, este año, me salto la noche de las hogueras, del hotel con encanto, de los biquinis de flores y de mi sexy-cita. Jamás me perdonaría a mí misma si este domingo no estuviera yo la primera o no llegara a tiempo de votar.

Pero como a recursos no me gana nadie, he puesto en marcha mi plan B. ¡Pedazo de fiesta de pijamas que he organizado para esta noche en mi casa! Y como eso de quedarme sin fogata me está costando lo suyo, pues ya está, pienso echar a la hoguera a todos estos personajillos que se creen que por poner su foto y forrar las paredes de mi ciudad ya lo tienen todo hecho. Pues no. Vamos, que están deseando otra vez no ponerse de acuerdo, porque vaya pedazo de negocio. Si total, se han visto las caras en el parlamento tres días y se han llevado el sueldo completo como si hubieran hecho algo, y oye, ¡que a ninguno le ha dado corte irse con los bolsillos llenos y la carpeta vacía de deberes!

Y digo yo, echando las cuentas, si hemos sido capaces de seguir para adelante desde diciembre mientras estos jugaban al pillao, al ya no me junto contigo y al y tú más… Pues mira, a lo mejor no son tan increíbles como se creen.

–Lo siento cariño, pero vamos a tener que posponer nuestro finde loco.

–¿Y eso?– me respondió con voz incrédula.

Y entonces simplemente le contesté:

–Porque voy a votar por mí y por todas  mis compañeras.

De pronto al otro lado del teléfono se hizo el silencio. Un silencio largo y pegajoso. Por más que lo intentaba no lograba descifrar si estaban acordándose de todos mis muertos por cancelar el plan en el último momento y si simplemente estaba buscando una palabra políticamente correcta para ser políticamente comprensivo conmigo. Pero nada de todo eso estaba sucediendo. Mi chico intentaba reprimir sus lágrimas de emoción, pero en ese momento se le escapó un suspiro y le delató. Lo siguiente que escuché reconozco que es la declaración de amor más bonita que me han dedicado en mi vida:

–Con una mujer así como tú es como a mí me gustaría que fuera la madre de los hijos que no tengo. Con mujeres como tú el mundo tendría otro aroma, otro color, otra música, sería otro mundo.

Claro que la que empezó a llorar en ese momento fui yo. Lloraba por mí y por todas mis compañeras. Lloraba por la suerte de haber conocido un hombre digno por dentro y por fuera. Lloraba por todas esas mujeres a las que jamás un hombre les ha dedicado palabras de respeto, cariño y admiración desde lo más profundo de su corazón. ¡Qué difícil y qué bonito es llorar sin dolor, sin miedo y sin rabia! ¡Qué libertad más profunda da el dejar correr las sensaciones sin postureos ni paripés!

Todos con nuestros pijamas sexys, picardías y ropitas traviesas bailamos alrededor de mi hoguera. Y como convocadas por arte de magia también están ellas, aquellas que sabían que alguna vez lo impensable se volvería real, aquellas mujeres que aguantaron risas e insultos cuando sacudieron las conciencias del siglo pasado y gritaron a los cuatro vientos el derecho al voto femenino. Y aquí estamos hoy nosotras, saltando y bailando sobre el fuego por la libertad y los derechos de muchas mujeres de hoy que unos pocos se creen en el derecho de decidir por ellas. Nosotras somos su voz, nosotras somos su voto.

Sobre el autor Mar y Cleo

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