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Categoría: Mula
El poder de los Vélez

A Juan Pedro Navarro Martínez (Mazarrón, 1994) le duele ver la truncada rehabilitación del castillo de su pueblo. La puesta en valor de la fortaleza de los Vélez quedó inacabada. Es más, parte del auditorio al aire libre que se habilitó en el patio de armas se hundió, dando al traste con el proyecto de recuperar para uso público el monumento. “Una ruina dentro de otra ruina”, resume el joven investigador, graduado en Historia por la Universidad de Murcia que ahora completa su formación en Madrid. Aunque su especialización se centra en la historia social del delito, en su vuelta a Mazarrón, para participar en las jornadas Carlantum, abordará el poder que ejercieron los marqueses de los Vélez a través de una curiosa perspectiva: sus escudos heráldicos. En esta entrevista adelanta alguna de las pinceladas de su conferencia. La cita es este viernes 24 de febrero, a las 21.30 horas, en la sede de la Universidad Popular de la avenida Constitución. La entrada es libre.

-¿Qué supuso el Marquesado de los Vélez para el desarrollo de Mazarrón, en particular, y del antiguo Reino de Murcia, en general?

-El caso de Mazarrón es paradigmático. La concesión de las minas de alumbre en 1462 al marqués de Villena (la otra casa noble que campó en Mazarrón), da lugar a un pacto entre este y Pedro Fajardo, primer marqués de Vélez, para compartir la riqueza a partes iguales. Ahí entran en escena en la villa de Almazarrón. Pronto construirán su propio baluarte, el castillo-fortaleza, y la iglesia de San Antonio de Padua, patrón del linaje. Precisamente este Pedro Fajardo llevó a cabo una gran labor constructora en todo su señorío. Su etapa como adelantado mayor del Reino de Murcia fue un verdadero renacimiento con las construcciones del castillo palacio de Mula, de la capilla en la Catedral de Murcia, así como de su casa fuerte en Vélez Blanco. Es indudable la importancia del patronato del marquesado en el desarrollo histórico de nuestras ciudades y pueblos.

-¿Qué pretendieron representar esta familia de la nobleza en sus escudos heráldicos? ¿hasta qué punto era una imagen de poder?

-La representación heráldica del Marquesado de los Vélez es sin duda una de las más complejas del panorama regional y nacional. Como muchos otros linajes, se va ennobleciendo a través de los siglos, emparentando con diversas familias que van aportando prestigio social y patrimonio al legado familiar. La heráldica adquiere un valor especial en la modernidad, en una sociedad en la que era necesario demostrar orígenes dignos para promocionar. Como resultado, los escudos de la Casa de las Tres Ortigas son la imagen viva de más de cinco siglos de ascenso social y político, matrimonios, adquisiciones y, en definitiva, relaciones con la élite del poder.

-¿Con qué fin colocaron esos emblemas en sus castillos, iglesias y palacios?

-Los marqueses se valieron de sus blasones para mostrar al pueblo el poder que ostentaban (en Mazarrón, la coexistencia de dos grandes linajes hacía más patente esta necesidad) y la labor pública que realizaban con sus construcciones y obras pías. La construcción de edificios de culto para el recogimiento espiritual de los mazarroneros o la defensa de la villa mediante fortalezas y murallas eran grandes inversiones para las arcas de la Casa, pero necesarias para contentar a sus súbditos.

-¿Fueron unos nobles queridos o, por el contrario, temidos por el pueblo?

-El cine ha creado una falsa imagen de la relación entre el noble y sus vasallos. Los marqueses de Vélez, además de adelantados mayores del Reino de Murcia, fueron consejeros del rey, o virreyes de multitud de territorios adscritos a la Monarquía Hispánica, y las mujeres Fajardo también ejercieron como damas de la Corte o ayas del príncipe heredero. La presencia de estos nobles en los territorios de su señorío fue escasa, y casi siempre era el lugarteniente el que ejercía el poder. Por ello es probable que el pueblo entendiera el marquesado como una institución de poder represora despersonalizada. Se ha comparado el rol del noble moderno como el de ‘paterfamilias’, que castiga pero que es justo y consecuente.

-Su capilla en Murcia es hoy un reclamo de primer orden por su valor artístico. Pero en su día fue una obra polémica. ¿Aún quedan misterios por resolver de este monumento?

