La Verdad

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A quien corresponda
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Mar y Cleo | 20-11-2016 | 09:34

Querido Príncipe Azul:

Después de tantos años juntos he tomado una decisión, debería haberla tomado hace mucho tiempo, pero las decisiones importantes a veces necesitan desilusiones, realidades evidentes y fracasos contundentes. No sé muy bien cuál es la verdadera razón en nuestro caso, pero lo que es incuestionable es que tú y yo hemos terminado. Finito. Caput.

Sería muy fácil hacerte una escenita en la que todo fueran reproches, en la que te echara la culpa de todo, en la que te dijera a la cara miles de cosas; pero lo cierto es que así no iba a conseguir nada, para ti sería fácil reemplazarme por otra princesita ilusa que cayera en tu trampa de novelita rosa con final acaramelado y que tú, con sus lágrimas de desencanto, siguieras vivo.

Así que voy a hacer mía una de las mejores frases de ruptura que he oído jamás: “No eres tú, soy yo”. Pues sí, he sido yo la que te creé en mi infancia, y día a día desde entonces, te fui alimentando y dándote vida y poder. Como si fuera un hada madrina, te doté de maravillosas virtudes hasta convertirte en este asombroso hombre alto, guapo, simpático, sensual, fuerte, detallista, ricachón, elegante,…

Pero ese no eres tú, ese es el príncipe azul que yo fabriqué, y mientras te esperaba sentada pasaron por mis narices príncipes de todos los colores, pero ninguno era mi príncipe azul. Dejé escapar a verdaderos reyes del amor, del te quiero, del contigo hasta el fin del mundo; pero como no destilaban sangre azul, me daba la vuelta y miraba para otro lado.

Pero érase yo una vez una princesa que de pronto un día me miré al espejito mágico y vi que mi reino está iluminado por un magnífico arco iris del que brotan miles de colores dando vida y belleza a todo mi alrededor. Y desde ese día, la princesa de este reino ha aprendido que al verdadero amor no le puedo poner límites, que no hay nada como derribar barreras para que mi corazón se abra de par en par y una brisa fresca lo inunde y se lleve bien lejos las trabas que crecieron enredándose cada vez que me engañaba diciéndome: “Este no es, ni aquel tampoco”.

En una ocasión alguien me confesó:

-Yo no creo en los estereotipos, me impeden enamorarme.

Y ese fue el día en que decidí escribir esta carta, aunque lo cierto es que al final no la leerá nadie, y los dos lo sabemos, tú solo existes en mi imaginación y yo te voy a mandar de una patada directamente a la papelera de reciclaje y sin retorno.

Desde entonces me he convertido en la reina de mis propios dominios en los que cabalgo a mis anchas sin esperar a nadie, sin que un retrato robot me haga equivocarme y suspire únicamente por alguien que ilusamente me está predestinado. Ahora es a mí a la que me doy mis propias oportunidades, porque entre equivocación y equivocación, algún que otro buen rato me estoy llevando.

-Pero pondrás algún requisito, digo yo.

-Desde luego que sí. Uno solo, pero imprescindible. Que me quiera de verdad y hasta reventarnos, ¿te parece bien?

Reconozco que desde que he puesto en marcha este nuevo casting, me estoy comiendo muchas menos roscas, pero mi corazón está que se sale, mi piel vive con los pelos de punta cada día y mis sentidos no dan abasto, ¡que los tenía yo demasiado adormecidos con tanta sangre real!

Y me pregunto, ¿qué habría hecho yo con ese príncipe tan príncipe, tan alto, tan guapo, tan ricachón, tan… soso? ¿Acaso la sangre azul les dota de una potencia amatoria desconocida? Mucho me temo que la magia no llega tan lejos, que se queda más en el envoltorio, y lo que es peor, para mí que en lo referente al corazón y la entrepierna, el hada madrina no puede hacer mucho más.

Lo siento por los príncipes azules que aún pululan por alguna cabecita femenina, aunque más lo lamento por ese incauto que se cree que puede comerse una rosca ofertándose como príncipe azul, tenéis los días contados. El azul se os ha desteñido tanto, que más que príncipe sois una rana verde que ya nadie quiere besar.

Mi querido Príncipe Azul, después de tantos años juntos, tampoco quisiera despedirte así, de cualquier modo. A tu lado he aprendido que sin amor todo lo demás sobra; que sin sentirme amada, no quiero la compañía de nadie y que del amor nace el compromiso, sin que yo te lo tenga que pedir y tiemble por temor a tu respuesta.

Adiós Príncipe Azul, hasta siempre y hasta nunca, que en mi nuevo reino los colores son los que gobiernan mi corazón y el amor es el que corona la felicidad de mis sueños para que se hagan realidad. Adiós.

Sobre el autor Mar y Cleo

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