La Verdad

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Autor: mrubio
Abrir las puertas de la arquitectura moderna
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Miguel Rubio | 21-09-2016 | 6:53| 0

El tiempo dirá si la protección del conjunto residencial de Espinardo (1972), del arquitecto Enrique Sancho Ruano, se queda en un gesto de cara a la galería por parte de la Consejería de Cultura. O si, por el contrario, existe un verdadero interés de los responsables de Patrimonio Histórico por abordar, de una vez, la catalogación y conservación de la arquitectura moderna, una asignatura pendiente de la Región. A la espera de que la lista de bienes inventariados se vaya ampliando con más construcciones (que las hay), parece justo reconocer la dedicación de quien ha trabajado por el reconocimiento del patrimonio del siglo XX, olvidado pese a su cercanía en el tiempo. Y si la protección del denominado complejo Francisco Franco (un buen ejemplo de la edificación más innovadora de los últimos años de la dictadura) supone hoy una realidad, se debe al interés y el buen tino de la investigadora María de los Ángeles Muñoz Cosme, quien hace dos años elevó a la Consejería una propuesta para la protección de la iglesia que existe en el recinto de los Altos de Espinardo, argumentando que en su fachada existe un conjunto escultórico del murciano Francisco Toledo Sánchez. La respuesta de Cultura a esa iniciativa fue un ‘no’. Pero se mostró sensible, no cerró del todo la puerta y planteó una posible catalogación de los edificios en su conjunto. Eso es lo que se ha materializado ahora, a través de la figura de bien inventariado, un expediente en el que ha trabajado durante meses el historiador del arte de la Consejería José Francisco López Martínez.
“Me alegro de que mi solicitud haya tenido un efecto mayor del pretendido en un principio”, comenta Muñoz Cosme a través del correo electrónico, a la vez que espera que el conjunto “sea dotado de actividad, evitando su deterioro irremediable”. Desde luego, ese debería ser el siguiente paso. Porque, por desgracia y aunque suene contradictorio, el abandono y los consiguientes daños que acarrea son compatibles con la protección de Cultura. La Región está llena de casos que así lo demuestran. El recinto que diseñó Sancho Ruano ya presenta algunos achaques, como consecuencia de la falta de uso. Pero, en general, se conserva en un aceptable estado, como pudo comprobar ‘La Verdad’ en una visita, de la que se muestran en este artículo varias fotografías de Vicente Vicéns. En ese recorrido también participó el arquitecto y profesor de la UPCT José María López. Él y su compañera de estudio, la también docente Edith Aroca, han contribuido en gran manera a dar a conocer el patrimonio moderno. De hecho, comisariaron una exposición sobre la obra de Sancho Ruano, con el apoyo incondicional del Colegio de Arquitectos de Murcia.
[Por cierto. No estaría de más que la Comunidad Autónoma, propietaria de los inmuebles, organizara alguna visita guiada para mostrar sobre el terreno los motivos que han llevado a la protección del complejo de Espinardo. Porque el primer paso para impulsar la conservación del patrimonio moderno es abrir sus puertas y darlo a conocer]

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“Algunas plazas han muerto de éxito”
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Miguel Rubio | 18-09-2016 | 8:11| 0

Hasta que a principios de los años 70 le encargaron el primer proyecto de calado (el colegio de EGB para las carmelitas del Infante Juan Manuel), al arquitecto Juan Antonio Molina Serrano (Murcia, del barrio del Carmen, 1944) solo le llegaban “pepitos”, un término que en el argot del gremio hace referencia a pequeñas obras “en mitad del campo”. Ahora, casi 45 años después, aquel edificio docente (que también lleva las firmas de Pérez Albacete y Ruizpérez Abizanda) aspira a entrar por la puerta grande en el catálogo de referencia del patrimonio moderno, que confecciona la Fundación Docomomo, por su diseño innovador. Ya jubilado, aunque no desvinculado del todo de la arquitectura, Molina Serrano echa la vista atrás y se siente satisfecho del resultado de sus trabajos, que a diario pisan miles de murcianos y visitantes.

Juan Antonio Molina.

