La Verdad

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Categoría: Arquitectura siglo XX
Una tumba rodeada de misterio

Norberto Morales Gallego murió joven. Fue el 29 de junio de 1905, y solo tenía 17 años. Abandonar este mundo a una edad tan temprana era algo habitual en su tiempo. Pero el fallecimiento de este estudiante mazarronero resultó especialmente trágico: un disparo de arma de fuego acabó con su vida, como figura en el registro de defunciones de la parroquia de San Antonio de Padua. Nada se conoce de los detalles que rodearon el suceso. Pero las incógnitas van más allá del óbito. Porque tampoco está claro por qué su padre y sus hermanos le dedicaron una de las tumbas más recargadas del cementerio de Mazarrón. Es fácil reconocerla. A mano izquierda según se accede al camposanto, se distingue por la estructura con dosel, elaborada en hierro, que delimita la sepultura. Lo más curioso es la decoración, a base de elementos florales y cabezas de dragones, aunque hay quien cree se trata de caballitos de mar. El misterio no acaba ahí, ya que el autor de esta pieza fúnebre modernista permanece en el anonimato.

Sí parece estar claro que el joven Norberto creció en una familia, de seis hermanos, sin apuros económicos, que incluso pudo permitirse que iniciara estudios en un instituto de Murcia. Vino al mundo el 27 de diciembre de 1887 en la calle Verdura, una arteria en pleno centro de Mazarrón donde residía la clase adinerada. Sin embargo, desde el alumbramiento su vida estuvo marcada por el infortunio. Su madre, María Jesús Gallego Carvajal, no pudo superar el parto y falleció cuatro días después de fiebre puerperal. Tenía 35 años.

El padre, Norberto Morales Navarro, desempeñó varios oficios, desde tendero a carretero. Pero en el censo electoral de 1893 ya aparece como empresario minero. Estuvo en la cárcel debido a un turbio asunto relacionado con una venta fraudulenta de mineral, según desvela el investigador mazarronero Juan Martínez Acosta. Lo más probable es que Norberto dispusiera de recursos suficientes para dedicarle esa sepultura al hijo que llevaba su nombre  Sin embargo, ¿tenía la sensibilidad artística necesaria para encargar una tumba de esas características? ¿Conocía al artesano que la diseñó? ¿Se dejó asesorar por algún conocido?

Tumba de Norberto Morales; detrás, la sepultura de su hermana María de la Cruz. / PAULA RUBIO

Tumba de Norberto Morales; detrás, la sepultura de su hermana María de la Cruz. / PAULA RUBIO

Martínez Acosta plantea otra posibilidad: que la sepultura corriera a cargo del rico empresario José Esparza Alcaraz, quien un año antes de la muerte del joven Noberto se había casado con su hermana María de la Cruz Morales. Ella apenas sobrevivió dos años al pequeño de la casa. Falleció en 1907 de complicaciones en el parto. Su tumba está detrás de la de Norberto, pero no es tan bella.

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Por amor al arte

Esta vez solo han sido unos balcones decorativos. Pero no por pequeño, el gesto tiene menos valor. Las piezas en cuestión adornaban las ventanas de una vivienda deshabitada de la calle Ramón y Cajal de Alcantarilla, cuyo destino era la demolición a causa de un incendio. La Asociación Histórico Cultural Legado se movilizó para salvar del derribo esos elementos de estilo modernista, realizados en un taller local y que entre los años 1925 y 1945 ornamentaron las fachadas de otras construcciones de la población. Alcantarilla mantiene un rico pasado arquitectónico gracias al poder que alcanzaron un ramillete de familias burguesas a raíz al ‘boom’ industrial de principios del siglo XIX. La llamada de atención de la asociación Legado y el interés mostrado por el Ayuntamiento de Alcantarilla permitieron que esta historia tuviera un final feliz, y ahora esos bellos balcones con formas vegetales están depositados en el Museo Etnológico de la Huerta de Murcia, a la espera de que un día puedan mostrarse al público como parte de alguna colección expositiva.

