La Verdad

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Autor: chimolv
Esto no es América, ¿ok?
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Joaquín García Cruz | 02-02-2017 | 11:13| 0

La designación como juez vitalicio del Supremo del ultramontano Neil Gorsuch ha sido la última astracanada de Trump. Gorsuch deshace con su presencia en el más alto tribunal de EE UU el empate numérico entre los magistrados conservadores y los progresistas, lo que garantiza al atrabiliario presidente un parapeto frente a cuantos recursos contra sus decretos ejecutivos lleguen al Supremo. Cualquier juez de distrito puede dejar provisionalmente en suspenso las resoluciones de Trump, pero, cuando los recursos subsiguientes deban sustanciarse en la cúspide de la judicatura, allí estará Neil Gorsuch para echarlos abajo. La decisión de vetar la entrada a los ciudadanos de siete países de confesión islámica, y la de levantar un muro en la frontera con México, por citar solo dos de los antojos del presidente, resultan más mediáticas que la designación de un juez amigo, pero son menos trascendentales -y más peligrosas para la higiene democrática- que el aseguramiento de un Tribunal Supremo sumiso.

La anomalía que implica esta politización de la Administración de Justicia se da también en España. Los partidos se reparten magistraturas en el Consejo General del Poder Judicial, en el Tribunal Constitucional, al que ayer mismo enviaron PP y PSOE desde la Asamblea Regional sus respectivas propuestas para cubrir sendas vacantes (cada una, de su color, claro), y también en los tribunales superiores de Justicia (TSJ) de las comunidades autónomas. La Sala de lo Civil y de lo Penal del TSJ de Murcia, que ayer metió en graves problemas al presidente de la Comunidad Autónoma, adolece de idéntica tacha. De sus tres integrantes, dos son magistrados de carrera (Miguel Pasqual del Riquelme y Julián Pérez-Templado), pero el tercero, Enrique Quiñonero, es un catedrático promovido al TSJ por la Asamblea Regional, que, como sucede en todos los parlamentos, toma sus acuerdos en función de una mayoría política. Del PP, en este caso. Más allá de las consideraciones meramente jurídicas, la decisión de asumir el ‘caso Auditorio’ o devolverlo al juzgado instructor de Lorca era delicada para los tres componentes de la Sala, perfectamente conocedores de su alcance social. Tampoco a ellos se les escapa que mantener en su auto los indicios delictivos apreciados desde Lorca en la fase de instrucción acarrearía consecuencias políticas para la Región, y no solo para la persona de Pedro Antonio Sánchez. La Sala podía haber archivado la exposición razonada, lo que habría salvado el pellejo -definitivamente- de Sánchez. Podía haberle dado una patada adelante, regalándole en tal caso al presidente lo que este más anhela: tiempo para seguir gobernando. Pero la Sala aceptó quedarse con la patata caliente, en una resolución que a muchos habrá sorprendido. Los jueces del TSJ forman parte de una sociedad pequeña y por tanto influenciable, sujeta a presiones de todo tipo, y parecía natural que la extracción política de alguno de sus integrantes diera que pensar. Eran prejuicios: han firmado la resolución más comprometedora para el presidente, que es también la menos acomodadiza para ellos.

En Estados Unidos, cualquiera acertaría hoy qué pasaría si la suerte de Trump cayera en manos del Supremo y de su amigo Gorsuch. Pero la resolución del ‘caso Auditorio’ viene a demostrar que esto no es América, pese a las imperfecciones del sistema y a la necesidad de cambiarlo. Afortunadamente.

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El PSOE ante su historia
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Joaquín García Cruz | 12-01-2017 | 9:26| 0

El PSOE-RM se obstina en reencontrarse con su historia, cainita y electoralmente suicida. Una simple andanada radiofónica contra Susana Díaz no parecía -en ningún caso es- razón suficiente para atacar con mortero al secretario general. Está claro que se la tenían guardada. La embestida de los críticos, ayudada por la reacción ultradefensiva de González Tovar, deja al desnudo la carencia de liderazgo de que adolecen los socialistas en la Región. Lo mismo sucede en España desde que Pedro Sánchez se fue al garete en aquel grotesco Comité Federal del que Fernández Vara salió escondido en el maletero de su coche, pero sería terrible, para el PSOE-RM y para la Región, que una costurera lograra suturar al final la herida en Ferraz, y aquí, sin embargo, hubiera que meter otra vez al partido en un quirófano.

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Dejen las pensiones en paz
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Joaquín García Cruz | 11-01-2017 | 9:24| 0

El copago farmacéutico de los pensionistas debería ser una raya roja, como las recetas de antes, que ningún Gobierno traspasara. Ni crisis ni milongas. A esa provecta edad, las mieses son menos y el gasto en botica, más. Por no hablar de lo que viene. Los veinteañeros y muchos cuarentones de hoy se jubilarán con una pensión miserable, dado que difícilmente podrán reunir el periodo de cotización necesario para disfrutar de un retiro digno. Cierto es que la hucha se agota, porque el mercado laboral está hecho una calamidad, pero sumen ustedes el sueldo que los diputados cesantes cobran por gracia divina, el que perciben muchos políticos inútiles, las fortunas que en la Administración se dilapidan, y lo que algunos roban, y verán que hay más tela donde cortar, antes que tocarle los ‘güevos’ a los pensionistas.

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Quedamos a las seis
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Joaquín García Cruz | 16-12-2016 | 10:01| 0

España se confirmaría como un país ‘different’ si fraguara la sugestiva propuesta de generalizar la conclusión de la jornada laboral a las seis de la tarde. El globo sonda de la ministra de Empleo para lograr un pacto de Estado en este asunto parece más una maniobra de distracción (fue lanzado en la víspera de que el Congreso tumbara la reforma laboral del PP) que un intento sincero de racionalizar los horarios de trabajo y así facilitar la conciliación. Antes de embarcarse en la quimera de echar la persiana casi a la hora de la siesta, España debería recuperar el huso horario de Greenwich (aunque la ley de la Memoria Histórica no haya reparado en que fue Franco quien nos sacó del meridiano), y aplicarse los partidos en alcanzar otros pactos de Estado -educación, agua, corrupción- para los que, hasta hoy, se han mostrado vergonzosamente incapaces.

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Matones
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Joaquín García Cruz | 13-12-2016 | 11:11| 0

El matón (*) de discoteca que mandó a la UCI de un puñetazo a Andrés Martínez, ¿tiene la ESO o similar, un certificado limpio de antecedentes penales, el carné de controlador de acceso y la aptitud necesaria para superar una prueba psicotécnica? No son preguntas retóricas, sino las exigencias mínimas de la ley 2/2011, de 2 de marzo, de admisión en espectáculos públicos, actividades recreativas y establecimientos públicos de la Región de Murcia. Es una ley que se aprobó hace cinco años, pero que, como tantas otras, no se aplica. Asusta imaginar que, de haberse desarrollado, y de haber velado la Administración regional por su cumplimiento, el matón no podría estar donde estaba el domingo por la tarde, y Andrés Martínez tampoco estaría hoy en la UCI. Aterra pensarlo.

(*) Matón, na. Coloq. Hombre jactancioso y pendenciero que procura intimidar a los demás. (RAE)

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