La Verdad

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Categoría: Cartagena
Seis de cien

Seis entre los cien mejores. La huerta de Murcia, el Valle de Ricote, los arrozales de Calasparra, la rambla de Nogalte (Puerto Lumbreras), el sistema defensivo de la bahía de Cartagena y la sierra minera de Cartagena-La Unión. Son los paisajes culturales que representan a la Región en una cuidada selección que pretende acercar a los ciudadanos estos territorios protegidos de la geografía española surgidos de la interacción entre el hombre y el medio natural. La iniciativa ‘Narrando paisajes’ ha partido del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), que ha creado una plataforma ‘online’ (www.100paisajes.es) para mostrar una diversidad de espacios modelados a lo largo del tiempo por actividades tan distintas como la agricultura, los asentamientos urbanos, la defensa del territorio, la industria o el comercio. A través de vídeos grabados mediante drones, artículos, fotografías, escenas de películas y registros históricos, entre otros materiales, es posible cruzar el país para conocer, a golpe de clic, unos enclaves únicos. Estos cien paisajes culturales se reparten en cuatro categorías: agrícolas, ganadores y forestales; simbólicos, industriales y urbanos, históricos y defensivos. La Región ha colado seis parajes en tres de las clasificaciones. El portal destaca especialmente el paisaje minero de Cartagena-La Unión, sin olvidar el valor inmaterial de sus cantes de Levante. Y entre la información disponible en este apartado llaman la atención unas fotografías aéreas, desde 1928, que permiten apreciar cómo se produjo el colapso de la bahía de Portmán (ahora en pleno proceso de recuperación ambiental) debido a los vertidos de estériles. No muy lejos, la naturaleza y la mano del hombre se unieron para convertir la bahía de Cartagena en una plaza fuerte casi inexpugnable. Una visión más amable ofrecen los arrozales de Calasparra: Con una superficie de cultivo de 2.500 hectáreas, entre las cuencas de los ríos Segura y Mundo, las condiciones climáticas e hídricas dan como resultados un grano con denominación de origen y una estampa verde única. Del Valle de Ricote esta cuidada selección destaca su fisonomía: “un auténtico oasis entre montañas semidesérticas”. Puerto Lumbreras sobresale por su sabiduría para aprovechar los recursos de la rambla de Nogalte, en un territorio castigado por la sequía. Y en cuanto a la huerta de Murcia (que también incluye a Alcantarilla, Beniel y Santomera) su pasado musulmán se mantiene vivo, a duras penas, entre acequias, norias, molinos y tahúllas de cultivo. ‘Narrando paisajes’ toca los sentidos. Acceda y disfrute.

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Ideas para reutilizar

El concurso de ideas para la nueva sede de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación (ETSAE)  de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha sido sensible con las tendencias que asoman en este siglo XXI. Las bases de la convocatoria dan prioridad a la rehabilitación y la reforma de los edificios existentes frente a su demolición. La recuperación y la reutilización se han convertido en señas de identidad de la arquitectura de vanguardia. Así ha quedado de manifiesto, por ejemplo, en la selección de los cinco finalistas de los galardones Mies van der Rohe, de la Unión Europea, y, más recientemente, en el prestigioso Premio Pritzker, que ha recaído en el estudio catalán RCR. De este trío de proyectistas, el jurado destaca su “gran respeto por el pasado […], agregando elementos solo cuando es necesario”, además de la conexión de sus obras con “el paisaje circundante y los valores locales”.
Dar prioridad a la conservación de los dos edificios que acogen las principales dependencias de la ETSAE ha sido un empeño colectivo de la comisión encargada de redactar las bases y del profesor y actual vicerrector Marcos Ros, consciente de que la sostenibilidad (unas de las competencias que desempeña dentro del equipo directivo de la UPCT) tiene mucho que ver con el aprovechamiento de lo existente, con darle una segunda vida a los recursos disponibles. Y ello pese a que los inmuebles sobre los que se proyectan las futuras instalaciones no cuentan con una protección especial. Ambas construcciones se levantaron a mediados del siglo pasado en el Ensanche de Cartagena, dentro de una manzana urbana que hoy se conoce como el campus de Alfonso XIII. Uno de los bloques funciona como sede institucional de la Escuela; el otro se conoce como Nave de motores, y es el más interesante de las dos desde el punto de vista constructivo. En su ejecución se emplearon vigas prefabricadas de hormigón en celosía, datadas a finales de los años 50, utilizando una técnica innovadora en aquel momento en el país.Una cubierta en diente de sierra y la iluminación natural cenital ofrecen un espacio diáfano “de gran flexibilidad y riqueza visual”, según aparece en la convocatoria.

