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Categoría: La Unión
Cultura y los faros

La pelota está en el tejado de la Dirección General de Bienes Culturales. El ‘Catálogo de faros con valor patrimonial de España‘ destaca el “relevante interés” social, histórico y arquitectónico de 130 de las 190 torres de señalización marítima del país. La Región coloca tres de sus siete faros en uso en este selecto club: Cabo de Palos, islote de Escombreras y Portmán. Deja fuera los de Águilas, Mazarrón, Cabo Tiñoso y El Estacio (aunque sin explicar los motivos), y se olvida por completo del faro de isla Hormiga, que sí citan otras guías. El inventario, asumido por el Instituto de Patrimonio Cultural de España, una institución que dirige el arquitecto murciano Alfonso Muñoz Cosme, hace una llamada de atención acerca de la importancia de salvaguardar estos elementos del patrimonio industrial. Aunque en buen estado de conservación, Cabo de Palos, Escombreras y Portmán no aparecen en la relación de inmuebles protegidos de la Consejería de Cultura, según advierte la propia investigación. Un mensaje a navegantes al que debería dar respuesta el departamento de Noelia Arroyo.
Sobre los faros se sustentó el despegue económico de mediados del XIX. De hecho, los tres citados ya aparecían en el plan estatal del año 1847, cuya redacción coincidió con la llegada a España de la Revolución Industrial. “En muchas ocasiones se colocaban a petición de diversos colectivos locales bien porque se precisaba señalizar un puerto -lugar de intercambio de mercancías-, o bien para advertir de accidentes orográficos. Ayudaban a la navegación, favoreciendo la exportación de productos o materias primas, principalmente el mineral”, argumenta Santiago Sánchez, profesor de la Universidad del País Vasco y responsable del catálogo.

Faro de Cabo Tiñoso, en pleno espacio protegido. / PABLO SÁNCHEZ

La importancia de esta red de infraestructuras luminosas no es solo histórica.También tiene un potencial turístico. De hecho, el estudio remarca que “son visitables con facilidad” y recomienda que sean incluidos en una ruta temática. Una oportunidad que la Región no debería desperdiciar. ¿Quién da el primer paso?.

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Trozos de historia recuperados

La colaboración entre investigadores de la Guardia Civil y expertos está dando grandes frutos dentro del plan para la defensa del patrimonio histórico. El último éxito que ha saltado a las páginas de los periódicos ha sido la recuperación de un farol de plata del siglo XVIII robado del tesoro de la Catedral (junto a otras joyas y piezas religiosas) en 1977. Pero la lista es larga. Así, dos operaciones se han centrado en el patrimonio documental. La más destacada fue la denominada ‘Files’, que permitió rescatar 28 documentos, de entre los siglos XIII y XVIII; el más llamativo, el privilegio rodado otorgado por el rey Sancho IV en el año 1284 concediendo a las monjas el monasterio de Santa Clara. El caso acabó en el juez, y aunque las religiosas reclamaron la propiedad, los papeles acabaron en el Archivo Regional, para su custodia y restauración. En otro golpe, la Benemérita se hizo con varios libros de bautismo de la parroquia de San Andrés con inscripciones de los años 1611 a 1642,
En 2014, este grupo especializado de la Guardia Civil desarrolló otra operación en la que consiguió recuperar dos cañones del siglo XVIII, así como tres piedras de época romana (una basa toscana, una pileta y un sillar desbastado). Ese mismo año, desarrolló la denominada ‘operación Argárica’, en la que consiguió recuperar 387 piezas, entre monedas, ánfora romana, glandes de plomo, piedras y pesas de telar, platos y tinajillas sustraídas, del depósito arqueológico de Caravaca de la Cruz.

En octubre de 2014, también llevó a cabo la ‘operación Selfie’, dirigida a esclarecer varios robos con fuerza cometidos en una de las instalaciones del conjunto declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) de la Sierra Minera en Portmán, y que culminó con la recuperación de más de nueve toneladas de piezas metálicas sustraídas, tales como placas, tapas y discos espesadores, piezas de molino, sinfines, embones y ejes de bomba, entre otros. Ya en junio de 2015, la ‘operación Gladiator’ permitió localizar numerosos objetos arqueológicos puestos a la venta a través de internet, que se saldaron con la recuperación de 187 piezas, como monedas de diferentes épocas, bifaces (herramientas líticas prehistóricas reconocidas como las primeras utilizadas por el hombre), piezas de cerámica, puntas de flecha, conteras medievales (adornos de diferentes armaduras), abundantes fíbulas (pieza metálica utilizada en la antigüedad para unir o sujetar alguna de las prendas que componían el vestido), partes de ungüentarios o lacrimatorios, colgantes romanos, escarabeo egipcio, collar y hebillas romanas, y hojas de cuchillo bizantino, entre otros.

