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Categoría: Calasparra
Edificios con fotogenia

Arquitectura y fotografía se dan la mano en un viaje, a lo largo de cuatro décadas del siglo XX, por un país que despertaba a un nuevo tiempo. Una exposición incluida en el festival PhotoEspaña 2014, abierta al público hasta el 7 de septiembre en el Museo ICO de Madrid, reflexiona acerca de cómo los profesionales de la cámara contribuyeron con su trabajo a consolidar las vanguardias que cambiaron estéticas y formas en la edificación.
‘Fotografía y arquitectura moderna (1925-1965)’, con 250 imágenes de 40 fotógrafos, hace un sitio a dos representantes de la Región. De un lado, el arquitecto calasparreño Emilio Pérez Piñero; de otro, el fotógrafo Cristóbal Portillo Robles. Del primero, la muestra recoge una instatánea de 1965, de autor desconocido, que inmortaliza una prueba de montaje de sus famosas cúpulas desplegables y móviles en su localidad natal. Del estudio del segundo se ofrecen tres imágenes: el Edificio Girasol (Madrid, 1964); el colegio Retamar  (Madrid, 1967) y el Centro Nacional de Estudios Visuales (Madrid, 1969).
A Pérez Piñero, un accidente de tráfico truncó su brillante carrera cuando solo contaba con 41 años. Sus estructuras, empleadas para cubrir grandes espacios, llamaron la atención incluso de la NASA, que pensó en el proyectista murciano para levantar una base en la Luna. El surrealista Salvador Dalí también lo fichó para la cúpula de su museo de Figueras. La instantánea que se incluye en la exposición del Museo ICO corresponde al montaje de prueba, en el huerto de Pérez Piñero, del teatro transportable que le encargó el Ministerio de Información y Turismo de Manuel Franga para acoger festivales folclóricos durante los meses de verano por todo el país, según explican desde la fundación que lleva el nombre del arquitecto calasparreño. Esta cubierta se instaló por primera vez en la plaza de María Pita de La Coruña.
En cuanto al fotógrafo Cristóbal Portillo Robles, nacido en Murcia en 1897, desarrolló su carrera profesional en Madrid. Formado en París, en 1920 ganó una oposición para fotógrafo de la aviación, y fue destinado a la Escuela de Pilotos de Getafe. Portillo compatibilizó los encargos profesionales independientes para particulares, bancos, ministerios y empresas con su faceta como redactor gráfico en medios como ‘Hoja del Lunes’ y ‘ABC’. Llevó a cabo una inmensa tarea de documentación social en Madrid.

Edificio Girasol, fotografiado por Portillo.

Casi un millón de fotografías forman su archivo, que incluye imágenes de las calles y edificios de la ciudad, retratos de políticos, artistas y miembros de la alta sociedad. Desarrolló también una extensa colaboración en el ámbito de la arquitectura, realizando reportajes para Ortiz-Echagüe y Echaide, Haro Piñar, Moreno Barberá y Coderch, entre otros, y para empresas constructoras como Urbis, Jotsa o Entrecanales y Távora.
La exposición no pretende presentar los mejores proyectos del Movimiento Moderno. El arquitecto y fotógrafo Iñaki Bergera, comisario de la muestra, aclara que se trata de reflexionar sobre el papel que la fotografía y los fotógrafos ejercieron en el devenir de la arquitectura. «El carácter revolucionario que trajo la vanguardia moderna –afirma– encontró en la fotografía el instrumento oportuno para proceder a su difusión mediática y propagandista».

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El amigo calasparreño de Dalí

Salvador Dalí, de cuya muerte se cumplen 25 años, está enterrado en su museo de Figueras (Gerona) bajo la cúpula poliédrica que diseñó su gran amigo Emilio Pérez Piñero. El arquitecto calasparreño y el pintor surrealista se dispensaron una admiración mutua, pese a que su relación apenas duró tres años. El proyectista murciano, uno de los pocos arquitectos españoles que han obtenido el premio Auguste Perret, considerado el ‘Nobel’ de esta profesión, murió unos días antes de cumplir los 37 años, en un accidente de tráfico cuando regresaba, precisamente, de una de sus visitas a Dalí, en su casa de Cadaqués, para ultimar los detalles del museo. La trágica noticia supuso un fuerte impacto para el pintor de los relojes blandos. Al entierro envió un ramo de flores diseñado por él mismo.
Desde bien joven, Pérez Piñero prometía. Con solo 25 años, ganó el IV Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, en Londres, con una de sus fabulosas estructuras desplegables. A partir de ese momento, su carrera fue fulgurante, y los encargos le llegaron incluso de la Nasa. Como recuerda la investigadora María del Carmen Pérez Almagro, en su tesis doctoral ‘Estudio y normalización de la colección museográfica y del archivo de la Fundación Emilio Pérez Piñero’, fue el visionario ingeniero estadounidense Buckminster Fuller uno de los que aconsejaron a Dalí que contara con el arquitecto murciano para su museo. “Realiza cosas que yo no sabría hacer”, le dijo. Fuller ya lo conocía, pues fue uno de los miembros del jurado que premió a Pérez Piñero en el certamen internacional celebrado en la capital del Reino Unido.
Según la investigación de Pérez Almagro, en 1970, Dalí dio una rueda de prensa en París para anunciar que el proyectista calasparreño sería el encargado de coronar su museo. En septiembre de 1971, comienzan los trabajos de construcción de la estructura, en Calasparra, y en marzo de 1972 se inician las obras en el propio museo para colocar la cúpula. Pérez Piñero no la pudo ver acabada. Fue su hermano José María, ingeniero industrial, el que la terminó, ayudado por su sobrino Emilio Pérez Belda, hijo del arquitecto.

