¿Qué hay de nuevo?

PAS cumple cien días al frente del Gobierno regional y exprime el tiempo, sabedor de que el futuro es incierto. Es ya el presidente más reformista de Murcia y ha marcado un estilo: los problemas más graves no pueden calentarse, así que se resuelven o se dejan para después

 

Tres meses después de su investidura, Pedro Antonio Sánchez (PAS) gobierna la Región con la urgencia y la sensación de asedio del mayor Matt Lewis (Charlton Heston) en ’55 Días en Pekín’. Necesita tiempo, como el mayor Lewis en la película de Nicholas Ray, y por eso se ha entregado a desplegar su gran capacidad de trabajo para seguir haciendo cosas -unas mejor, otras peor- reuniones y selfis (hasta tres veces se ha entrevistado ya con Rajoy), en previsión de que la Justicia lo llame a declarar como imputado por el ‘caso Auditorio’. De producirse esta cita, que en la política regional se da por segura y en medios judiciales se considera inevitable, PAS tendría que dimitir en cumplimiento del pacto de investidura que suscribió con Ciudadanos el 22 de junio, lo que truncaría de un hachazo la trayectoria del político más político que ha dado esta Región.

 

Su cargo tendría que ser ocupado entonces por otro de los 22 diputados regionales del PP, pero en la bancada popular no se atisban delfines, lo que constituye otra característica del ‘estilo PAS’. Quiere todo el foco para él. Nadie le hace sombra, ni en el Grupo Parlamentario ni en el Gobierno, que formó con más mujeres e independientes que nunca pero en el que ningún consejero termina de brillar con luz propia.

PAS, de quien se cuenta en su propio círculo que es un jefe audaz, desconfiado, exigente al máximo y un férreo controlador de cuanto se mueve a su alrededor (y que agota a sus colaboradores), se ha propuesto dejar huella de su paso por San Esteban, el palacio en el que inició su carrera como becario de Ciencias Políticas, en un caso insólito de precocidad, y que ahora ocupa a los 40 años. Allí ha recibido ya a más de 600 personas.

Pensando quizá en que alguna vez tenga que volver sobre sus pasos (escenario que se abriría si la imputación lo alejara de la presidencia pero el posterior proceso judicial le restituyera, indemne, su dignidad pública), el jefe del Ejecutivo regional desarrolla desde el primer día de su mandato una actividad frenética en la que la ansiedad y las prisas le han jugado malas pasadas. De hecho, cometió su primer error antes de ser investido, al advertir a Ciudadanos durante la campaña electoral, sin esperar a que la negociación se agotara, que ordenaría repetir las elecciones si los cuatro diputados de Albert Rivera en la Asamblea Regional no lo apoyaban en la investidura. En esta y alguna otra declaración ha marcado una llamativa distancia con la discreción de que hacía gala su antecesor, Alberto Garre, aunque ni de lejos recuerda -en esto, no- las alharacas verbales de Valcárcel .

La segunda equivocación tiene fecha más reciente, y en su interior esconde sorprendentemente, como hacen las matrioskas, un acierto notable, consistente en desactivar a la oposición, tanto en la Asamblea Regional como en el Ayuntamiento de Murcia, cuando más empeñada estaba aquella en paralizar las obras que en pocos meses traerán el AVE a Murcia. El error estuvo en la estrategia empleada: una campaña del PP, (‘¡Ave ya!’) que parecía reivindicar solo la llegada del tren a cualquier precio, sin tener en cuenta la exigencia social de reiterar el compromiso de conseguir también, aunque sea más tarde y por fases, el soterramiento integral de las vías.

Nadie se tutea en el Consejo

Cien días son pocos para juzgar una gestión, pero PAS -que ya se ha ganado la vitola del presidente más reformista- ha dado muestras sobradas de su listeza para sobrevivir a las adversidades… y para manejar los hilos desde arriba. El pasado día 18 firmó con los rectores de las dos universidades públicas el plan plurianual de financiación que la UMU y la UPCT reclamaban para poder crecer, sin importarle que durante la campaña electoral el PP les hubiera negado el pan y la sal. PAS dejó a un lado la galopante deuda pública (superior al 27% del PIB) y tiró de chequera. Lo cierto es que aquella foto de un presidente sonriente con Orihuela y Franco estrechándoles la mano en San Esteban quedará como una de las imágenes más consistentes de esta legislatura, hace justicia con la UMU y la UPCT… y posiblemente evitó que el rector Orihuela, poco dado a morderse la lengua, fustigara a PAS ante Felipe VI en su alocución durante la solemne apertura oficial del curso universitario, que estaba marcada en la agenda para doce días después. A la misma hora en que PAS sellaba su reconciliación con la universidad pública, el Consejo de Gobierno -en el que todos se tratan de usted, otra liturgia ‘estilo PAS’-, aprobaba la concesión a la UCAM de tres nuevos grados, entre ellos el de Odontología, con el que la Católica competirá con la UMU. PAS es un hombre de honda convicción religiosa, pero a la vez un gobernante pragmático y un político ambicioso. A Dios rogando y con el mazo dando.

