La Verdad

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Quedamos a las seis
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Joaquín García Cruz | 16-12-2016 | 10:01| 0

España se confirmaría como un país ‘different’ si fraguara la sugestiva propuesta de generalizar la conclusión de la jornada laboral a las seis de la tarde. El globo sonda de la ministra de Empleo para lograr un pacto de Estado en este asunto parece más una maniobra de distracción (fue lanzado en la víspera de que el Congreso tumbara la reforma laboral del PP) que un intento sincero de racionalizar los horarios de trabajo y así facilitar la conciliación. Antes de embarcarse en la quimera de echar la persiana casi a la hora de la siesta, España debería recuperar el huso horario de Greenwich (aunque la ley de la Memoria Histórica no haya reparado en que fue Franco quien nos sacó del meridiano), y aplicarse los partidos en alcanzar otros pactos de Estado -educación, agua, corrupción- para los que, hasta hoy, se han mostrado vergonzosamente incapaces.

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Matones
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Joaquín García Cruz | 13-12-2016 | 11:24| 3

El matón (*) de discoteca que mandó a la UCI de un puñetazo a Andrés Martínez, ¿tiene la ESO o similar, un certificado limpio de antecedentes penales, el carné de controlador de acceso y la aptitud necesaria para superar una prueba psicotécnica? No son preguntas retóricas, sino las exigencias mínimas de la ley 2/2011, de 2 de marzo, de admisión en espectáculos públicos, actividades recreativas y establecimientos públicos de la Región de Murcia. Es una ley que se aprobó hace cinco años, pero que, como tantas otras, no se aplica. Asusta imaginar que, de haberse desarrollado, y de haber velado la Administración regional por su cumplimiento, el matón no podría estar donde estaba el domingo por la tarde, y Andrés Martínez tampoco estaría hoy en la UCI. Aterra pensarlo.

(*) Matón, na. Coloq. Hombre jactancioso y pendenciero que procura intimidar a los demás. (RAE)

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La bala del 54
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Joaquín García Cruz | 09-12-2016 | 16:12| 0


El PSOE guardaba en su cartuchera nueva munición contra PAS. Y esta vez no parece palabrería. Es la ley de Transparencia y tiene la apariencia de un proyectil mortífero

Malas noticias. Una pregunta desquiciante se abre paso estos días, cada vez con más fuerza, entre cenáculos políticos de Murcia y Madrid, despachos oficiales, comidas de empresa y reuniones de negocios. ¿Dimitirá Pedro Antonio Sánchez (PAS) si el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) lo llama a declarar como investigado por el ‘caso Auditorio’? Su mera formulación convierte la pregunta en un proyectil dañino, en una bomba de racimo que siembra preocupación entre dirigentes sociales y empresariales, porque una vacancia precipitada en la presidencia de la Comunidad Autónoma sumiría a la Administración en una inevitable parálisis y asestaría un golpe reputacional a la Región. Una crisis es una crisis, por más que en Murcia nos hayamos acostumbrado a los mandatos presidenciales abruptamente interrumpidos.

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Si yo fuera PAS
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Joaquín García Cruz | 03-12-2016 | 02:37| 1

La exigencia ética de la dimisión de un cargo público debe situarse en la apertura del juicio oral, y no en la imputación, de la que ningún gobernante está a salvo en un sistema jurídico como el nuestro, garantista y con acusaciones particulares de por medio. Pero, si yo fuera PAS, dimitiría ya. Es arriesgado siempre ponerse en la piel de otro, y aún más aventurado incrustarse en su cabeza, pero yo haría, si estuviera en su lugar, un cese en diferido. Al recibir la citación del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para declarar como investigado -momento procesal, no antes, en el que estaría técnicamente imputado- organizaría la sucesión con mi partido y los otros 21 diputados del PP en la Asamblea Regional, dado que de entre ellos habría de salir, preceptivamente, el sucesor. Para qué especular con que si Marcos Ortuño, Francisco Jódar, Patricia Fernández o un tapado. Eso da igual ahora, porque sacaríamos del escaño a un presidente que se sabría interino. Mi pacto de caballeros con los míos supondría dejar la jefatura del Gobierno pero mantener el acta parlamentaria, al objeto de poder ser restituido en la presidencia cuando me llegara la absolución o el archivo de la causa.

Esta sucesión ordenada frenaría a los grupos de la oposición -que tienen mayoría de votos en la Cámara- ante la tentación de presentar una moción de censura que desalojaría a mi partido del poder. Mi alejamiento del foco aliviaría también la presión a la que desde ayer se ven sometidos el Gobierno de Rajoy y la dirección nacional del PP, pero, ante todo, atajaría una crisis institucional que a nadie beneficia y que tanto puede perjudicar, a la imagen de Murcia y al devenir mismo de la economía regional. Sería un ejercicio de responsabilidad, probablemente aplaudido por la sociedad. Primero, la Comunidad Autónoma, después, mi partido y, en último lugar, yo.