-Por supuesto. La capilla de Vélez es la gran obra del plateresco murciano. Entraña miles de leyendas, como bien sabemos, y es testigo de las relaciones entre el cabildo y el marqués. Sin embargo, a niveles formales y abstrayéndonos de lo puramente artístico, no ha sido demasiado trabajada. Un elemento que quizá pasa inadvertido al visitar la Catedral de Murcia es la cantidad de elementos heráldicos y epigráficos de gran calidad que existen en las capillas. Sería necesario poner en valor estos estudios historiográficos ya que son reflejo de una intencionalidad y mentalidad que se nos escapa a los hombres y mujeres del presente.

-¿Por qué no se enterraron finalmente en este mausoleo?

-La Casa de Vélez ha tenido una tensa relación con la oligarquía urbana de Murcia y con el propio cabildo, cosa que no ha ayudado mucho a la hora de establecer su necrópolis familiar en la capilla de la Catedral. A pesar del interés del primer y del segundo marqués de enterrarse en la nueva capilla, ambos recibieron sepultura en otros edificios de culto en Vélez Blanco, contraviniendo su voluntad. Los testamento de los sucesores marqueses de Vélez y de sus allegados muestran de nuevo este interés. A pesar de los esfuerzos por hacer de la capilla murciana el panteón familiar, las difíciles relaciones en época contemporánea entre la casa noble y la Iglesia, sobre la que recaía la conservación del monumento, hicieron imposible que se materializara el deseo del primer marqués. De hecho, los cuerpos que había albergado el monumento hasta la fecha fueron retirados.

-Su fortaleza en Mazarrón aún está pendiente de rehabilitación, ¿qué pueden desvela

Juan Pedro Navarro. / ROCÍO MERCURY

r aún esos trabajos?

-El castillo de los Vélez se encuentra en un lugar estratégico. Su interés arquitectónico como fortaleza de transición entre el estilo de construcción antiguo al moderno es evidente. Pero más aún, su ubicación ha sido esencial en nuestra historia contemporánea, pues por todos es conocida la existencia de túneles de la Guerra Civil bajo el promontorio del castillo. Quizá ese fue el gran problema de la última rehabilitación del monumento, que pretendía habilitarse como espacio cultural en abierto. Si se hubiera contado con la colaboración de gestores patrimoniales, historiadores y arqueólogos en el proyecto, quizá hoy tendríamos un potente centro de interpretación del castillo, y no una ruina dentro de otra ruina.

-Cultura ha avisado de la posibilidad de que las obras para la peatonalización del paseo de Alfonso X el Sabio hagan aflorar vestigios de su antiguo palacio de Murcia. Sería todo un descubrimiento, ¿no? ¿Qué podría aportar ese hallazgo?

-Totalmente de acuerdo. Cualquier descubrimiento, y más de esta magnitud, es fundamental para el desarrollo de la cada vez más creciente arqueología de época moderna. Los posibles hallazgos podrían ser fácilmente contrastables con las fuentes documentales, algo esencial para alcanzar el pleno conocimiento histórico no solo de los Fajardo, sino de la propia historia de Murcia. Ya la aparición de la planta del palacio sería un hallazgo fundamental, al que posiblemente podamos sumar la aparición de cultura material domestica, esto es, los objetos comunes en una casa noble de esta época, que nos ayudan a conocer los hábitos y modos de vida. Por supuesto todo dependería de la forma de actuación sobre la zona arqueológica, y la forma de conservación, todo un ejercicio de gestión patrimonial para el que esperemos, Murcia esté a la altura.

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Una perla moderna en El Palmar