Farol de plata del siglo XVIII recuperado por la Guardia Civil. / N. GARCÍA

Siempre que sale a la luz uno de estos golpes me pregunto si, en alguna ocasión, los mazarroneros recibiremos la buena noticia de que se ha localizado, por fin, el privilegio real de Felipe II, del año 1572, otorgando el titulo de villa, y por tanto la independencia de Lorca, y que fue robado de la caja fuerte del Consistorio hace ya un cuarto de siglo. El pueblo no debería olvidarlo.

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Las 5.000 obras de Pedro Cerdán

Ricardo Montes Bernárdez tiene la corazonada de que, durante su paso por la Escuela de Arquitectura de Madrid, Pedro Cerdán Martínez (1863-1947) quedó prendado de las cabezas de leones que adornaban los buzones de correos de la capital. Y así incorporó a estos felinos como elementos decorativos en las fachadas de algunos de sus edificios más singulares, por ejemplo, en el Real Casino de Murcia (calle Trapería). El investigador y presidente de los cronistas oficiales de la Región acaba de presentar un libro en el que aporta su grano de arena para conocer nuevos detalles sobre el arquitecto nacido en Torre Pacheco que protagonizó el cambio de una época de la mano de otros compañeros de profesión destacados, como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver Rolandi.

El autor resalta la impresionante producción de Cerdán, “más de 5.000 proyectos”, desde mansiones y palacetes para la floreciente burguesía del momento hasta todo tipo de obra pública, como jardines, mercados y colegios. Su cara más comprometida (debido a su vinculación con el Círculo Católico)  la ofreció a la hora de redactar de manera desinteresada los proyectos para la construcción de barrios obreros en varias localidades. Ese extenso legado tiene su explicación. A su enorme capacidad de trabajo se unió que, durante su larga vida (falleció a los 84 años), acaparó puestos de responsabilidad relacionados con su disciplina. Fue arquitecto provincial y de Hacienda, trabajó para la Diócesis de Cartagena y también para el Ayuntamiento de Murcia, además de ser profesor de instituto. Reconocido por la sociedad del momento, sus servicios profesionales fueron reclamados por muchas familias para que proyectara sus residencias.

Detalle de la fachada del Casino de Murcia. / M. BUESO

La obra casi al completo de Cerdán Martínez está repartida por la Región, aunque es la localidad alicantina de Novelda la que acoge uno de sus edificios más bellos: el hoy Museo Modernista. Pese a que el creador apenas trabajó fuera de las fronteras regionales, estaba al corriente de las nuevas tendencias de la arquitectura de principios del siglo XX, ya que solía viajar por Europa para tomar nota sobre ideas de diseño, materiales y medidas higiénico sanitarias para los edificios públicos. La plaza de abastos de Verónicas y la portada del cementerio de Nuestro Padre Jesús (Murcia), la Casa del Piñón y el Mercado Público (La Unión), y la Casa del Reloj (San Pedro del Pinatar) son varios de sus edificios más conocidos. Sobre otros proyectos aún quedan dudas, ya que mucha documentación no se ha conservado, en parte porque el propio arquitecto, en un arrebato, la destruyó. Así que el gran Cerdán parece que aún tiene mucho por descubrir.
['Vida y obra del arquitecto Pedro Cerdán Martínez, de Ricardo Montes Bernárdez, editado por Verabril Comunicación, se puede adquirir en la librería González Palencia y en la antigua Covachuela. Precio, 7 euros]

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La belleza de una fábrica

Con la vista puesta en el Año Europeo del Patrimonio Industrial (que será en 2015), cabe repasar si, en esta materia, la Región progresa adecuadamente. Para el Instituto de Patrimonio Cultural de España, “los testimonios de la industrialización constituyen un legado imprescindible para comprender la historia de los dos últimos siglos”. Y añade que esos elementos “han desempeñado un importante papel en la evolución del territorio y en la formación del carácter histórico de sus sitios, lugares y paisaje”. En fin, que no es una cuestión baladí.

La Región tiene donde elegir. Por ejemplo, el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH) elaboró un catálogo con cien bienes, y cuatro de ellos se localizan en estas tierras: el embarcadero del Hornillo (1903), en Águilas; el paisaje minero de La Unión-Cartagena; el coto minero de San Cristóbal-Los Perules, en Mazarrón, y el arsenal de Cartagena. Los dos primeros ya se han puesto en valor para explotarlos turísticamente, a través de rutas y visitas guiadas. En cuanto a los otros dos espacios, aún queda camino por recorrer. El distrito minero mazarronero sigue abandonado a su suerte, víctima de un expolio feroz, lo que no impide que despierte el interés de los visitantes y que también se haya convertido en escenario para videoclips, por su paisaje de mil colores y sus 2.000 años de historia. Respecto al arsenal, se trata de un complejo militar y defensivo, además de un polo de la industria naval, y no admite visitas debido a que es un enclave estratégico para la defensa del país.

