La Verdad

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Noche de luna satén
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Mar y Cleo | 13-11-2016 | 12:11

Hoy no me ha sonado el despertador, y no es cosa del cambio de horario, es que a veces no lo puedo resistir, me rebelo contra el reloj y me escurro bajo mi edredón. Gimoteo y gruño: ¡Que yo quiero seguir soñando que acaricio la luna con las manos! Aunque para eso aún me quedan muchos escalones por subir, porque mira que la puñetera está lejos… Así que lo único que puedo hacer es bañarme en su hechizo, y aprovecharlo ahora que se nos avecina una luna gigante y que venga a vestir mi cuerpo de luz y convierta esta noche de luna satén en luna de miel.

Un café bien cargado y la radio de fondo, las noticas se mezclan con mis tostadas y tengo la sensación de que en este instante todo se para, incluso hasta la Tierra ha dejado de girar, creo que es como si la súper luna hubiera parado con su influjo los pasos de todo y espera a que me decida a salir a la calle parando a esos papás que persiguen a sus peques mientras corretean jugueteando, o aquellos que cruzan el paso de cebra perdidos en sus móviles, o esa pareja que se da la mano mientras se van juntitos a desayunar después de una noche de arrumacos cantando al amor.

Y es que la luna nos contagia romanticismo, nos ciega con pasiones y nos hace subir la marea revolucionando nuestros sentidos…

Entre Halloween y la luna llena, voy a acabar convirtiéndome en una loba algo lunática. Aunque tengo que admitir que un poco de lunática y de loba tengo, ¿eh? Aunque quizá dé un poco de miedo, reconozco que es un punto muy mío y que además tiene su encanto. Empiezo como un dulce corderito y luego soy de las que me quito las capas hasta que sale la loba que llevo dentro.

Tengo unas cuantas e inocentes luna-manías, como la de llevar conmigo siempre una piedra. Meto la mano en mi bolsillo y ahí está, la acaricio y me siento bien sabiendo que entre mis miles de cachivaches inútiles está por si la necesito. Es una piedra sencilla, brillante, suave como la piel de tu espalda y, mira qué cosas, me pasa como contigo, no la busqué, simplemente se cruzó en mi camino y sin saber muy bien para qué ni por qué, dejé que me atrapara. ¡Ayyy, si las piedras hablaran! Pero esta piedra guarda muy bien los secretos de mi corazón, sabe mirar en silencio la pasión de dos amantes jugando entre las sábanas, los besos con sabor a chocolate, las manos entrelazadas sujetando la respiración hasta que acaba la noche.

Cada vez que estamos en plenilunio saco mi piedra del bolsillo y la dejo dormir al resplandor de la luna, toda la noche, porque digo yo que ella también tiene derecho a  salir de su caparazón, liberarse y pasar las horas bailando desnuda bajo el cielo estrellado.

He de confesar que yo con la luna, aparte de ponerme tierna y romanticona, también me da un giro tan extravagante que me hace cambiar mi punto de vista del mundo, que no todo va a ser… ¡ya me entiendes!

Dicen que en las noches de luna llena se manifiestan poderes de criaturas extrañas; pues eso, yo sacaré los míos y dejaré hipnotizado a quien me dé la gana y… ¡a disfrutar! También dicen que en noches de plenilunio puedes tener sueños proféticos, pues qué quieres que te diga, yo los prefiero eróticos. Así que, a las que soñáis con príncipes azules, a los que soñáis con odaliscas haciéndoos la danza del vientre…. pues hala, a soñar, que soñar es gratis.

Hay otras leyendas que cuentan que es el momento propicio para atraer el amor y el matrimonio, pero queridas lunáticas, ¿para qué tanta complicación? Que es tiempo de que suban las mareas, que son noches de aullidos, de desenfreno y de pasiones iluminadas por ese indiscreto rayo de luna que se cuela por la ventana, que son noches de desvelos y caricias. Así que, ya dormiré yo cuando no haya luna, que esta no me lo pierdo.

Por eso, yo esta mañana me niego a despegarme de las sábanas, me niego a volver a poner los pies sobre tierra firme, no vaya a ser que llegue un soplo de aire inoportuno y se lleve las magias de las lunas llenas, porque yo me pienso dejar llevar, y es entonces es cuando cierro los ojos mientras sigo soñando con besos que no fueron un sueño porque aún están en mi boca, con carcajadas sobre la almohada, con muchas lunas llenas que se convierten en lunas de miel. Y mientras, le pido a las estrellas que el destino me mande muchos hechizos que me conviertan en loba de noche y en corderita de día.

Sobre el autor Mar y Cleo

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