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Es un nuevo y encomiable logro de Legado, que con poco más de un año de vida ya ha cosechado varios triunfos. Ahí están la protección, como bien inventariado. de la plaza de abastos de Alcantarilla (un proyecto de 1924 del arquitecto José Antonio Rodríguez) y la restauración de Los Arcos de la rambla de Las Zorreras, “probablemente el acueducto más importante de la Región por su antigüedad, ya que es de época musulmana, y sus dimensiones”, indica Alejo García Almagro, responsable del área de Historia, Arqueología y Patrimonio. Él y otras dos personas, Diego Rosique y Paco Rabadán, llevan todo el peso de esta asociación, que cuenta con 300 socios. Y el mérito es mayor si cabe porque Legado no cuenta con presupuesto alguno, ya que ni cobra cuotas a sus simpatizantes ni recibe donaciones.

Legado de Alcantarilla simboliza la creciente preocupación ciudadana por la conservación del patrimonio histórico. En los últimos años, este sentimiento ha fructificado en forma de asociaciones y colectivos que, de manera desinteresada, luchan por conseguir que las administraciones hagan bien su trabajo en lo que respecta a la protección y difusión de nuestra rica herencia cultural. Huermur, la Plataforma del Patrimonio Cultural de Murcia y el colectivo vecinal Mula por su castillo son solo tres ejemplos. Lo suyo sí que es trabajar por amor al arte.

 

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Se vende villa de veraneo con historia

El cambio del siglo XIX al XX marcó el inicio del despegue turístico de Mazarrón. Los primeros veraneantes que llegaron para descansar junto al mar pertenecían a familias adineradas. No podía ser de otra forma en una sociedad marcada por las grandes diferencias entre clases. Muchas de ellas habían hecho negocio con la minería, que entonces vivía una época dorada gracias a la inversión extranjera y a una mano de obra mal pagada. Como recuerda el cronista oficial, Mariano Guillén, en su tesis doctoral ‘Industrialización y cambio social en Mazarrón’, ya en 1881 el Ayuntamiento recibe solicitudes de licencia para levantar viviendas en la playa del Puerto, además de otros equipamientos, como balnearios, con el fin de atender las necesidades de diversión de estos visitantes privilegiados.
Entre aquellas residencias estivales, hoy día destaca una: Villar Mar o Casa Rolandi, como también es conocida. Localizada en pleno paseo marítimo, en la playa del Rihuete, a la altura de la calle Viriato, data de los primeros años treinta del siglo XX. Son dos edificios, entorno a una pequeña zona ajardinada de eucaliptos centenarios, con fachadas de estilo neoclásico y algunos toques modernistas, como la balaustrada que corona el inmueble principal y la escalinata de acceso. En su interior, todavía se conservan algunos pavimentos y mobiliario originales, y recientemente ha recibido un lavado de cara exterior. Villa Mar está protegida por Patrimonio Histórico como bien catalogado. La resolución de noviembre de 2011 destaca que el inmueble “posee una relevancia cultural a todas luces innegable”. Pero la Casa Rolandi no vive ahora sus mejores días. La mayor parte del año permanece cerrada, y sus dueños, afincados en Madrid, buscan nuevos propietarios. La venta la gestiona una inmobiliaria del pueblo. El precio, 730.000 euros.

Fachada principal de Villa Mar. / PAULA RUBIO

En la anterior legislatura, el Ayuntamiento, con Ginés Campillo al frente del equipo de gobierno, quiso hacerse con la finca, con vistas a darle un uso cultural. Incluso se llegó a incluir una partida en los presupuestos para la compra. Pero llegaron nuevas elecciones y con ellas un cambio en la alcaldía. Y en los planes del nuevo Ejecutivo local, liderado Alicia Jiménez, no entra la operación de compra. Cuentan que el precio es elevado, y, además, habría que añadir otros gastos, como el mantenimiento de la propiedad y posibles trabajos de rehabilitación. Villa Mar aguarda tiempos mejores, y quizás nuevos inquilinos. Buena suerte.