El siguiente paso sería renunciar a mi condición de aforado, mediante un escrito al juzgado instructor de Lorca y otro a la Sala de lo Penal del TSJ, para que unos y otros resolvieran ante qué instancia debería prestar declaración en tal coyuntura. Ya sin blindaje. Como los otros encausados en este mismo caso. Como el resto de los mortales, en suma. Abdicar de este derecho forma parte también del privilegio inherente al aforamiento.

Llegados a este punto, volcaría la totalidad de mis energías y de mi tiempo en defenderme de las graves imputaciones que manchan hoy mi honor -imputaciones del fiscal y de la juez-, sin quitarle un minuto ni una noche de sueño a la difícil tarea de gobernar. Y esperaría en casa hasta la completa resolución del caso, convencido de que mi inocencia resplandecerá más temprano que tarde y yo recuperaré la presidencia de la que voluntariamente me fui para minimizar los daños colaterales.

Eso haría yo, si fuera PAS, sabedor de que en el terreno jurídico casi todo está por ventilar aún, pero consciente también de que, políticamente, todo parece ya escrito.

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De hienas y mentiras
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Joaquín García Cruz | 25-11-2016 | 20:58| 0

Reescribir la historia equivale muchas veces a falsearla. A Rita Barberá no la quitó el PP de enmedio para protegerla de las hienas, como sostiene Rafael Hernando, sino porque necesitó sacrificarla para que Ciudadanos le dejara formar gobierno. También falta al rigor Hernando cuando pregona a los cuatro vientos que al presidente de Murcia le han interpuesto sus adversarios diez querellas porque no le pueden ganar en las urnas. Y no fueron diez las denuncias, sino quince, según las cuentas que el propio Pedro Antonio Sánchez hizo el día en que trascendió que el fiscal Anticorrupción emplaza al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) a imputarlo por cinco supuestos delictivos en el proceso de adjudicación y construcción del auditorio de Puerto Lumbreras. Quince sumó también el portavoz del PP en la Asamblea Regional, Víctor Manuel Martínez, para terminar de confundir. Pero los tres dirigentes del PP -Rafael Hernando, Pedro Antonio Sánchez y Víctor Manuel Martínez- cuentan mal. Son doce, en realidad, las acciones judiciales a considerar, de las que solo cinco se enmarcan en el ámbito penal y no todas van dirigidas contra él; el presidente suma dos veces una de ellas (como archivada en Lorca y como abierta en el TSJ), y además mete en el saco un recurso contra una causa previamente archivada, amén de incluir en la supuesta persecución a su persona cuatro denuncias ante la Junta Electoral (en 2007) y tres recursos contencioso-administrativos. Solo una de todas ellas -la querella de la Fiscalía- se mantiene viva. Esta es la verdad, como innegable resulta que en el ‘caso Auditorio’ se le imputa por parte del fiscal, con razón o sin ella, tres delitos -malversación, fraude y administración desleal- que se inscriben -sí- en el ámbito de la corrupción política.

El PP no tiene obligación alguna de hacer dimitir a sus cargos públicos por una mera imputación del Ministerio Público, y por ende tampoco a Pedro Antonio Sánchez. Más prudente parece esperar en estos casos a la apertura de juicio oral para consumar una defenestración que podría derivar injusta si llegara una ulterior absolución de los presuntos delitos inicialmente imputados. El problema del PP es que firmó dos pactos con Ciudadanos, uno en Murcia y otro en Madrid, en los que se compromete a promover el cese en el momento de la imputación, no cuando haya condena o se dicte un auto de procedimiento abreviado. Para Pedro Antonio Sánchez, esta hipoteca resulta más gravosa aún, por cuanto dio su palabra de que cesaría si se le imputaba en el ‘caso Auditorio’. Esto es lo cierto. Casi nunca son hienas las que muerden al crédito de las instituciones y de sus gobernantes, sino las mentiras con las que éstos intentan, groseramente, reescribir la historia.

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El ‘topo’ de Torreagüera pasa a la historia
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Joaquín García Cruz | 23-11-2016 | 23:26| 0


Murcia no ha dado grandes políticos que pasen a la historia de la España contemporánea, pero sí espías legendarios encargados de escribirla. Joaquín Gambín, a quien por los calabozos y las alcantarillas del franquismo se conocía por los alias ‘El Grillo’ y ‘César’, aprovechó la muerte -en extrañas circunstancias- de su tío para simular la suya, esquela y entierro incluidos, y reaparecer en el mundo con una identidad nueva. Estaba ya ‘quemado’, después de que la Policía lo reclutara en la cárcel, lo infiltrara en los movimientos anarquistas de Cataluña y después se le vinculara con el atentado que en febrero de 1978 dejó cuatro muertos en la discoteca de Barcelona ‘Scala’.

A la trayectoria de ‘El Lobo’ en ETA, la infiltración más prolongada de la que se tiene noticia en una banda terrorista, solo se le acerca en los anales de los servicios secretos españoles la peripecia de otro espía murciano, José Luis Espinosa Pardo, el ‘topo de Torreagüera’, que estos días ha muerto en su casa de Murcia, a los 90 años. Vivía ya en la indigencia. Pero deja atrás una historia rica en enigmas, personalidades falsas y secretos de Estado.