La arquitectura moderna de los años sesenta tiene sus perlas escondidas en la Región. Y el conjunto del psiquiátrico de El Palmar conserva engarzada una de estas pequeñas joyas: la capilla del recinto, un diseño de Enrique Sancho Ruano (Palma de Mallorca, 1923) que estará presente en la exposición que el próximo otoño le dedicará el Colegio de Arquitectos de Murcia por su larga y fructífera labor profesional.
A mitad de esa década, el proyectista (que trabajó como técnico de la Diputación Provincial de Murcia y del Obispado) ideó cuatro iglesias que hoy día están consideradas como un ejemplo de la modernidad a la que despertaba España, tras un relajamiento de la dictadura, y que también alcanzó a las artes. La capilla de El Palmar (1965) es uno de estos proyectos, al que acompañan las iglesias de Cabo de Palos (1965), ya desaparecida; Barranda, en Caravaca de la Cruz (1966), y la capilla del conjunto asistencial de Espinardo (1967), desacralizada desde hace años aunque en buen estado de conservación. En general, el diseño de estos templos responde a las doctrinas emanadas del Concilio Vaticano II: edificios de nave única pensados para fomentar la participación de los fieles e impulsar el sentimiento de comunidad de los creyentes; casi sin adornos, con el fin de favorecer la espiritualidad; con un papel destacado de la luz natural y donde los nuevos materiales (hormigón, hierro, piedra artificial) dominan la construcción. También estas iglesias, de líneas rectas y formas irregulares, dejan la puerta abierta a los nuevos artistas de la época, con vidrieras, murales, objetos de orfebrería y esculturas. En el caso de la capilla del psiquiátrico llama la atención el mosaico (con dos ángeles músicos y la Virgen) que domina el altar mayor y una pieza de un querubín trompetero de buen porte y corte abstracto. Ni el párroco ni las feligresas que le ayudaban a recoger tras terminar el oficio religioso supieron aportar pista alguna sobre la autoría de estas dos grandes obras. En lo alto del coro (que recuerda bastante al de la iglesia del complejo de Espinardo) una espectacular vidriera en tonos morados tamiza la luz que inunda la nave. Y poco más pude ver (algo del mobiliario original y una barandilla decorada) porque el sacerdote tenía prisa y el templo debía quedar cerrado. Si le interesa conocer esta perla de la arquitectura de los sesenta, debe saber que solo abre en horario de misa: los domingos a las 10.30 horas, con entrada desde la antigua carretera de Mazarrón. Es una pena que este patrimonio del siglo XX pase inadvertido y no aparezca ni en los catálogos de Cultura. La Consejería debería tomar nota e impulsar su difusión.

Mosaico y ángel trompetero en la capilla del psiquiátrico de El Palmar. / M. RUBIO

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La herencia del marqués

Seis municipios de la Región de Murcia (Albudeite, Alhama, Librilla, Mazarrón, Molina y Mula) y diez de la provincia de Almería (Albanchez, Albox, Cantoria, Chirivel, Cuevas de Almanzora, María, Oria, Taberno, Vélez Blanco y Vélez Rubio) se han unido para remarcar una página importante de su historia común. En el imponente castillo de Vélez Blanco, representantes de estas dieciséis poblaciones ‘hermanas’ han rubricado la constitución de la Asociación de Municipios del Antiguo Marquesado de los Vélez, con la vista puesta en la promoción del patrimonio ‘heredado’ de estos nobles. Ahora, el acuerdo será refrendado en otro acto solemne, esta vez en la Región, que tendrá como marco el convento de San Francisco de Mula. En unos días la asociación echará a andar formalmente con su primera reunión de trabajo (a celebrar en Cantoria) y la creación de tres comisiones: una institucional para buscar fondos económicos; otra dedicada a la elaboración de programas y actividades, y la tercera encargada de promover el legado histórico y cultural del marquesado de los Vélez, de cara a convertirlo en un reclamo turístico. La archivera de Mazarron, Magdalena Campillo, adelanta que la primera propuesta que pondrá sobre la mesa será retomar la digitalización de los documentos que forman el archivo de esta noble familia. Por desgracia, la tarea se ha quedado a medias debido a la difícil situación económica por la que atraviesan algunos ayuntamientos, cuyas arcas deben sufragar ese proyecto para la conservación de un patrimonio documental de primer orden .
La familia Fajardo, que obtuvo el título en 1507 de la mano de Juana I, levantó un pequeño imperio, extendiendo su poder por buena parte del sureste. El marquesado, que se inició con Pedro Fajardo Chacón, se extinguió en 1837. Antes llegó a controlar veintiún concejos, con una extensión de 3.700 kilómetros cuadrados. En la Región, un ramillete de sus principales monumentos se deben a este linaje. El más conocido, su capilla de la Catedral, con una fabulosa bóveda estrellada. También, los castillos de Mula y Mazarrón, además de otro patrimonio no tan relevante, como posadas, almacenes, molinos y redes de agua.

Castillo de los Vélez de Mazarrón; detrás, uno de los cerros mineros. / G. CARRIÓN

Los marqueses amasaron fortuna gracias a los recursos naturales de estas comarcas. En Mazarrón, por ejemplo, explotaron (de la mano de los marqueses de Villena) el alumbre, un mineral imprescindible para el fijado de los tintes en la industrial textil a finales de la Edad Media. Con el tiempo, esta población (que nunca estuvo bajo el dominio del señorío de los Vélez sino del rey) logró el título de villa (y por tanto su independencia de Lorca) gracias a su riqueza mineral y, por supuesto, con el visto bueno de los marqueses. Estos erigieron una iglesia, dedicada a san Antonio de Padua, para no ser menos que el linaje de los Pacheco, que ya tenía la de san Andrés. Y también construyeron una fortaleza desde la que controlar y proteger sus negocios. Todavía hoy con su porte domina el pueblo.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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