La Verdad

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Autor: Miguel Rubio
¿Héroe o villano?
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Miguel Rubio | 21-01-2017 | 11:31| 2

De la tradición castrense de Mazarrón, el protagonismo lo recupera el general Toral y Velázquez, gracias a los apuntes biográficos que acaba de publicar Juan Romera, miembro de la Real Academia Alfonso X el Sabio y cronista oficial de Puerto Lumbreras. El militar mazarronero (1832-1904) ha pasado a la historia por su participación en la guerra de Cuba y el papel que jugó en la capitulación ante Estados Unidos, y, por tanto, en la pérdida de las últimas colonias. ¿Héroe o villano? Todavía hoy la duda envuelve a la figura de este general de División nacido en los años del ‘boom’ minero de la villa. Para algunos, como el autor del libro, Toral y Velázquez salvó miles de vidas cuando, al constatar que poco se podía hacer ya ante el abrumador dominio del enemigo, intentó conseguir al menos las mejores condiciones para la capitulación. Y la rendición llegó tras la autorización por carta del Gobierno de España. Con todo, tuvo que enfrentarse a las críticas y los reproches de muchos de sus compañeros de filas, que no entendieron su decisión por un mal entendido código de honor. Pocos recordaron entonces el brillante expediente que atesoraba. Es más, a la vuelta de Cuba debió enfrentarse a un juicio, del que salió indemne. Sin embargo, ya nada fue igual. Sintió la indiferencia y el desprecio, que le llevaron a la locura. Acabó sus días ingresado en un manicomio del madrileño barrio de Carabanchel, que todavía hoy sigue en pie, aunque renovado. Para Juan Martínez Acosta, investigador mazarronero, José Toral y Velázquez fue “una víctima, una cabeza de turco. Sobre él recayó parte de la culpa de la pérdida de la guerra del 98. Otros se quitaron de en medio y le dejaron la responsabilidad. Era un buen segundo, pero no un líder”.El general de División Toral y Velázquez.

A Toral y Velázquez le dedicaron una de las principales calles de su pueblo, que luego pasó a denominarse Pintor Agustín Navarro. Hay quien ahora pide que vuelva a recuperar ese honor, tal y como tiene otro militar ilustre, Francisco Gómez Jordana (1852-1918), alto comisario de España en Marruecos, a quien los mazarroneros le regalaron el fajín de general con motivo de su ascenso, y padre de Francisco Gómez Jordana Souza, que también hizo carrera en el Ejército, vicepresidente en el primer gobierno de Franco, ministro de Asuntos Exteriores y diplomático.

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De Cuenca a Murcia
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Miguel Rubio | 18-01-2017 | 6:56| 2

Las miradas de muchos fieles de Cuenca están puestas estos días en Murcia. La imagen de Jesús Nazareno del Puente, una de las más populares de la Semana Santa de esa ciudad castellanomanchega, descansa en la casa-taller de Arturo Serna Gómez, a escasos metros del cine Rex, en pleno centro de la capital. El experto se encarga de la primera restauración en profundidad a la que es sometida la talla religiosa desde que fue esculpida por José Capuz en 1942.  Los trabajos se centran en restañar las ‘heridas’ dejadas por el paso del tiempo, algunas pequeñas intervenciones pasadas, «muchos repintes» y, sobre todo, el vaciado que los carpinteros Pérez del Moral realizaron a la talla en 1951, por encargo de la cofradía. Fue abierta con un corte transversal para aliviarla de peso con el fin de facilitar sus traslados en procesión, según indica el experto. La restauración deberá estar lista para los cortejos de la próxima Semana Santa conquense, declarada de Interés Turístico Internacional. Pero antes la hermandad que custodia al Nazareno del Puente deberá tomar una importante decisión: si la túnica tallada en la obra recupera su policromía original. Serna Gómez ha concluido, tras un minucioso reconocimiento y el análisis de documentación, que es de un violeta grisáceo, un tono muy alejado del marrón que presenta ahora. En definitiva, un cambio radical. De momento, el restaurador sigue a la espera de la postura que adopte la cofradía.

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Esta es la única talla de Capuz en la Semana Santa de Cuenca. El artista valenciano introdujo el lenguaje moderno en la escultura de principios del siglo XX. En la Región dejó un importante legado. Principalmente en la cofradía marraja de Cartagena, que incluye en sus cortejos de Semana Santa varias tallas. En esta ciudad también se conserva el monumento del comandante Villamartín. Otros municipios, como Cieza, Lorca y Alhama de Murcia, también cuentan con imágenes religiosas de Capuz entre su patrimonio.

