La Verdad

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G69
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Mar y Cleo | 11-09-2016 | 10:25

Hay que ver qué disgustos más tontos me llevo yo sola, a este paso voy a tener que abstenerme, ¡uy, qué palabreja tan peligrosa! Bueno, a lo que iba, voy a tener que dejar de ver, oír y leer las noticias, porque oye, que no puedo evitar cogerme unos mosqueos de padre y muy señor mío.

¿Pues no va y resulta que un puñado de peces gordos se juntan como si fueran los mismísimos Reyes Magos de Oriente y se ponen muy estirados ellos a tomar decisiones sobre el crecimiento? Así, sin más, sin llamarme a mí, sin contar con mi opinión, sin que les importe un pepino lo que yo tenga que decir al respecto, y oye, que yo de crecimiento sé y mucho.

Lo primero de todo, y lo que me dio que pensar, es ese nombrecito que se han puesto: G20, pero es que ni para crear un grupo de whatsApp sirve, a no ser, claro, que esa G, ahí puesta sin ningún fuste, quiera decir otra cosa, y ya puestos así, casi que vería yo más entendible llamarlo: G69, al menos la cosa tendría más morbo…

Me gustaría que alguien me explicara si ese puñado de estirados y trajeados saben algo de crecimiento que no tenga que ver con los números de sus cuentas corrientes, que de eso estoy segurísima que son los más expertos del mundo en hacerlas crecer. Pero es que yo, que me considero una mujer con los pies en la tierra, aunque a veces mi corazón esté en la luna y mi cabeza ni se sabe dónde, con el tiempo, los sustos, los síes y lo noes, me he hecho una especialista en estos asuntos de crecimiento, y no me refiero yo al físico, que en ese a mi edad es más fácil crecer a lo ancho que a lo alto, y además yo para eso ya tengo mi colección de tacones y que la distancia entre tú y yo nunca sea un obstáculo, o sí.

Si hay algo que los años me han hecho, ha sido tener las cosas cada vez más claras, aunque lo cierto es que no he llegado a este nivel experta de la vida de la noche a la mañana, qué va.

Hace unos meses coincidí en la misma dimensión espacio temporal, es decir, bajo el mismo techo, con uno que yo me sé. Desde que dejamos de ser lo que fuimos, no me lo había vuelto a cruzar y, es más, algunas veces me había hecho la pregunta de cómo reaccionarían mis por adentros el día que se diera la situación. No sabía si lo deseaba o si temía no saber estar en mi sitio, aunque no sé muy bien cuál era mi sitio dada mi inestabilidad emocional hacia el caballero en cuestión.

-Y pasó. Y ahí estaba él. Y ahí mismito estaba yo. Y entre él y yo había tan solo veinte pasos sin aliento, dos miradas de reojo para no confundir mi imaginación con la realidad y el tiempo justo entre aquel adiós y este hola, para helar mis sentidos y frenar mis impulsos de otras épocas.

-¿Y qué pasó?

-Nada. Castigué todos sus pecados del pasado con el actual látigo de mi indiferencia.

Puede que a él le diera lo mismo, o no. Puede que él también me castigara con su indiferencia, o no. Pero lo que sí estoy segurísima es que yo me sentí muy bien conmigo misma porque me di cuenta que soy dueña de mí y de todos esos impulsos tan míos que siempre me han dado más arrepentimientos que satisfacciones. Ya sé que esta sensación de acertar conmigo misma no me la he currado yo solita, con algún que otro consejo sabio de los que de verdad me quieren y, entre libro y libro de autoayuda, he llegado hasta aquí. Por eso, y por mucho más, me da tanto coraje que estos peces gordos del malabarismo mundial se quieran adueñar de la maestría del crecimiento universal y además osen darnos lecciones desde China, ¡anda que no les queda a ellos nada por aplicarse!

Así que yo, desde aquí, me proclamo experta en crecimiento, y del que de verdad importa. Sobre todo porque cada día estoy más alta, pues sí, uno está como se siente y así me siento: más guapa, más maravillosa, más cerca de mis amigos y más lejos de los que no lo son, más coherente conmigo, con mi cabeza y con mi corazón. En resumen, que me siento tan de puta madre que me niego a que me den lecciones de nada desde la China mandarina.

Queda por tanto fundado el G69, que este me pone más, para todos aquellos que sabemos lo que queremos, que disfrutamos del regalo de la vida y, además, ni se nos ocurre dar lecciones de nada al mundo porque de mi felicidad ya me ocupo yo y el resto de los 68.

Sobre el autor Mar y Cleo

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