Uno de los edificios de la Escuela de Arquitectura objetos de la reforma. / UPCT

Con estos mimbres, los concursantes tendrán que aportar las soluciones que permitan integrar “de la manera más unitaria posible” los dos edificios, y dotar así a la Escuela (800 alumnos, 90 profesores y once grupos de investigación) de “una personalidad única, frente a la actual situación de dispersión”. De la criba se encargará un jurado formado por representantes de la Politécnica, los colegios profesionales y el Ayuntamiento, además de los arquitectos Victoria Acebo García, Juan Domingo Santos, Víctor López Cotelo, Carlos Quintáns Eiras, Eva Prats Güerre y José Morales Sánchez. Hasta el 5 de mayo permanecerá abierto el plazo de entrega. El ganador contará con un presupuesto de 6 millones de euros para materializar su propuesta.

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Cultura y los faros

La pelota está en el tejado de la Dirección General de Bienes Culturales. El ‘Catálogo de faros con valor patrimonial de España‘ destaca el “relevante interés” social, histórico y arquitectónico de 130 de las 190 torres de señalización marítima del país. La Región coloca tres de sus siete faros en uso en este selecto club: Cabo de Palos, islote de Escombreras y Portmán. Deja fuera los de Águilas, Mazarrón, Cabo Tiñoso y El Estacio (aunque sin explicar los motivos), y se olvida por completo del faro de isla Hormiga, que sí citan otras guías. El inventario, asumido por el Instituto de Patrimonio Cultural de España, una institución que dirige el arquitecto murciano Alfonso Muñoz Cosme, hace una llamada de atención acerca de la importancia de salvaguardar estos elementos del patrimonio industrial. Aunque en buen estado de conservación, Cabo de Palos, Escombreras y Portmán no aparecen en la relación de inmuebles protegidos de la Consejería de Cultura, según advierte la propia investigación. Un mensaje a navegantes al que debería dar respuesta el departamento de Noelia Arroyo.
Sobre los faros se sustentó el despegue económico de mediados del XIX. De hecho, los tres citados ya aparecían en el plan estatal del año 1847, cuya redacción coincidió con la llegada a España de la Revolución Industrial. “En muchas ocasiones se colocaban a petición de diversos colectivos locales bien porque se precisaba señalizar un puerto -lugar de intercambio de mercancías-, o bien para advertir de accidentes orográficos. Ayudaban a la navegación, favoreciendo la exportación de productos o materias primas, principalmente el mineral”, argumenta Santiago Sánchez, profesor de la Universidad del País Vasco y responsable del catálogo.

Faro de Cabo Tiñoso, en pleno espacio protegido. / PABLO SÁNCHEZ

La importancia de esta red de infraestructuras luminosas no es solo histórica.También tiene un potencial turístico. De hecho, el estudio remarca que “son visitables con facilidad” y recomienda que sean incluidos en una ruta temática. Una oportunidad que la Región no debería desperdiciar. ¿Quién da el primer paso?.

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De Cuenca a Murcia

Las miradas de muchos fieles de Cuenca están puestas estos días en Murcia. La imagen de Jesús Nazareno del Puente, una de las más populares de la Semana Santa de esa ciudad castellanomanchega, descansa en la casa-taller de Arturo Serna Gómez, a escasos metros del cine Rex, en pleno centro de la capital. El experto se encarga de la primera restauración en profundidad a la que es sometida la talla religiosa desde que fue esculpida por José Capuz en 1942.  Los trabajos se centran en restañar las ‘heridas’ dejadas por el paso del tiempo, algunas pequeñas intervenciones pasadas, «muchos repintes» y, sobre todo, el vaciado que los carpinteros Pérez del Moral realizaron a la talla en 1951, por encargo de la cofradía. Fue abierta con un corte transversal para aliviarla de peso con el fin de facilitar sus traslados en procesión, según indica el experto. La restauración deberá estar lista para los cortejos de la próxima Semana Santa conquense, declarada de Interés Turístico Internacional. Pero antes la hermandad que custodia al Nazareno del Puente deberá tomar una importante decisión: si la túnica tallada en la obra recupera su policromía original. Serna Gómez ha concluido, tras un minucioso reconocimiento y el análisis de documentación, que es de un violeta grisáceo, un tono muy alejado del marrón que presenta ahora. En definitiva, un cambio radical. De momento, el restaurador sigue a la espera de la postura que adopte la cofradía.

