La Verdad

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‘Rock and roll’ en las vías
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Joaquín García Cruz | 12-11-2017 | 12:08

No es solo que el PP quiera darle más peso político a la Delegación del Gobierno con la designación de Francisco Bernabé. Es que se habían roto algunos puentes entre San Esteban y Antonio Sánchez-Solís

Aquel racimo de dátiles sobre la mesa de la Delegación del Gobierno me pasó inadvertido hasta que el anfitrión del almuerzo, Juan Manuel Eguiagaray, me lo señaló con sonrisa chacotera cuando ya nos despedíamos. Eran dátiles argelinos. Felipe González había enviado a Eguiagaray a Murcia como delegado del Gobierno, en 1988, para acercarlo a Argel, donde él y Rafael Vera se reunían discretamente con ETA. Eguiagaray ocupó luego dos carteras ministeriales, y ahora, con la perspectiva que da el tiempo, queda claro que el socialista vasco fue, de largo, el político más sólido que ha pasado por la Delegación del Gobierno, en cuya variopinta galería de retratos figuran inquilinos tan singulares como Eduardo Ferrera Kétterer, causante de roces protocolarios porque nunca se hizo a la idea de que el presidente de la Comunidad Autónoma mandaba más que él; una mujer de armas tomar –la científica Concha Sáenz–, y el dentista personal de Felipe González, Eugenio Faraco. Si nos remontamos a la transición, encontramos incluso al presentador más popular de la TVde los setenta, Federico Gallo, ejerciendo también de gobernador civil en Murcia. De entre los delegados del PSOE, a Rafael González Tovar (2008-2011) le tocó bailar con la más fea, obligado a trasladar a la ciudadanía los éxitos de un Ejecutivo, el de Zapatero, que había derogado el trasvase del Ebro y estaba ya de capa caída, por lo que hubo de emplearse a fondo.

Al arribar el PP a La Moncloa (1996), bajó mucho el nivel de los delegados del Gobierno, que empezaron a ocuparse más de proteger desde el despacho de Teniente Flomesta los logros de Ramón Luis Valcárcel que de ‘vender’ las decisiones del Consejo de Ministros. Los decretos de La Moncloa que favorecían a la Región se atribuían sin disimulo por aquellos obedientes delegados del Gobierno al presidente autonómico, aunque este no tuviera competencias en el asunto a ponderar. Valcárcel era un activo electoral y la orden del partido consistía en mimarlo al máximo para reforzar su progresión ascendente en las urnas. Perfil bajo. Esa era la consigna, que todos acataban disciplinadamente. También hubo delegados que procedían directamente de los gobiernos de Valcárcel, dos de los cuales, Francisco Marqués y Joaquín Bascuñana, pasaron a la reserva con borrones judiciales en sus expedientes por actuaciones que databan de sus etapas de consejeros. La comunicación era fluida, sin obstáculos insalvables en el camino y siempre al servicio del Gobierno regional.

El porqué y el cómo de la destitución
Antonio Sánche z-Solís llegó a la Delegación en el verano de 2015, después de una dilatada carrera funcionarial que alternó con varias direcciones generales y otros cargos de segunda fila en la Comunidad Autónoma. Hombre leal a su partido, en el que echó a volar aupado sobre las alas de Ramón Luis Valcárcel, imprimió a su gestión un carácter menos político aún del que cabía esperar. Tanto que parecía perdido en combate. Sus apariciones públicas fueron contadas, jamás levantó la voz, ni siquiera cuando grupos de radicales atacaron hasta cinco veces las obras del soterramiento del AVE. Más que un delegado del Gobierno, parecía el jefe del gabinete de un delegado del Gobierno. En San Esteban se cree que no estuvo a la altura. No siempre se le localizó a tiempo cuando el presidente lo buscaba. No siempre aportó la información que se le solicitaba con la celeridad requerida. No siempre mandó a las Fuerzas de Seguridad a las vías. Tras instalarse Fernando López Miras en palacio, hace seis meses, la relación de confianza se quebró pronto, hasta el punto que su relevo fue una de las primeras decisiones que adoptó Miras, si bien no la planteó en Madrid hasta esta misma semana, con el fin de que la destitución no se relacionara directamente con el vandalismo en las vías y los escraches casi diarios a altos cargos del PP, incluido el que el propio presidente sufrió en su casa de la huerta. Desde círculos influyentes de Murcia se criticó entonces la pasividad de la Policía, dado que esta actúa bajo las órdenes del delegado del Gobierno. De los puentes rotos entre la avenida Teniente Flomesta y el palacio de San Esteban da cuenta el modo en que se comunicó a Sánchez-Solís su destitución –por teléfono y desde Madrid–, el miércoles pasado por la tarde, apenas unas horas antes de que ‘La Verdad’ adelantara la noticia. Fue Sánchez-Solís quien llamó después a López Miras –y no al revés– para cruzarse una parrafada. También llamó a Valcárcel, su mentor.

El ya exdelegado solicitará la semana próxima su reingreso como letrado de la Comunidad Autónoma, y quizá algún día reaparezca en otro puesto de libre designación. Mantener la lealtad incólume hasta el final suele hallar recompensa en política. Antonio Sánchez-Solís se va agradecido a su partido, pese a todo, a juzgar por lo que aseguran quienes le han ayudado en las últimas horas a digerir el mal trago de un cese que él no esperaba.

Y en eso llegó Bernabé. Su nombramiento garantiza en la Delegación del Gobierno el ‘rock and roll’ que prometió al tomar posesión de la Consejería de Fomento, donde apenas pudo marcarse un aburrido valls. Francisco Bernabé es el delegado del Gobierno que el PP buscaba para lo que resta de legislatura. No parará de ensalzar al presidente López Miras para ayudarle en sus objetivos electorales, no le temblará el pulso para mandar a la Policía cuando lo vea conveniente, pecará de impetuoso en ocasiones (no lo podrá evitar, esto lo lleva en su carga genética), y se dejará la vida en garantizar el desarrollo de las obras del soterramiento y en hacer posible que, entre tanto, nada –y nadie– sabotee la entrada provisional del AVE en superficie. Estará dispuesto a quemarse por la causa. Y tendrá la oportunidad de viajar a Madrid en AVE para tomarse las uvas de 2018 (esta vez, sí), a poco que todo salga como su partido y él mismo prevén que saldrá. Si hace falta, Bernabé sacará el ‘rock and roll’ de la Delegación y lo llevará a las vías, donde ahora se escucha solo la música más calma de Pink Floyd. El mensaje que su compañero en el Congreso Teodoro García lanzó ayer desde su cuenta de Twitter parece premonitorio: «Los que quieren parar el AVE y el futuro de la región de Murcia van a tener enfrente a @bernabepaco. No se lo aconsejo».

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