La Verdad

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Categoría: Murcia
Por amor al arte

Esta vez solo han sido unos balcones decorativos. Pero no por pequeño, el gesto tiene menos valor. Las piezas en cuestión adornaban las ventanas de una vivienda deshabitada de la calle Ramón y Cajal de Alcantarilla, cuyo destino era la demolición a causa de un incendio. La Asociación Histórico Cultural Legado se movilizó para salvar del derribo esos elementos de estilo modernista, realizados en un taller local y que entre los años 1925 y 1945 ornamentaron las fachadas de otras construcciones de la población. Alcantarilla mantiene un rico pasado arquitectónico gracias al poder que alcanzaron un ramillete de familias burguesas a raíz al ‘boom’ industrial de principios del siglo XIX. La llamada de atención de la asociación Legado y el interés mostrado por el Ayuntamiento de Alcantarilla permitieron que esta historia tuviera un final feliz, y ahora esos bellos balcones con formas vegetales están depositados en el Museo Etnológico de la Huerta de Murcia, a la espera de que un día puedan mostrarse al público como parte de alguna colección expositiva.

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Es un nuevo y encomiable logro de Legado, que con poco más de un año de vida ya ha cosechado varios triunfos. Ahí están la protección, como bien inventariado. de la plaza de abastos de Alcantarilla (un proyecto de 1924 del arquitecto José Antonio Rodríguez) y la restauración de Los Arcos de la rambla de Las Zorreras, “probablemente el acueducto más importante de la Región por su antigüedad, ya que es de época musulmana, y sus dimensiones”, indica Alejo García Almagro, responsable del área de Historia, Arqueología y Patrimonio. Él y otras dos personas, Diego Rosique y Paco Rabadán, llevan todo el peso de esta asociación, que cuenta con 300 socios. Y el mérito es mayor si cabe porque Legado no cuenta con presupuesto alguno, ya que ni cobra cuotas a sus simpatizantes ni recibe donaciones.

Legado de Alcantarilla simboliza la creciente preocupación ciudadana por la conservación del patrimonio histórico. En los últimos años, este sentimiento ha fructificado en forma de asociaciones y colectivos que, de manera desinteresada, luchan por conseguir que las administraciones hagan bien su trabajo en lo que respecta a la protección y difusión de nuestra rica herencia cultural. Huermur, la Plataforma del Patrimonio Cultural de Murcia y el colectivo vecinal Mula por su castillo son solo tres ejemplos. Lo suyo sí que es trabajar por amor al arte.

 

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Seis de cien

Seis entre los cien mejores. La huerta de Murcia, el Valle de Ricote, los arrozales de Calasparra, la rambla de Nogalte (Puerto Lumbreras), el sistema defensivo de la bahía de Cartagena y la sierra minera de Cartagena-La Unión. Son los paisajes culturales que representan a la Región en una cuidada selección que pretende acercar a los ciudadanos estos territorios protegidos de la geografía española surgidos de la interacción entre el hombre y el medio natural. La iniciativa ‘Narrando paisajes’ ha partido del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), que ha creado una plataforma ‘online’ (www.100paisajes.es) para mostrar una diversidad de espacios modelados a lo largo del tiempo por actividades tan distintas como la agricultura, los asentamientos urbanos, la defensa del territorio, la industria o el comercio. A través de vídeos grabados mediante drones, artículos, fotografías, escenas de películas y registros históricos, entre otros materiales, es posible cruzar el país para conocer, a golpe de clic, unos enclaves únicos. Estos cien paisajes culturales se reparten en cuatro categorías: agrícolas, ganadores y forestales; simbólicos, industriales y urbanos, históricos y defensivos. La Región ha colado seis parajes en tres de las clasificaciones. El portal destaca especialmente el paisaje minero de Cartagena-La Unión, sin olvidar el valor inmaterial de sus cantes de Levante. Y entre la información disponible en este apartado llaman la atención unas fotografías aéreas, desde 1928, que permiten apreciar cómo se produjo el colapso de la bahía de Portmán (ahora en pleno proceso de recuperación ambiental) debido a los vertidos de estériles. No muy lejos, la naturaleza y la mano del hombre se unieron para convertir la bahía de Cartagena en una plaza fuerte casi inexpugnable. Una visión más amable ofrecen los arrozales de Calasparra: Con una superficie de cultivo de 2.500 hectáreas, entre las cuencas de los ríos Segura y Mundo, las condiciones climáticas e hídricas dan como resultados un grano con denominación de origen y una estampa verde única. Del Valle de Ricote esta cuidada selección destaca su fisonomía: “un auténtico oasis entre montañas semidesérticas”. Puerto Lumbreras sobresale por su sabiduría para aprovechar los recursos de la rambla de Nogalte, en un territorio castigado por la sequía. Y en cuanto a la huerta de Murcia (que también incluye a Alcantarilla, Beniel y Santomera) su pasado musulmán se mantiene vivo, a duras penas, entre acequias, norias, molinos y tahúllas de cultivo. ‘Narrando paisajes’ toca los sentidos. Acceda y disfrute.

