El fin de curso se nos ha echado encima como un ladrón en la noche. Sin darnos cuenta, lenta pero seguramente, hiriéndonos con cada hora hasta comprobar que, efectivamente, somos un año más viejos y que no todos hemos aprobado el curso.
Hay quien, como el Murcia, ha perdido el tiempo y, más que avanzar, yo diría que ha retrocedido cambiando la decepción del descenso por la indiferencia de la permanencia.
Hay quien ha hecho los deberes y ha ganado la liga con total autoridad y merecimiento como El Pozo o las chicas del voley y hay quien, más o menos sigue como estaba, en tierra de nadie, con los mismos problemas de siempre y sin aspirar a nada más allá de salvarse en el último partido y conseguir un patrocinador para el próximo curso, como el CB Murcia.
También los hay a los que les tienen manía y no les dejan correr el Tour a pesar de que no está claro qué pecado cometieron al nacer pero que siguen ganando carreras y demostrando su categoría como Alejandro Valverde, que, en septiembre tendrá la oportunidad de graduarse en la Vuelta a España que tanto se le resiste.
En lo que a mí respecta, después de meses contando mi particular visión del deporte he decidido tomarme unas vacaciones, lo de merecidas o no lo dejo a juicio de mis fieles lectores, para disfrutar de mi familia, de mis amigos y de mis libros y pensar qué será de mi vida cuando pasen los calores y haya que volver a dar el callo en el trabajo.
Ha sido un placer escribir y un placer más grande saber de los que me leeis a través de vuestros comentarios. Un abrazo para todos y feliz verano.