Fábrica de la pólvora, en Javalí Viejo, que acaba de cumplir 150 años. / I. SÁNCHEZ

Pero hay más recursos en nuestro territorio. Un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia ha inventariado un centenar de bienes inmuebles de los siglos XVIII, XIX y XX, entre astilleros, fundiciones, instalaciones ferroviarias, fábricas, almacenes y estaciones hidroeléctricas. En el citado catálogo, que ha supuesto un laborioso trabajo de cinco años, merecen un apartado especial las llamadas Reales Fábricas, un conjunto de industrias que tienen sus orígenes en el siglo XVIII. Enclavadas en Murcia, se incluyen la fábrica de la seda de La Alberca; la fábrica de seda piamontesa (solo se conserva la fachada en el edificio de los 9 pisos) y las fábricas del salitre, en la capital, y de la pólvora, en Javalí Viejo. Esta última acaba de cumplir 150 años. Sus pabellones principales fueron diseñados por Francisco Bolarín Gómez, el mismo arquitecto que ideó el edificio original del Casino de Murcia, pero ni los propios historiadores de la Universidad han podido acceder, por los mismos motivos que el arsenal de Cartagena. Además de Águilas y La Unión, otras localidades han puesto sus ojos en el patrimonio industrial como recurso turístico. Molina de Segura trata de sacarle partido a sus antiguas conserveras, a través de una ruta por lo que queda de ellas: sus chimeneas. En ese recorrido también se repasa un interesante patrimonio inmaterial: el recuerdo de las cientos de mujeres que levantaron con su trabajo este imperio.

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Más que un mercado

Punto de encuentro para las relaciones sociales, espacio de convivencia ciudadana y excelente despensa con una oferta de productos de calidad para abastecer nuestros hogares. Todo eso y algo más. Porque algunos de los mercados, plazas de abasto y galerías comerciales de la Región son también ‘joyas’ de la arquitectura; ‘monumentos’ del patrimonio industrial que, en muchos casos, languidecen víctimas del olvido y del brillo de los flamantes centros comerciales, las modernas ‘catedrales’ del consumo.
A veces también protagonizan buenas noticias. La última, procedente de Lorca, donde un grupo de empresarios, con el apoyo del Ayuntamiento, pretenden impulsar la reapertura de los antiguos Almacenes Bertrand como una galería de productos ‘gourmet’. De prosperar la iniciativa, no solo se ampliará la oferta comercial del centro histórico, sino que también se recuperará para uso público uno de los pocos edificios de estilo racionalista de Lorca. Diseñado en 1942 por el arquitecto Leopoldo Blanco Mora, estos almacenes fueron todo un símbolo del comercio local durante la segunda mitad del siglo XX.
En Murcia, el mercado de Verónicas, en el plano de San Francisco, también atesora mucha historia. Su ubicación no es casual. Allí se abría la puerta de la Aduana (todavía queda un escudo que la recuerda, aunque tal alto que casi no se ve), donde se cobraban los impuestos sobre las mercancías que entraban o salían de la ciudad. El actual edificio, que se terminó de construir en 1916, es obra de Pedro Cerdán, en estilo modernista. En 1975, las instalaciones se modernizaron. Este proyecto se encargó al arquitecto Daniel Carbonell, autor también de la sede de la Central Lechera Murciana, una factoría, ahora abandonada, que se incluye en los manuales como ejemplo del crecimiento que vivió la Región en la década de los años sesenta del pasado siglo.

Un operario pule el suelo del mercado público de La Unión. / A. GIL

Hay más mercados famosos. Como el de Santa Florentina, en Cartagena, diseñado por Lorenzo Ros Costa, un proyectista que ha pasado a la historia de la arquitectura moderna de la Región por sus escuelas del paseo de Alfonso XIII. De finales de la década de los años veinte datan las plazas de abastos de Águilas y Cieza. Esta última, obra de Julio Carrilero, está protegida como bien de interés cultural.
En esta relación no podía faltar el mercado público de La Unión, también BIC y convertido en sede del Festival Internacional del Cante de las Minas. Levantado a principios del siglo XX, cuando el pueblo vivía un momento álgido por la pujanza de la minería, responde a un proyecto, en estilo modernista, del catalán Víctor Beltrí.
Pero este artículo no podría terminar sin hacer mención al patrimonio inmanterial que atesoran estos recintos, protagonizado por los comerciantes que allí tienen sus puestos y que dominan como nadie el arte de la venta.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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