La Verdad

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Hasta el infinito y más allá
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Mar y Cleo | 19-09-2016 | 15:14

De pronto me he dado cuenta de que estoy metida en una espiral en la que, en vez de ir para arriba y salir disparada como una bala, cada vez me meto más hasta el fondo dejándome llevar. Sí, ya sé que siempre he sido una mujer libre, fuerte, independiente y bla, bla, bla…, pero qué quieres que te diga, a cualquiera puede pasarle, ¿o no te has sentido nunca como un remolino de agua en el desagüe del lavabo? Pues yo me ahogaba y me he mirado al espejo y he descubierto que lo que me está pasando está claro:

-Quiero sentir y no puedo, quiero querer y no puedo, quiero hablar y no puedo, quiero desear y no puedo.

Pero como siempre me dice una amiga:

–La suerte camina a tu vera y, si la dejas, cuando parece que nada va a tener solución, te pasa algo, y todo se desenreda para arreglarse.

Igual está en lo cierto, pero claro, la suerte necesita una oportunidad, porque si me pongo de espaldas, lo único que puede pasar es que me den donde no espero y ni lo vea venir. Quien llama a la suerte la atrae, pero si llamas a las desgracias, recuerda que esas se aprenden el atajo, llegan antes y luego no hay narices de echarlas.

Cuando estoy nerviosa me da por hacer lo mismo que hacía mi madre y me pongo a arreglar los armarios, a colgar bien la ropa e incluso a ordenarla por colores si hace falta, así que mis pies me han llevado hasta ahí y lo abro, y mientras estoy perdida entre trapos encuentro una bolsa y en ella aparece arrugada aquella vieja camiseta negra, con los hombros al aire y, para qué negarlo, con un escote que me llegaba hasta más abajo del canalillo. Supongo que la metí ahí para olvidar algunas noches de farolas encendidas y madrugadas después de fiestas y saraos, noches que siempre volvía a casa sola con triunfo o sin él, pero con ganas de dormir a pierna suelta y, por supuestísimo, con la idea clara de que no cogería ninguna llamada de números desconocidos, porque yo a veces me paso de sociable y acabo dándole mi número de teléfono a más de uno y claro, algún que otro incauto se iba tan contento pensando que había hecho la conquista de la noche. Pero vamos, ni por asomo se lo pensaba coger, que tengo claro que la noche confunde y a mí los amores de barra no me van, mejor que se queden en la misma barra donde surgieron, que con esa carga extra de autoestima varonil con la que se va a su casa ya tiene bastante.

Me acerco la camiseta a la nariz, aspiro todo lo fuerte que puedo cerrando los ojos e intentando traer a mi memoria imágenes y sensaciones de dulces momentos. No me puedo resistir y me la pongo, desnudo mi cuerpo y compruebo más que satisfecha que aún me viene… se ve que tanto brócoli, alcachofas y kiwis están haciendo su papel. Y estoy bella. Sin poderme contener rebusco por las cajas y encuentro aquellos gastados zapatos de tacón, los únicos capaces de aguantar horas y horas bailando sin pasar factura. Me subo a ellos y así, como si la varita mágica de un hada madrina fuera, la espiral de mis desilusiones sube y baja y comienza a esfumarse, mi piel empieza a llenarse de luz y, justo en ese momento, tomo una decisión:

-Voy a darle una oportunidad a la oportunidad. Voy a darme una oportunidad.

Busco en la agenda de mi móvil y lanzo una de mis convocatorias:

-¡Princesas del día y de la noche! Os convoco a una cena como las de antes, esas en las que hablábamos todas a la vez, donde las risas son el aperitivo y el postre, donde lo único que importa es pasar un rato juntas, donde hacemos que hasta el camarero se ponga colorado con nuestras conversaciones y terminamos brindando y bailando por la amistad.

Y de pronto, me pongo de puntillas sobre mis tacones y miro hacia adelante, hacia el infinito, hacia mi futuro, y ahí está esa oportunidad esperando a que le haga un guiño de complicidad. Jamás han venido las oportunidades desde el pasado, ni desde una camiseta olvidada, de allí ya no quiero nada. Pienso vivir la vida hasta el infinito y más allá.

Dicen que no hay nada mejor para arrancar de nuevo que empezar de cero, limpiar, desinfectar y volver a amueblar y así lo hago y, si te soy sincera, funciona, porque sin necesidad de nada ni de nadie, he vuelto a ser feliz y a estar en paz.

Ahora si quiero, hablo; si quiero, amo; si quiero, deseo; y, para colmo, he vuelto a dar mi número de teléfono… ¡pero esta y otras historias forman parte de mi oportunidad!

Sobre el autor Mar y Cleo

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