La Verdad

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Ni trucos ni tratos
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Mar y Cleo | 30-10-2016 | 18:51

La verdad es que soy muy poco amiga del lío este en el que nos han metido de Halloween, que a mí eso de los fantasmas, las apariciones y los esqueletos sangrantes me da bastante miedo y muy poco de risa. Aunque en el tema de las brujas no estaría mal que solo vinieran a visitarnos ese día, porque hay algunas que no se bajan de la escoba en todo el año y de vez en cuando te largan una maldición de sapos, culebras y hechizos malvados, que después, en más de una ocasión, en qué me he visto para levantar cabeza y salir del influjo de sus malas artes.

Aunque tampoco es cosa de olvidarnos de todos esos que van de fantasmas y arrastran sus cadenas sin importarles en qué fechas estén, que ellos con tal de fanfarronear de lo que, por supuesto, ni tienen ni podrán tener nunca, hacen lo que sea.

-¡Truco o trato!

Los primeros años me pillaron desprevenida los chiquillos de mi barrio cuando me aporreaban a la puerta y yo, incauta de mí, la abría toda preocupada pensando que algo grave sucedía y me encontraba con una pandilla de monstruos, dráculas y niñas exorcizadas con las manos extendidas y gritando todos a una.

Nunca supe realmente qué era peor, pero lo que sí aprendí fue a tener un buen arsenal de chuches para esa noche por temor a que mi puerta acabara señalada y de verdad vinieran los malos espíritus a merodear y terminara yo en vela y sin tener a quién abrazarme en busca de refugio.

Pero si he de elegir, está clarísimo que entonces el truco lo hago yo, que no estoy ya  como para que me anden engatusando con cualquier engañufa de tres al cuarto, que algo he ido aprendiendo día a día y de algo me valdrá la experiencia que llevo en mis tacones.

¿Y trato? Pues aquí tengo que admitir que de más de uno y de más de dos de los tratos que he hecho en mi vida he salido trasquilada, que aquí el que no corre vuela y donde te dije digo, digo Diego y al final si te he visto no me acuerdo, y después qué, pues eso, que la culpa la he tenido yo por no poner el ojo y la puntería en el mismo sitio, que el problema no está en el trato, sino en con quién trato. Por eso, ahora afino más y mis tratos los hago mirándote a los ojos y apretándonos las manos y así se cierra un acuerdo, mientras que queda en juego tu honor y tu dignidad.

Pues ya está, este año voy a ser yo la que va a ir aporreando las puertas que a mí más me convengan. Aunque hay una cosa que tengo bien clara, hay algunos muertos que no pienso resucitarlos. Aquellos que yo me sé, aquellos que enterré bien enterrados, y hasta bailé un zapateado encima de su tumba, porque, lo reconozco, algunos desenamorados cuando pasan a mejor vida y les lloras hasta vaciar, pues hasta me da gustirrinín y así termino por borrarlos de mi corazón, de mi móvil y de mi memoria, no vaya a ser que se me vuelvan zombis y se me aparezcan cuando menos los necesito. Lo dicho, a mis cadáveres del pasado que se los lleve el karma a otras vidas, que en esta, conmigo, ya cumplieron todo lo que les correspondía.

Así que, voy a elegir muy bien y con lupa a ver a qué puerta voy a ir a tocar:

-¿Juegas a Halloween?

-…

-¿Cena o desayuno?

De un plumazo quedan descartados todos los que elijan la cena por poco espabilados, porque para mí que estos han confundido el postre de la cena con otra cosa, y sabes qué, pues que para eso no necesito yo que sea 31 de octubre, que el año tiene muchas cenas y ya elijo yo con quién ceno, con quién postreo y con quién pierdo la razón y hasta el apellido, si es que viene al caso.

Pero el que me diga desayuno, ese de tonto no tiene un pelo, de fresco, si lo tiene, ha sabido disimularlo, pero de dejarse llevar y de conocer el alma femenina, va bien servido. Nunca sabremos si la cita va a comenzar en un desayuno o, por el contrario, es en lo que va a finalizar. Yo por mi parte, pienso ir preparada para lo que el destino me depare. O quizás deje que la vida me sorprenda, porque ¿y si termino desayunando como aquella que se detenía cada mañana delante de Tiffany llena de glamour?

¿Truco o trato? ¿Desayuno o cena? Lo cierto es que todas son la misma cara de la moneda, de esa que día a día lanzamos al aire con la ilusión de amar o ser amados sin necesidad de tratos ni trucos que nos lleguen del más allá.

Sobre el autor Mar y Cleo

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