La Verdad

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Es que ni me lo planteo
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Mar y Cleo | 16-10-2016 | 09:35

Yo sé de uno que siempre me dice que no se fía ni de su sombra, pero yo, en cambio, siempre he sido de las que van por la vida pensando que todo el mundo es bueno. Así que mis amigos, amantes, novios o pretendientes tienen mi total confianza porque me niego a vivir en alerta constante pensando en dobles vidas, así que a mi amigo decidí dejarlo por un exagerado.

Pero es que un día me di cuenta de que si entraba en el juego de desconfiar de todos, llegaría un momento que, de tanto andar calentándome la cabeza imaginando situaciones, palabras o mensajes, iba a perder la sesera. Y además yo sé que si me dejo se me calientan las ideas más de la cuenta y me entra un tole tole de padre y muy señor mío, y no estoy para este estrés sin sentido.

Cuando se lleva algún tiempo en el mundillo del “estoy disponible ¿y tú?”, y además has tenido la suerte de rodearte de muchas clases de amigos y amigas, inevitablemente, se acaba escuchando tantas y disparatadas historias, que llega un momento que es fácil darse cuenta de que no es oro todo lo que reluce y, de pronto, dejas de poner la mano en el fuego, incluso hasta por uno mismo, porque tanta quemadura te hace espabilar sí o sí.  Lo bueno es que aprendes truquillos de cómo actuar, cómo sonreír o cómo mentir; porque ser infiel es todo un arte y no es cosa fácil y no hay mejor máster para aprenderlo que la vida misma, aunque yo sigo sin graduarme en la traición.

-¿Vas a cerrar los ojos? ¿Tú permitirías que tu chico te pusiera los cuernos?- me pregunta una amiga toda indignada y más  sabiendo que soy de las que voy de frente ante todo.

-Pues mira lo que te digo, yo de momento y, así de primeras, lo único que pido es no saberlo, solamente quiero sentirme feliz a su lado y que me haga vibrar por dentro y por fuera.

-¡No me lo puedo creer! ¿Cómo es posible que tú digas eso? ¿Tú, que has sido mi ídolo en estos asuntos y que te las has dado de que a ti no te los iban a poner nunca porque antes lo descubrirías y lo mandarías a tomar viento?

-Lo digo precisamente por eso, porque sé que, más pronto que tarde, te la pegan. Todo es cuestión de que se presente la situación, que un día te cabrees con él, que te vayas de  viaje con unas amigas, que digas que te duele la cabeza…. Y oye, pues va y resulta que, casualmente, le surge esa realidad que él no buscaba, pero…, y la noche le confunde, se le cruza el bajón, bla, bla, bla y… zas.

-Jamás aguantaría yo una relación si desconfiara de mi pareja, no podría estar con él.

-No me has entendido. Yo, ni me fío ni dejo de fiarme, simplemente no me lo planteo, simplemente soy feliz.

Lo curioso es que este asunto pasa de época en época, de siglo en siglo, y nada cambia y hasta creo que ni cambiará… ¡Ay de esas sospechas, desamores, penas y alegrías! ¿Alguien se le ha ocurrido una solución contra los ataques de celos o una pócima para estar libre de la tentación de ponerle los cuernos a la otra parte de la parte contratante?

Al final no me libro y aquí estoy dándole vueltas al tema y me encuentro con un amigo en la barra de un bar, qué mejor sitio para que salgan las verdades verdaderas, y  le planteo mis dudas:

-¿Qué tiene que hacer una mujer que no se fía de su pareja? ¿Se lo dice? ¿Se calla y lo espía? ¿Le pone los cuernos ella por si acaso se los pone él?

Mi querido consejero me escucha y me suelta con calma que no hay que llegar a extremos, que lo mejor es hablar las cosas, pero claro, ¿a ver con qué cara llego yo y le digo a mi pareja?

–Oye mira, que como no sé si te has ido con otra, o no sé si te estás planteando irte con otra, y como tampoco sé si un día te irás con otra…, pero por si las moscas quiero que sepas que no me fío un pelo de ti, porque sé que me la vas a hacer antes o después, así que, visto lo visto, lo mejor es que lo dejemos.

Por eso, yo me quedo en mis trece y tengo claro que voy a seguir fiándome de todos menos de mí, claro. Y pienso vivir sonriendo y vibrando y, sobre todo, disfrutando de cada instante sin calentamientos de cabeza ni tormentos, porque total, para qué, ir por ir es tontería. Yo me quedo con eso de ser feliz, porque ojos que no ven, corazón que no siente.

Sobre el autor Mar y Cleo

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