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Cinco referentes del siglo XX
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Miguel Rubio | 15-12-2016 | 5:47| 2

La Región aportará cinco conjuntos a la salvaguarda y la puesta en valor del patrimonio moderno. Se trata del colegio de EGB Santa María del Carmen (de los proyectista Molina Serrano, Pérez Albacete y Ruipérez Abizanda) y el abandonado complejo residencial de Espinardo (de Enrique Sancho Ruano), ambos en Murcia; los apartamentos Golf Bungalow y Los Miradores, en La Manga Club, del arquitecto Bonet Castellana, y el grupo de viviendas Bungalows II de La Manga (Cartagena), de Corrales y Vázquez Molezún; y, por último, el poblado de colonización La Estacada (Jumilla), de José Luis Fernández del Amo.
Estas construcciones entrarán a formar parte del catálogo más selecto de la arquitectura del siglo XX, que elabora la Fundación Docomomo. Tras superar la criba de una comisión técnica, ahora solo debe cumplirse el trámite formal de recibir el visto bueno del máximo órgano de dicha organización. Será la próxima primavera, y todo apunta a que no podrá reparos. Según lo que ha trascendido de la reunión de dicha comisión de expertos, esos cinco elementos quedarán recogidos en el inventario de Docomomo Ibérico con la máxima categoría. Esto quiere decir que no han sufrido transformaciones irreversibles sobre su estado original. La Región colocará un sexto edificio, aunque en un escalafón inferior (nivel B): la antigua sede de Hefame, en el barrio murciano del Infante Juan Manuel.
La propuesta de estos ejemplos del llamado Movimiento Moderno partió del Colegio de Arquitectos de Murcia (Coamu). El proceso arrancó en 2014, cuando la Fundación Docomomo pidió candidatos porque iba a proceder a una ampliación temporal de su inventario que alcanzaría la década comprendida entre 1965 y 1975. Ahora, el citado archivo documental incluye una veintena de construcciones de la Región levantadas entre principios de los años 30 y mediados de los 60.
La inclusión en este catálogo supone un reconocimiento de primer orden, aunque solo tiene un valor testimonial. Que un edificio aparezca en esa base de datos no asegura su protección. En la Región existen varios ejemplos, como la casa de Miguel Fisac en Isla Plana (Cartagena), irreconocible tras las reformas que realizaron sus últimos propietarios, o la Central Lechera Murciana, de Daniel Carbonell Ruiz, pendiente de que la pala eche abajo este símbolo de la industrialización que vivió Murcia en los sesenta. Con todo, bienvenida sea la catalogación de estos cinco referentes de la arquitectura del siglo pasado (en las imágenes que acompañan a estas líneas), ya que, sin duda, contribuirá a la difusión de un patrimonio cercano pero que pasa inadvertido. Y mientras tanto seguimos a la espera de que la Consejería de Cultura se decida a reunir los ‘monumentos’ del XX en un documento que le otorgue la protección que merecen.

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Un BIC en paradero desconocido
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Miguel Rubio | 10-12-2016 | 10:30| 2

Las esculturas de la villa romana de Los Cantos (Bullas), recuperadas por la Guardia Civil y depositadas en el Museo Arqueológico de Murcia a la espera de lo que dicte un juez de Mula, ya cuentan con la máxima protección, como Bien de Interés Cultural (BIC). Lo curioso del caso es que esa misma declaración también afecta a una cuarta pieza, del citado yacimiento, que sigue en paradero desconocido. De esta forma, la Consejería blinda especialmente esta obra, conocida como ‘Niño de las Uvas’, con el fin de dificultar su venta en el mercado negro, y a la espera de que la investigación que prosigue el Instituto Armado para su localización arroje nuevos resultados. El conjunto escultórico de Los Cantos fue hallado entre los años 1905 y 1909 en el transcurso de los trabajos de excavación realizados por el párroco Juan Bautista Molina. Desde entonces, las piezas habían permanecido desaparecidas, y solo se tenía constancia de ellas por unas fotografías antiguas.
La resolución con la incoación de la declaración de bien cultural apareció publicada el pasado 9 de diciembre en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (Borm). Desde ese día, la protección está plenamente vigente. La propia Consejería ha difundido nuevas instantáneas, que constatan la “excepcional conservación” de estas obras, aunque a una de ellas le falta la cabeza. De hecho, las labores de conservación se limitarán a una simple limpieza.