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Barrios

La decisiva batalla del Huerto de las Bombas (1706) se desarrolló dentro de los límites del murciano barrio de Santa María de Gracia-San Antonio. Y no muy lejos estuvo el primer campo de fútbol del Real Murcia, en unos terrenos de la calle Torre de la Marquesa donde después se levantó la Cárcel Vieja. Son dos pinceladas de la historia que atesora este céntrico distrito, de unas 12.000 almas, que ahora protagoniza una iniciativa pionera para, contando con la colaboración de sus vecinos, decidir qué retos afronta el barrio de cara al futuro.
Enrique de Andrés y Coral Marín (del estudio Arquitectura de Barrio) han sido los encargados de armar las bases del proyecto, a desarrollar a partir de seis talleres (hasta el mes de mayo) abiertos a los vecinos, colectivos y asociaciones. El primero será este miércoles día 22 (de 17 a 20 horas), en el centro de la mujer de la plaza de Toledo, con el título ‘Conociendo el barrio’.

Una de las calles de Santa María de Gracia, en Murcia. / N. GARCÍA

Una de las calles de Santa María de Gracia, en Murcia. / N. GARCÍA

No solo se trata de que los vecinos descubran el rico pasado de su territorio más cercano; también de que aporten sus recuerdos y experiencias, esto es, “las visiones particulares que completan la historia oficial” de Santa María de Gracia, indica el arquitecto y profesor de la UPCT. Los siguientes talleres avanzarán en otras líneas de actuación gracias también a esa participación social. Por ejemplo, qué zonas son más utilizadas por los jóvenes para su ocio, dónde están las arterias más comerciales o si es necesario tanto espacio para el coche en detrimento del peatón. Las conclusiones permitirán disponer de una radiografía acerca de las posibilidades que ofrece Santa María de Gracia, sus necesidades y cómo afrontar el futuro con el fin de hacerlo más habitable, práctico y confortable para sus moradores En definitiva, se trata de realizar un ejercicio de recuperación de la identidad, “volver a entender el barrio como el exterior de tu casa, reconocerlo como tuyo”, matiza el arquitecto, y, de esta manera, que los vecinos se impliquen de lleno en su desarrollo y en su cuidado. En la experiencia colaborará el Museo de la Ciudad, que se encargará de publicar los resultados. Dicho museo ha emprendido una campaña con vistas a incluir en sus salas la historia de los barrios de Murcia. Enrique de Andrés destaca que el proyecto de Santa María de Gracia es una iniciativa pionera que nace con la idea de ser exportada a otras áreas urbanas.
Y, además, surge en un momento de especial efervescencia en los distritos históricos de Murcia, que tratan de recuperar protagonismo (Santa Eulalia aparece en la pista de despegue) a la vista de la pérdida de población que la mayoría de ellos vienen sufriendo desde hace años, en detrimento de las pedanías y de las nuevas zonas de expansión.

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Ideas para reutilizar

El concurso de ideas para la nueva sede de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación (ETSAE)  de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha sido sensible con las tendencias que asoman en este siglo XXI. Las bases de la convocatoria dan prioridad a la rehabilitación y la reforma de los edificios existentes frente a su demolición. La recuperación y la reutilización se han convertido en señas de identidad de la arquitectura de vanguardia. Así ha quedado de manifiesto, por ejemplo, en la selección de los cinco finalistas de los galardones Mies van der Rohe, de la Unión Europea, y, más recientemente, en el prestigioso Premio Pritzker, que ha recaído en el estudio catalán RCR. De este trío de proyectistas, el jurado destaca su “gran respeto por el pasado […], agregando elementos solo cuando es necesario”, además de la conexión de sus obras con “el paisaje circundante y los valores locales”.
Dar prioridad a la conservación de los dos edificios que acogen las principales dependencias de la ETSAE ha sido un empeño colectivo de la comisión encargada de redactar las bases y del profesor y actual vicerrector Marcos Ros, consciente de que la sostenibilidad (unas de las competencias que desempeña dentro del equipo directivo de la UPCT) tiene mucho que ver con el aprovechamiento de lo existente, con darle una segunda vida a los recursos disponibles. Y ello pese a que los inmuebles sobre los que se proyectan las futuras instalaciones no cuentan con una protección especial. Ambas construcciones se levantaron a mediados del siglo pasado en el Ensanche de Cartagena, dentro de una manzana urbana que hoy se conoce como el campus de Alfonso XIII. Uno de los bloques funciona como sede institucional de la Escuela; el otro se conoce como Nave de motores, y es el más interesante de las dos desde el punto de vista constructivo. En su ejecución se emplearon vigas prefabricadas de hormigón en celosía, datadas a finales de los años 50, utilizando una técnica innovadora en aquel momento en el país.Una cubierta en diente de sierra y la iluminación natural cenital ofrecen un espacio diáfano “de gran flexibilidad y riqueza visual”, según aparece en la convocatoria.