–¿Qué supone para usted que uno de sus primeros edificios figure entre los seleccionados para formar parte del catálogo de Docomomo?
–Reconozco que es un halago enorme. Fue el primer encargo de importancia que recibía, y no era un diseño fácil. Debía ajustarse a las directrices que marcaba la nueva ley de educación, y no existían precedentes. Con la ayuda de un amigo pedagogo tuve que indagar en el libro blanco de la EGB, que rompía con el modelo tradicional de enseñanza, antes de ponerme manos a la obra con el proyecto, que, además, tenía un presupuesto ajustado. El paso del tiempo ha demostrado la funcionalidad y la flexibilidad de este equipamiento docente que, sin grandes reformas, se ha adaptado a los planes de enseñanza que han llegado después.
–¿Está suficientemente valorada y protegida la arquitectura del siglo XX?
–Existe una tendencia que lleva a pensar que todo lo contemporáneo carece del pedigrí necesario para su protección. Todavía hoy arrastramos una resistencia a catalogar un patrimonio cercano en el tiempo; como si no fuera lo suficientemente vetusto. Sin embargo, se empieza a notar un cambio de mentalidad, una mayor sensibilidad por la arquitectura moderna que debe llevar a su protección.
–Durante una década (entre 1988 y 1999) se encargó de varios de los proyectos que cambiaron la imagen urbana de Murcia. ¿Se siente satisfecho de aquel trabajo?
–Como usuario, sí. Mejoramos lo que había sin tocar demasiado y con unos materiales de calidad que han resistido bien. En general, esas actuaciones contribuyeron a tranquilizar los espacios, sacando el tráfico y dando más protagonismo al peatón. En Santa Isabel, que fue el último proyecto, convertimos un secarral en un lugar amable y verde, con la dificultad de que debajo hay un parking.
–¿Tuvo libertad en sus diseños o sufrió alguna injerencia desde los despachos del Consistorio?
–Trabajé con mucha libertad. Mínimamente me decían lo que había que hacer, y la mayoría eran cuestiones técnicas. Hubo alguna resistencia, por ejemplo, a la hora de peatonalizar calles del centro, como el entorno de San Bartolomé. Pero entendieron que había que dejar hacer y que lo que se pretendía era dar soluciones con el objetivo de tranquilizar la ciudad.
–Varios de esos espacios de la capital que usted reformó están ahora en el punto de mira de la polémica por la proliferación de terrazas.
–En esos céntricos espacios públicos debe haber terrazas, porque estas son puntos de encuentro y celebración. Pero la situación se ha descontrolado. Algunas plazas, las más populares, han muerto de éxito colonizadas por lo que parecen casetas de feria, que apenas dejan sitio libre. Me consta que existe una preocupación en el seno del Colegio de Arquitectos. La situación requiere de un estudio detenido.
–¿Qué retos afrontan la arquitectura y el urbanismo? ¿Hacia dónde deben caminar?
–La época de los edificios espectaculares ha pasado, porque ha quedado demostrado que esa arquitectura no es sostenible. Todos queríamos ser muy originales y, al final, hemos creado unas ciudades caóticas. Ahora vamos hacia una arquitectura tranquila y lógica, con edificios de calidad y eficaces. Y, en muchos casos, fijándonos en las construcciones tradicionales, un ejemplo de ahorro de energía y aprovechamiento de recursos.

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Otra vida para el Dos Playas
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Miguel Rubio | 21-06-2016 | 8:40| 0

No siempre los edificios más singulares tienen la oportunidad de disfrutar de una segunda vida. Pero, afortunadamente, este sí parece el caso del antiguo hotel Dos Playas, en Puerto de Mazarrón. Cerrado durante años, ahora los huéspedes han dejado paso a otros inquilinos: las cuadrillas de albañiles, fontaneros y electricistas encargados de acondicionar las instalaciones para su reapertura la próxima primavera. La buena noticia llega por partida doble. Además de reforzar la oferta de alojamientos de un municipio que tiene en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos, los promotores de la iniciativa (el grupo empresarial ElPozo) quieren ser respetuosos con la construcción, recogida en el catálogo de la Fundación Docomomo como una de las obras emblemáticas del patrimonio moderno. Y este interés no solo afectaría a la fachada, sino también a elementos del diseño interior, desde vidrieras a mobiliario de los años 70.

Fachada del hotel, con las terrazas de las habitaciones.

La conservación de este patrimonio arquitectónico es una de las bazas que los inversores disponen para beneficiarse de bonificaciones fiscales a la hora de acometer las obras. Pero, aún así, hay que agradecerles su sensibilidad para que esta ‘joya’ del llamado Movimiento Moderno sobreviva entre tanto desaguisado llevado a cabo a golpe de piqueta. Como ya conté en esta misma sección, el hotel Dos Playas se levantó entre los años 1965 y 1971, frente a la playa de La Ermita. Es un diseño del arquitecto Juan Guardiola Gaya, autor de un buen número de edificios en la fachada marítima de la alicantina playa de San Juan. Los investigadores destacan la solución estética de su fachada a base de la repetición de las terrazas de las habitaciones, ademas de “su contundente horizontalidad” que contrasta con la esbeltez de la torre de apartamentos conocida como el edificio Paula. Me cuentan que lo más probable es que Guardiola recurriera a otros artistas y artesanos de la época para la decoración interior. Asi que conviene estar atentos a la remodelación en marcha, bajo la dirección del arquitecto Pablo Chamizo, para ver qué sorpresas depara.