La larga mano de PAS aplacó por las mismas fechas -y también por ensalmo- otro conflicto, el de la utilización de los hospitales públicos para las prácticas de Medicina, que mantenía enzarzados a los grupos parlamentarios, y en huelga de batas colgadas a los futuros médicos de la UMU. En realidad, el presidente no ha resuelto el problema, que sigue vivo, pero supo aplazarlo, dejarlo para después, quitárselo de encima, como acaba de hacer con el expediente de la desalinizadora de Escombreras, cuyo envío al Tribunal de Cuentas evita al Gobierno regional tener que activar la espoleta de una bomba que podría dejar malheridos a Ramón Luis Valcárcel, el mentor de PAS y, a la postre, a todos los gobiernos del PP, por su desastrosa gestión de la fábrica de agua de Escombreras en la época ‘horribilis’ del aeropuerto de Corvera, La Zerrichera y Joven Futura (2003-2007).

Dos borrones

Aunque sitiado por el ‘caso Auditorio’, su pírrica mayoría parlamentaria y la herencia de Valcárcel (reflejada en el nombramiento del valcarcista Antonio Sánchez-Solís como delegado del Gobierno), el presidente, en solo cien días y con el verano de por medio, ha prescindido de los imputados -bien que obligado por su pacto con Ciudadanos-, ha bajado el impuesto de Sucesiones y Donaciones, se ha metido en el bolsillo, con la inestimable ayuda de la consejera Violante Tomás, al Tercer Sector -el mismo al que su partido había despojado de subvenciones y de cariño en los últimos años-, y ha anunciado una reforma legal que permitirá pagar las ayudas a la Dependencia que, según los tribunales de justicia, habían sido irregularmente suspendidas o pospuestas sine díe.

Dos borrones hay que apuntar en la cuenta de estos tres meses, y no son pequeños. El primero, los Presupuestos Generales del Estado para 2016, que prevén para Murcia el mayor descenso de todas las regiones en inversión pública, y un 22% menos que en 2015, pese a las repetidas visitas de PAS a Madrid para conseguir justamente lo contrario. El segundo manchón llega por el canal del Trasvase Tajo-Segura, que sigue quitando el sueño a miles de regantes sin que el Gobierno autónomo haya sido aún capaz de asegurarles los caudales necesarios ni el precio social prometido alternativamente para la desalinización.

Claroscuros aparte, la trayectoria de PAS viene salpimentada con una sobreactuación ocasional que en absoluto le favorece, pero que él sabe convertir en una virtud aparente bajo la que, a veces, se oculta la nada. Desde el punto de vista de la labor del presidente, el revés presupuestario del Estado y la inseguridad creciente del Tajo adquieren un tono doblemente decepcionante, debido a la firmeza reivindicativa ante Madrid que PAS había comprometido en su -esperanzador- discurso de investidura. Es el riesgo de no calcular bien los gestos, en los que tanto se prodiga PAS, y el error de confundir en la gestión pública las buenas intenciones con los hechos. El pasado día 28, PAS, presidente del segundo Gobierno autónomo con el índice de transparencia más bajo de España en junio de 2015 (apreciación del Instituto de Economía de Barcelona), no tuvo empacho en conmemorar el Día de la Transparencia pegando pósits en un panel de la avenida de la Libertad de Murcia destinado a que los ciudadanos expongan sus demandas de información a la Administración autonómica. Lo cierto es que, a fecha de hoy, los 45 diputados regionales no han colgado aún en la web de la Asamblea sus declaraciones de bienes -que sí estaban accesibles en la anterior legislatura-, y que navegar por la página de la Comunidad en busca de determinados datos cuesta Dios y ayuda.

El asedio continúa. PAS tiene la chequera, pero no sabe cuánto tiempo le queda y tampoco si la caballería que rescató al mayor Matt Lewis llegará también en su auxilio. De momento, él se mantiene erguido en lo alto del fuerte, y a sus consejeros apenas se les divisa. Está calculado así, pero eso entraña un peligro para el Gobierno y para su presidente. Cuando la NASA comunicó a bombo y platillo que sus ‘rovers’ habían descubierto en la superficie de Marte más agua en estado líquido de la que se estimaba, y las crónicas echaron las campanas al vuelo apuntando que los riachuelos de salmuera fotografiados acercan la posibilidad de asentar allí colonias humanas en el futuro, el geólogo Francisco Anguita rebajó la euforia colectiva con un artículo en ‘La Verdad’ titulado ‘¿Qué hay de nuevo?’, la misma pregunta que la gente podría hacerle a PAS dentro de un año, por ejemplo en uno de esos pósits callejeros, si para entonces el Memorándum del Tajo es aún papel mojado, el Estado maltrata otra vez a la Región con los Presupuestos y a los problemas de más difícil resolución se les sigue dando una patada hacia arriba.

Tener a mano una respuesta para esta pregunta -¿qué hay de nuevo?- es el desafío de PAS para el tiempo que siga al frente del fuerte.