Uno de los edificios de la Escuela de Arquitectura objetos de la reforma. / UPCT

Con estos mimbres, los concursantes tendrán que aportar las soluciones que permitan integrar “de la manera más unitaria posible” los dos edificios, y dotar así a la Escuela (800 alumnos, 90 profesores y once grupos de investigación) de “una personalidad única, frente a la actual situación de dispersión”. De la criba se encargará un jurado formado por representantes de la Politécnica, los colegios profesionales y el Ayuntamiento, además de los arquitectos Victoria Acebo García, Juan Domingo Santos, Víctor López Cotelo, Carlos Quintáns Eiras, Eva Prats Güerre y José Morales Sánchez. Hasta el 5 de mayo permanecerá abierto el plazo de entrega. El ganador contará con un presupuesto de 6 millones de euros para materializar su propuesta.

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Cinco referentes del siglo XX

La Región aportará cinco conjuntos a la salvaguarda y la puesta en valor del patrimonio moderno. Se trata del colegio de EGB Santa María del Carmen (de los proyectista Molina Serrano, Pérez Albacete y Ruipérez Abizanda) y el abandonado complejo residencial de Espinardo (de Enrique Sancho Ruano), ambos en Murcia; los apartamentos Golf Bungalow y Los Miradores, en La Manga Club, del arquitecto Bonet Castellana, y el grupo de viviendas Bungalows II de La Manga (Cartagena), de Corrales y Vázquez Molezún; y, por último, el poblado de colonización La Estacada (Jumilla), de José Luis Fernández del Amo.
Estas construcciones entrarán a formar parte del catálogo más selecto de la arquitectura del siglo XX, que elabora la Fundación Docomomo. Tras superar la criba de una comisión técnica, ahora solo debe cumplirse el trámite formal de recibir el visto bueno del máximo órgano de dicha organización. Será la próxima primavera, y todo apunta a que no podrá reparos. Según lo que ha trascendido de la reunión de dicha comisión de expertos, esos cinco elementos quedarán recogidos en el inventario de Docomomo Ibérico con la máxima categoría. Esto quiere decir que no han sufrido transformaciones irreversibles sobre su estado original. La Región colocará un sexto edificio, aunque en un escalafón inferior (nivel B): la antigua sede de Hefame, en el barrio murciano del Infante Juan Manuel.
La propuesta de estos ejemplos del llamado Movimiento Moderno partió del Colegio de Arquitectos de Murcia (Coamu). El proceso arrancó en 2014, cuando la Fundación Docomomo pidió candidatos porque iba a proceder a una ampliación temporal de su inventario que alcanzaría la década comprendida entre 1965 y 1975. Ahora, el citado archivo documental incluye una veintena de construcciones de la Región levantadas entre principios de los años 30 y mediados de los 60.
La inclusión en este catálogo supone un reconocimiento de primer orden, aunque solo tiene un valor testimonial. Que un edificio aparezca en esa base de datos no asegura su protección. En la Región existen varios ejemplos, como la casa de Miguel Fisac en Isla Plana (Cartagena), irreconocible tras las reformas que realizaron sus últimos propietarios, o la Central Lechera Murciana, de Daniel Carbonell Ruiz, pendiente de que la pala eche abajo este símbolo de la industrialización que vivió Murcia en los sesenta. Con todo, bienvenida sea la catalogación de estos cinco referentes de la arquitectura del siglo pasado (en las imágenes que acompañan a estas líneas), ya que, sin duda, contribuirá a la difusión de un patrimonio cercano pero que pasa inadvertido. Y mientras tanto seguimos a la espera de que la Consejería de Cultura se decida a reunir los ‘monumentos’ del XX en un documento que le otorgue la protección que merecen.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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