Dalí y Pérez Piñero fotografiados por Marc Lacroix en París. / Fundación Emilio Pérez Piñero

No fue el único proyecto en el que los dos genios trabajaron juntos. Dalí también le encargó una vidriera hipercúbica para cerrar la embocadura del escenario del museo de Figueras. Los primeros en ver la maqueta fueron los vecinos del arquitecto, en la discoteca DONE. Después, Pérez Piñero y Dalí la presentaron en París. Con ella se fotografiaron bajo la Torre Eiffel. La pieza no pudo concluirse, debido a la repentina desaparición del arquitecto. “La sola cúpula y la vidriera del museo de Figueras atraerán más turistas que todas las promociones que se puedan hacer en nuestra Costa Brava”, llegó a decir el pintor de la obra de su amigo.
Ambos también soñaron con una urbanización en el Golfo de Rosas a base de cúpulas-diamantes, con forma de erizo de mar. La maqueta fue un regalo de Pérez Piñero a Gala Eluard, musa y esposa de Dalí.
Si le interesa la obra del arquitecto puede visitar la sede de su fundación en Calasparra, donde se conservan objetos, fotografías y maquetas. Y en cuanto a Dalí, el Museo Arqueológico de Murcia muestra, hasta el 27 de abril, una exposición, con 130 instantáneas realizadas por el fotográfo Robert Descharnes, centrada en la vida del artista en Cadaqués.

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Pérez Piñero y la NASA

Ahora que la NASA quiere cultivar nabos y albahaca en la Luna, me viene a la mente el nombre de Emilio Pérez Piñero. El arquitecto calasparreño, premio Auguste Perret, el ‘Nobel’ de esta profesión, fue fichado, en los años sesenta del pasado siglo, por la agencia aeroespacial de Estados Unidos para que diseñara unos invernaderos que iban a ser montados en el satélite de la Tierra con el fin de realizar experimentos botánicos. Como recuerda María del Carmen Pérez Almagro, investigadora de la Fundación Pérez Piñero, el arquitecto recibió por carta, a través de su amigo el proyectista Félix Candela, el encargo y un plano de la Luna, y se puso manos a la obra. Realizó la maqueta y las pruebas de resistencia, pero entonces la NASA le comunicó que “tenía dificultades económicas para llevar a cabo este proyecto, y no se ejecutó finalmente”.

Emilio Pérez Piñero, en 1961, con una de sus maquetas.

 

Pérez Piñero fue un adelantado a su tiempo. Pero su prometedora carrera se vio truncada por su prematura muerte. Falleció el 8 de julio de 1972, a los 37 años de edad, en un accidente de tráfico en Castellón cuando regresaba de una de sus visitas a Salvador Dalí. El arquitecto y el extravagante artista fueron muy amigos. El pintor de los relojes blandos le encargó la cúpula de su teatro museo de Figueres y ambos soñaron con un proyecto urbanístico en la costa de Cadaqués.

La carrera del arquitecto calasparreño despegó cuando todavía no había terminado sus estudios. En 1961, con 26 años, ganó el VI Congreso Internacional de la Unión de Arquitectos, celebrado en Londres, por un diseño de un teatro ambulante. Pérez Piñero, que junto a Isaac Peral y Juan de la Cierva forman el trío de inventores más destacados que ha dado la Región, se hizo famoso por sus estructuras ligeras, transportables y fáciles de montar empleadas para cubrir grandes espacios. Entre sus obras, destacan la carpa para albergar la exposición ‘España 64. XXV Años de Paz’; el teatro transportable para acoger los festivales de España y la cúpula para Cinerama.

Emilio Pérez Belda, junto a una de las piezas de su padre.

Su arquitectura móvil y que no requiere de grandes inversiones mantiene su vigencia en estos momentos de crisis cuando se tiende a unos proyectos más respetuosos y sostenibles. Recientemente, la obra de Pérez Piñero protagonizó un encuentro internacional de expertos en Sevilla. Y hoy, martes, su hijo, Emilio Pérez Belda participa en un coloquio internacional, en México, sobre construcción de cubiertas arquitectónicas, con una conferencia en la que abordará las estructuras realizadas para la NASA y para la Armada estadounidense (Navy). Si le interesa la obra de este genio, puede visitar Calasparra, donde está la fundación que lleva su nombre. Aquí dejo algunas claves para aprovechar mejor la excursión. Buen viaje.

 

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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