Trabajó con los alias ‘Gustavo’, ‘Alberto’ y ‘Ahmed’, fue básicamente un confidente de la Policía, un soplón del ‘supercomisario’ Conesa (el más temible jefe de la Brigada Político-Social), delegado murciano en el congreso de Surennes, secretario regional de UGT -que lo ha borrado de sus archivos-, teniente en el Ejército argelino, y un ‘submarino’ de los servicios secretos en los Grapo, el Frac y la III República.

El Tribunal Supremo lo condenó en 1992 por el asesinato frustrado en Argel de Antonio Cubillo, el líder independentista de Canarias, que -según declaró Espinosa en el juicio- le había ordenado planear el Ministerio del Interior, bajo el mandato de Martín Villa.

Yo le entrevisté alguna vez. Siempre presumía de haber sido más listo que los servicios de inteligencia y que los propios militares. De hecho empezó sus fechorías en la Academia General del Aire, donde fue carpintero y montó -eso contaba- un montón de micrófonos ocultos para grabar las conversaciones de los mandos…. y de los ilustres cadetes y oficiales que por allí pasaban.

-¿Y a quién le interesaban esas grabaciones?, le pregunté.

-¿Me vas a pagar tú lo que estoy negociando con John le Carré?

(Era otra mentira, probablemente, de su intrigante vida. U otra verdad a medias).

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‘Quid pro quo’ en Cartagena
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Joaquín García Cruz | 27-10-2016 | 11:36| 1

Tovar plantea ahora en la Asamblea Regional el debate de la provincia de Cartagena, con España sin gobierno y su partido a la deriva, obligado por un pacto con el MC de José López, que a cambio cederá la alcaldía a la socialista Ana Belén Castejón. Es un trueque. Y una imprudencia, que podría alentar el sueño provincialista -legítimo- para luego truncarlo, lo que acarrearía una frustración social que recordaría, si una mecha prendiera, a la concesión arbitraria que Zapatero hizo a los catalanes en 2003. También tiene mucho de postureo sacar el asunto a colación sin que su propio partido haya fijado una posición al respecto, por no señalar la incoherencia que supone dar este paso sin preguntar a los socialistas en los municipios directamente concernidos, cuando eso -la falta de consulta a la militancia en la investidura de Rajoy- lleva estos días a Tovar a enfrentarse con el lucero del alba.

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Tovar, doble salto moral
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Joaquín García Cruz | 19-10-2016 | 06:52| 0

Solo una lectura nacional del dilema existencialista del PSOE, y las urgencias del Comité Federal que este domingo deberá dilucidarlo, explica la negativa de Rafael González Tovar a sentarse con el Gobierno de Pedro Antonio Sánchez para negociar los pactos aprobados por la Asamblea en el debate sobre el estado de la Región. Empecinado en el ‘no es no’, Tovar huye cual gato escaldado de cualquier aproximación gestual al PP, aunque sabe que los pactos que ahora se niega a tomar en consideración responden a un mandato de la Asamblea, que fue la que instó al Gobierno regional a propiciarlos, con el voto a favor -por cierto- de Tovar y sus diputados. El PSRM, que ya ha recibido por esto rapapolvos a izquierda y derecha, arrostra el doble riesgo de verse excluido -en solitario- de los pactos regionales, y en Ferraz condenado a la soledad.

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Un país extraño
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Joaquín García Cruz | 13-10-2016 | 05:56| 1

España es hoy un país extraño, que celebra su fiesta nacional con un Gobierno en funciones y una oposición sin líder, un país en el que los presidentes de Cataluña y País Vasco declinan la invitación del Rey a palacio y en el que se iza una bandera indígena en un edificio municipal de Madrid, un país donde el Ayuntamiento de Badalona rompe ostentosamente una orden judicial y abre sus puertas por negarse a participar de una efeméride cuyos imbéciles al mando confunden -500 años después- con la conmemoración de un genocidio. No estamos ante la España rota que Calvo Sotelo se temía, pese al empeño adanista de revisar la Historia, pero tampoco somos la España cuya identidad colectiva dijo ayer Sarkozy -precisamente ayer- que admira, en una declaración que tenía trampa porque se refería el francés a la siesta y a las ganas de vivir.

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Guillermo
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Joaquín García Cruz | 11-10-2016 | 08:39| 0

Gustaba a Jesús Samper decir que los problemas del Real Murcia se acabarían «cuando la pelotita quiera entrar», y en esto marró. La ‘pelotita’ entró, el equipo subió dos veces a Primera, pero luego bajó a los infiernos y allí perdió mucho más que la categoría deportiva, porque en su caída se dejó el alma y la afección social. La ‘pelotita’ sigue sin entrar, en parte porque la nefasta gestión de la era Samper impide ahora fichar a jugadores de calidad. Tengo la impresión, sin embargo, de que, en el año transcurrido desde que Guillermo Martínez Abarca cogió las riendas, el Real Murcia ha recuperado el favor de su afición, que regresará en masa a la Nueva Condomina cuando la ‘pelotita’ entre, pero que ya vuelve a mirar con cariño a un club -el suyo, el nuestro- que otros habían convertido en una entidad ajena y antipática.

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