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Esta es la única talla de Capuz en la Semana Santa de Cuenca. El artista valenciano introdujo el lenguaje moderno en la escultura de principios del siglo XX. En la Región dejó un importante legado. Principalmente en la cofradía marraja de Cartagena, que incluye en sus cortejos de Semana Santa varias tallas. En esta ciudad también se conserva el monumento del comandante Villamartín. Otros municipios, como Cieza, Lorca y Alhama de Murcia, también cuentan con imágenes religiosas de Capuz entre su patrimonio.

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Cinco referentes del siglo XX

La Región aportará cinco conjuntos a la salvaguarda y la puesta en valor del patrimonio moderno. Se trata del colegio de EGB Santa María del Carmen (de los proyectista Molina Serrano, Pérez Albacete y Ruipérez Abizanda) y el abandonado complejo residencial de Espinardo (de Enrique Sancho Ruano), ambos en Murcia; los apartamentos Golf Bungalow y Los Miradores, en La Manga Club, del arquitecto Bonet Castellana, y el grupo de viviendas Bungalows II de La Manga (Cartagena), de Corrales y Vázquez Molezún; y, por último, el poblado de colonización La Estacada (Jumilla), de José Luis Fernández del Amo.
Estas construcciones entrarán a formar parte del catálogo más selecto de la arquitectura del siglo XX, que elabora la Fundación Docomomo. Tras superar la criba de una comisión técnica, ahora solo debe cumplirse el trámite formal de recibir el visto bueno del máximo órgano de dicha organización. Será la próxima primavera, y todo apunta a que no podrá reparos. Según lo que ha trascendido de la reunión de dicha comisión de expertos, esos cinco elementos quedarán recogidos en el inventario de Docomomo Ibérico con la máxima categoría. Esto quiere decir que no han sufrido transformaciones irreversibles sobre su estado original. La Región colocará un sexto edificio, aunque en un escalafón inferior (nivel B): la antigua sede de Hefame, en el barrio murciano del Infante Juan Manuel.
La propuesta de estos ejemplos del llamado Movimiento Moderno partió del Colegio de Arquitectos de Murcia (Coamu). El proceso arrancó en 2014, cuando la Fundación Docomomo pidió candidatos porque iba a proceder a una ampliación temporal de su inventario que alcanzaría la década comprendida entre 1965 y 1975. Ahora, el citado archivo documental incluye una veintena de construcciones de la Región levantadas entre principios de los años 30 y mediados de los 60.
La inclusión en este catálogo supone un reconocimiento de primer orden, aunque solo tiene un valor testimonial. Que un edificio aparezca en esa base de datos no asegura su protección. En la Región existen varios ejemplos, como la casa de Miguel Fisac en Isla Plana (Cartagena), irreconocible tras las reformas que realizaron sus últimos propietarios, o la Central Lechera Murciana, de Daniel Carbonell Ruiz, pendiente de que la pala eche abajo este símbolo de la industrialización que vivió Murcia en los sesenta. Con todo, bienvenida sea la catalogación de estos cinco referentes de la arquitectura del siglo pasado (en las imágenes que acompañan a estas líneas), ya que, sin duda, contribuirá a la difusión de un patrimonio cercano pero que pasa inadvertido. Y mientras tanto seguimos a la espera de que la Consejería de Cultura se decida a reunir los ‘monumentos’ del XX en un documento que le otorgue la protección que merecen.