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La huerta y sus mitos
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Miguel Rubio | 03-06-2016 | 7:28| 0

‘Cinco palmos’ (la exposición que permanece abierta en la sede del Colegio de Arquitectos de Murcia) no es un llanto por la huerta perdida. Más bien, representa una llamada de atención para salvar lo que queda de este entorno agrícola y cultural, transformado a lo largo de doce siglos y que ahora más que nunca se enfrenta al reto de su supervivencia. Aunque ese pulmón verde, que forma parte de las raíces de Murcia, se ha ido adaptando a las necesidades y posibilidades de cada momento, es a partir de los años 80 del siglo XX cuando sufre el depredador avance del ladrillo, a consecuencia de la dispersión de la ciudad, un proceso denominado suburbanización, poniendo en peligro la viabilidad de los usos para los que fue concebida.
‘Cinco palmos’ (el título hace referencia a una medida de longitud empleada tradicionalmente en la huerta; así, por ejemplo, es la anchura de los partidores de las acequias particulares) viene a demostrar, de manera científica, un fenómeno que salta a la vista nada más salir a pasear una tarde de primavera entre tahúllas de hortalizas y cauces de riego: la proliferación de edificaciones a costa de la pérdida de suelo fértil. Solo en los últimos noventa años, las construcciones diseminadas le han dado un bocado de casi 3,5 millones de metros cuadrados a la huerta.

Exposición 'Cinco palmos', en el COAMU. / D. del Castillo

La muestra, comisariada por Marcos Ros Sempere y Fernando M. García Martín, de la Universidad Politécnica de Cartagena, acerca al público en general las conclusiones de una de las líneas de investigación del proyecto ‘Migraciones contemporáneas’. Y, a modo de resumen, viene a desmontar cuatro mitos que pesan sobre los cambios que ha experimentado la huerta de Murcia, como indica el profesor Ros. Por ejemplo, que la ocupación de terreno no ha sido un proceso desordenado y anárquico, sino que ha tenido que ver con unos patrones según las zonas y las épocas de colonización. También, que las regulaciones urbanísticas apenas han tenido incidencia en el fenómeno. O que la reciente crisis económica e inmobiliaria no ha supuesto una ralentización en esta pérdida de suelo productivo. Pero, por encima de todo, y este es el mensaje positivo, aún queda más de la mitad de superficie de la huerta libre de la presión urbanística y edificatoria, eso sí, en bolsas aisladas, por lo que todavía se está a tiempo de salvar este entorno “ancestral e irrepetible” . Eso sí, el tiempo corre en contra, por lo que convendría ponerse ya manos a la obra.
Además de los fríos datos sobre planos, la exposición incluye una proyección con el relato en primera persona de huertanos que han visto cómo ha cambiado el entorno que habitan en el último medio siglo. ‘Cinco palmos’ ha contado con la colaboración de Alfonso Bernal Gallego, Francisco José Bernal Martínez, Dictinio de Castillo-Elejabeytia, Francisco José Galián Torrente, Carlos Pérez Armenteros y Elías Tudela Martínez. La Universidad Politécnica de Cartagena, que figura entre los organizadores, remarca que esta exposición es una prueba de que su ámbito de actuación regional.

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Monda radical
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Miguel Rubio | 25-04-2016 | 3:06| 0

En todo el tiempo que llevo paseando por la huerta en bicicleta (que ya son años), nunca antes había visto una monda (limpieza) de las acequias tan ‘agresiva’ como la acometida a comienzos de esta primavera. Una mañana me sorprendió encontrar incluso una pequeña excavadora dentro del cauce mayor de la Aljufía, no muy lejos del camino de los Silvestres. Y más aún cuando, de la noche a la mañana, no solo desaparecieron las cañas y la basura del fondo, sino también algunos de los chopos que daban sombra. Ahí siguen los troncos talados para quien tenga curiosidad de comprobarlo. Para más ‘inri’, daña a la vista el uso de cemento para consolidar el empedrado de los muros. Los grupos políticos Ahora Murcia y Cambiemos y la asociación conservacionista Huermur también se han percatado de la situación, y el caso está ahora en manos del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil, que tiene una investigación en marcha. Resulta que la monda ‘salvaje’ no solo se han llevado por delante parte de la vegetación de la Aljufía. La Alquibla (la otra acequia mayor, en la margen derecha del río) también ha sufrido lo suyo, según la denuncia de Ahora Murcia. Su portavoz, Alicia Morales, hizo público los destrozos en dos tramos, entre San Ginés y Era Alta y en Nonduermas.

Las acequias mayores beben de la Contraparada para distribuir el agua por toda la huerta de Murcia, a través de una red de 500 kilómetros de canales, que llegan más allá de Santomera y Beniel. Es una obra que cambió el paisaje y aseguró las bases de este pulmón verde que envuelve la capital del Segura. Algunos de sus tramos están protegidos como bien cultural. Pero su importancia en el entorno de nada le ha valido en esta ocasión. Ni la Comunidad Autónoma, ni el Ayuntamiento de Murcia ni la Confederación Hidrográfica se han pronunciado al respecto, hasta ahora. Unos por otros parecen desentenderse, como si no fuera con ellos. Y desde la Junta de Hacendados, que debe velar por el cuidado de los canales de riego, argumentan que algunos árboles han sido cortados porque representaban riesgo para las personas. De otras talas dicen que no saben nada: ni quién las ha ejecutado ni el motivo. En fin, el daño ya está hecho. Así que no estaría de más que alguno de los organismos citados se encargaran de supervisar las mondas, no sea que la próxima vez también se les vaya de las manos.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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