Las tres esculturas de Los Cantos. / CARM

El expediente publicado en el boletín oficial destaca que las cuatro esculturas-fuente (estaban preparadas para ese uso recreativo) “disponen de una notable coherencia arqueológica, estilística, funcional y cronológica. Formaban parte del mismo programa ornamental del área doméstica de la villa de Los Cantos, y por tanto conforman un conjunto único e indivisible”. Añade la resolución que constituye “un excelente exponente de la plástica provincial de época romana en nuestra región y tiene un extraordinario valor para la investigación, pues son testimonio del modo de vida y de la ideología de sus antiguos posesores y del modo social que lo sostenía”.
Todo ese valor se convertirá en un nuevo atractivo para Bullas. Porque las esculturas regresarán a su lugar de origen, según el compromiso expresado por la Consejería de Cultura. Aún no hay fecha para la devolución, que se plantea “a medio plazo”. Cuando se produzca volverá el debate acerca de la reivindicación que mantienen varios municipios para recuperar obras de arte halladas en sus territorios pero que se exponen fueran de sus fronteras.

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“La arquitectura debe dar felicidad”
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Miguel Rubio | 04-12-2016 | 11:29| 2

Con 86 años, sigue creando. Vitalista, viajero y taurino (“mi padre, que era cirujano, salvó una vez a Manolete”), el arquitecto y pintor Fernando Garrido Rodríguez (Linares, Jaén, 1930) se declara agradecido y emocionado por la exposición que le rinde homenaje, en la sede del Coamu, en Murcia, por su aportación a la modernización de la Región en los años 60 y 70. Un ejemplo: miles de escolares (yo soy uno de ellos) han cursado sus estudios en un prototipo de colegio de EGB que él diseñó; de líneas sencillas, abundante luz natural y fácil y rápido de construir. Se levantaron varias unidades en distintos municipios; por citar uno, el Francisco Caparrós de Mazarrón. Como se puede comprobar en la muestra, todavía hoy, cincuenta años después, algunos de sus proyectos mantienen un toque futurista. Uno de ellos, la estación de autobuses que se iba a levantar en la murciana plaza Circular: una torre redonda con oficinas, hotel y dos pistas para el fácil acceso de los vehículos de pasajeros. Otras ideas sí se materializaron, como la iglesia de los Salesianos de Cabezo de Torres, el colegio Salzillo de Espinardo, la escuela de artes y oficios de Murcia, el club náutico de Santiago de la Ribera, varios edificios de viviendas en Murcia y San Javier, las oficinas del Banco Popular de Cartagena y La Manga y el chalé del ministro Cotorruelo (La Manga), entre otros muchos. Garrido, vinculado a Murcia por su matrimonio con María Artiñano de la Cierva, llegó a la Región en pleno ‘boom’ del desarrollismo que promovieron los tecnócratas en los últimos años del franquismo. Así que le llovieron los proyectos. “Nunca he buscado trabajo; todo me ha venido”, declara a ‘La Verdad’. Aunque tiene una espina clavada: “Echo de menos no haber diseñado una plaza de toros”.
Para Fernando Garrido, que en 1968 recibió el Premio Nacional de Arquitectura por su escuela de artes de Algeciras con forma de caracola, su oficio “debe dar felicidad”. Así que su mayor recompensa es que sus clientes, al cabo del tiempo, le digan: “En tu casa he sido feliz”.
Mirando atrás recuerda que, cuando se ponía manos a la obra, su objetivo era “una renovación total, pensado siempre en el confort de los futuros usuarios de ese edificio”, Y detalla que a la hora de redactar un proyecto lo primero que tenía en cuenta era “el solar, el paisaje y el clima”. “La verdad es que, viendo ahora esas obras, pienso lo mismo que una vez dijo mi amigo José Planes al detenerse a contemplar una de sus esculturas. ‘No creía que lo hacía tan bien'”, comenta el arquitecto.
Lamenta que durante los años del ‘boom’ se construyeron “barbaridades”, y teme que en el futuro se abuse de lo prefabricado. Considera que con La Manga, la Región perdió una oportunidad. “Se urbanizó sin orden alguno. Ahora ya es tarde; es imposible dar una solución”.
Fernando Garrido no para. Lo último que ha llevado al papel es un proyecto ornamental, para el que ya tiene mecenas que lo financien. Me pide que no lo desvele. Lo único que puede decir es que no dejará indiferente a nadie.

[El autor de las fotos es Fernando M. García, comisario de la exposición junto con Edtih Aroca y José María López]

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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