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El futuro llegó con Garrido

A mediados de la década de los 60 del siglo XX, todo estaba por hacer. El país trataba de sacudirse los años grises y las estrecheces de la autarquía impuesta por el régimen de Franco. En la sociedad empezaba a aflorar una necesidad de cambio, de pasar esa página oscura, y la Región, pese al lastre de su provincianismo, no escapó al fenómeno. Una exposición (que se podrá visitar durante todo el mes de diciembre en el Colegio de Arquitectos de Murcia) retrocede medio siglo en el tiempo con el fin de recuperar una parte de esa historia de la mano del proyectista Fernando Garrido Rodríguez (Linares, Jaén, 1930), que aportó su grano de arena para que Murcia también se asomara a la modernidad.
Aunque jienense de cuna, Garrido Rodríguez montó estudio en la capital murciana nada más acabar sus estudios en Madrid, en 1960. Su matrimonio con María Artiñano de la Cierva, biznieta del ministro Juan de la Cierva Peñafiel y actual camarera de la Virgen de la Fuensanta, le trajo hasta la Región, y, también, le abrió puertas. El ‘boom’ del desarrollismo, impulsado por los tecnócratas de la dictadura, le sonrió. En la Región, entonces, eran pocos los arquitectos (él se colegió con el número 6) y los proyectos llovieron en su despacho. Fernando Garrido diseñó viviendas, centros educativos, equipamientos recreativos, chalés, sedes bancarias, iglesias y conventos.
No todos se ejecutaron. Sobre el papel quedaron, por ejemplo, la futurista estación de autobuses de Murcia, que se iba a levantar en la actual sede de Aguas de Murcia, en la Redonda, y que incluía una torre circular para un hotel y oficinas. El mismo destino corrió el llamado edificio Guisante, también en la capital murciana, por la decoración de su fachada con semicírculos. Y otro tanto sucedió con el parador turístico de la batería de San Leandro, en Cartagena. Los tres proyectos se podrán contemplar en la muestra.
La exposición, titulada ‘De la relación entre el arte y la arquitectura, entre los sentidos y la razón’, repasa una década de trabajos de Garrido, entre 1964 y 1974, su etapa más fecunda e innovadora en la Región, según afirma el arquitecto y profesor de la UPCT José María López, comisario de esta propuesta cultural junto a los también proyectistas y docentes Edith Aroca y Fernando García Martín. Los tres han contado con la colaboración del equipo de alumnos de Arquitectura That Mess.
La selección incluye 25 obras. Entre ellas, tres encargos llegados de fuera de las fronteras de la Región: la Casa Sindical de Linares, el proyecto de una iglesia en Calpe y la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Algeciras, con su famosa forma de caracola para salvar el desnivel del terreno, que le valió el Premio Nacional de Arquitectura en 1968.

Iglesia del colegio de los Salesianos, en Cabezo de Torres. / F. M. García

El espectador quizás se vea sorprendido porque algunos de los diseños expuestos son de sobra conocidos, aunque no se les preste mayor atención. Ahí están los conventos de Algezares (La Fuensanta) y de Las Antonias (Murcia), la Casa del Agua de Santomera, el club náutico de Santiago de la Ribera, la iglesia de los Salesianos de Cabezo de Torres y dos oficinas de Banco Popular en Cartagena y La Manga. También, varios bloques de viviendas en La Ribera (Sol y Mar, y Paz y Cristina) y Murcia (ConVer, Centro, y Naranjas y Limones, al que el Tío Pencho le dedicó una de sus viñetas), además del chalé del ministro Cotorruelo (hoy convertido en el club Collados Beach de La Manga). Capítulo aparte merecen sus centros educativos: la Escuela de Artes de Murcia, el colegio Salzillo de Espinardo, el centro de educación especial de Cabezo de Torres y un prototipo de colegio de EGB de 1971, que las crónicas definieron como «alegre y moderno», del que se levantaron varias unidades en la Región (por ejemplo, el Francisco Caparrós de Mazarrón).
En su obra tanto pesan los sentidos como la razón, según la visión personal del arquitecto. Y en sus edificios domina ese lenguaje contemporáneo que viene definido por las líneas puras, el uso de nuevos materiales y el empleo al máximo de la luz natural. Sus diseños tratan de empaparse del entorno, como el club náutico de la Ribera, que simula un ‘superyate’ saliendo a navegar. O el chalé Cotorruelo, con esa bóveda de cemento a modo de una jaima anclada a la arena. Para José María López, Garrido «deja atrás el racionalismo ortodoxo para caminar hacia una arquitectura más figurativa y personal».
La muestra se acompaña de fotografías, bocetos, pinturas y recortes de prensa, entre otros materiales. Y, además, doce arquitectos colaboran con textos donde describen los edificios más relevantes del homenajeado. También se detiene la exposición en los detalles. Garrido, que se desenvuelve con soltura en el arte de la pintura, diseñó las vidrieras y los sagrarios de algunos de sus templos. Como sus coetáneos, cuidó de que las bellas artes de la época completarán su arquitectura.
La muestra, que forma parte de la línea de investigación de López y Aroca, es una continuación de otra anterior que se centró en otro arquitecto de la época, Enrique Sancho Ruano, autor del complejo residencial de Espinardo (protegido ahora por Cultura), la iglesia parroquial de Barranda y la Consejería de Sanidad, entre otras obras de interés. Aquella y esta son una llamada de atención para reivindicar la importación del patrimonio moderno, tan desconocido y, muchas veces, maltratado.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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