La Verdad

img
¿Y ahora qué hago?
img
Mar y Cleo | 09-10-2016 | 09:05

Con esto de Internet, ya no tengo excusas para no hacer las cosas correctamente porque hay tutoriales para esto, para lo otro y para lo de más allá también. Así que lo busco en Internet y listo. Hay veces que pienso que si lo que quiero no está en la red, entonces es que no existe. Yo, que soy muy de libro de instrucciones, tengo en mi biblioteca de todo: bricolaje, cocina, jardinería, costura… incluso uno que robé de casa de mis padres sobre sexualidad por la añoranza que me traía de una juventud a escondidas y que, llena de sorpresa después, encontré lo poco que coincidió con la realidad que tuve el placer de descubrir. Eso fue en la era previa a las nuevas tecnologías, aunque creo que también fue un buen aprendizaje.

Lo cierto es que me he pasado la vida aprendiendo a ser la mejor, luchando por conseguir salir exitosa y recoger siempre los premios. ¿Y cuando el premio es una patada en el culo? ¿Qué hago? Pues entonces me da el bajón, el mal rollo y la mala leche, todo a la vez y sin excepción. Y me dura mucho más que a Sabina, y me enredo en mi pena y hasta que no toco fondo no hay quién me saque de allí. Y digo yo, ¿no habrá en You tube algún tutorial gracioso que me enseñe a salir también con éxito de los fracasos amorosos?

Veamos, voy  a echar un vistazo que seguro que de los tropezones de otros también tengo mucho que aprender en vez de tanto Internet. ¡Necesito un manual de supervivencia del adiós!

Pues ahí tienes a los famosos, un viernes por la noche nos cuentan lo apenados que viven por la ruptura y al viernes siguiente nos toca ver, a golpe de talón, lo maravillosamente enamorados que están de uno nuevo. Vamos, que es lo mejor que les ha pasado en la vida. En fin, a rey muerto, rey puesto, y todos tan contentos.

Y si nuestro ánimo no está para renovar el fondo de armario tan rápido, siempre nos queda un ratito de venganza que tanto bien hace. Y ahí está él, ese que un día lo hubiera dejado todo por mi amor, y al día siguiente fue a mí a quien dejó y encima me por whatsApp. En ese instante lo tuve claro, tan solo tocaba esperar a que el arrebato se me pasara, porque eso sí, la venganza se sirve fría. Y no tardé demasiado, el destino quiso que compartiéramos espacio, techo y barra de bar él, yo y su recién estrenada acompañante. Numeritos de celos… ¡ni pensarlo! Realmente lo que estoy es muy agradecida y así se lo comuniqué a la interesada… Con mi mejor sonrisa me acerco a los dos, a sabiendas además de que con tanta pena he perdido algún michelín que me sobraba y se me ha quedado tipo bombón. Saludo con los dos besos de mejilla obligatorios, pero cuando llego a ella, le abrazo mientras que al oído le doy infinitas gracias al mismo tiempo que en un susurro le cuento un par de detallitos que seguramente aún no conoce de su flamante conquista. Ella abre los ojos tanto que casi se le salen de las órbitas y reprime, como puede, una carcajada mientras repasa con la mirada ciertas partes del cuerpo atlético de su chico. Entonces me giro y le digo a mi ex-amor:

-¡Gracias Dios mío por lo que me das y por lo que me quitas…!

Pero hay algo con lo que nunca he tenido las cosas claras, porque como yo soy tan de sentir muy a flor de piel todo eso de la honra y la dignidad femenina, pues entonces me invade la duda si devolver o no los regalos, no sea que ponga en peligro mi reputación de mujer del siglo XXI. Ante dudas tan existenciales, como esta, tengo a mi amiga consultora de la que me fío cien por cien:

-¿Qué hago, le devuelvo el anillo y me hago la estirada o me lo quedo, que se fastidie por haberse ido y yo, así al menos, tengo algún recuerdo de nuestro amor?

Entonces ella me mira, le da una calada al cigarro, y mientras el humo sale lentamente me da una lección magistral:

-Jamás he odiado tanto a un hombre como para devolverle los diamantes.

Es posible que la vida me tenga guardados muchos éxitos, quizá consiga triunfar en lo que me proponga, seguro que en muchas de esas victorias los tutoriales de Intenet, You tube y miles de truquillos tecnológicos me van a ayudar, pero no pienso cambiarlos por la sabiduría de una buena amiga y, sobre todo, por la de mis propios tropezones porque esos son mis mejores maestros, por cada patada que recibo en mi trasero yo cojo impulso y llego más lejos de tu pie, pero más cerca de mi éxito.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

mesasilla 20-04-2017 | 10:18 en:
MarCleo 19-04-2017 | 12:21 en:
mesasilla 12-04-2017 | 15:57 en:
mesasilla 02-04-2017 | 21:20 en:
MarCleo 02-04-2017 | 11:56 en:

Etiquetas

Otros Blogs de Autor