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Santa Eulalia

El gris cemento domina sobre el verde en Santa Eulalia. El 98% de las calles y el 80% de las plazas de este histórico barrio de Murcia (2.974 habitantes) carecen de árboles. Esa falta de vegetación, que influye en la calidad de vida de sus moradores, es una de las deficiencias en las que pone la lupa el informe realizado por los arquitectos de Verbo Estudio, Dictinio de Castillo-Elejabeytia y Carlos Pérez Armenteros, dentro del proyecto ADN Urbano para la revitalización de los barrios de Murcia. Es la primera vez que un análisis físico entra tan al detalle sobre un espacio urbano de la capital. Este documento servirá de base para futuras actuaciones sobre el terreno. Los trabajos de acondicionamiento y recuperación se decidirán contando con la participación vecinal. Estos días las labores se centran en recoger las sugerencias y experiencias de los propios ciudadanos.
La «masiva presencia de bolardos» y la carencia de «espacios de convivencia entre distintas generaciones» se presentan como dos retos más a tener en cuenta para futuras inversiones en Santa Eulalia. El informe también advierte de que el tráfico rodado domina el paisaje urbano, imponiendo una serie de trabas al peatón. Otro obstáculo tiene que ver con las terrazas de los barres y restaurantes. Estos negocios ocupan casi el 10% del espacio público, «condicionando el uso de las plazas de manera llamativa», remarca el informe de 50 páginas. La suciedad, principalmente por las pintadas, y la escasa iluminación, que contribuye a uns sensación de inseguridad entre el vecindario, completan la lista de problemas.

Plaza de Santa Eulalia. / NACHO GARCÍA / AGM

Los arquitectos avanzan posibles soluciones para hacer de Santa Eulalia un lugar más amable y cómodo para vivir. Así, Elejabeitya y Armenteros sugieren una intervención con «pildoras de paisajes», que no dependen de «un elevado presupuesto ni complejidad material». Se trata de acciones que incluyen, por ejemplo, la reordenación de las terrazas, la inserción de vegetación y «la disolución de bordes y obstáculos visuales». La plaza Sardoy y los ensanchamientos de las calles Balsas y Victorio serían tres de los entornos candidatos a recibir estas mejoras. Otra idea se refiere a habilitar un pasillo o corredor verde en el eje de las calles San Antonio y Mariano Vergara, que serviría para reforzar la unión entre el entorno de la Catedral y el Museo de Bellas Artes. La eliminación de bordillos con el fin de igualar el pavimiento a la misma cota figura también como una sugerencia de mejora.
El análisis físico se completa con otro informe socioeconómico (ambos accesibles aquí) redactado por el observatorio local La Asomada. Este estudio advierte de que Santa Eulalia es un barrio que se despuebla y envejece: uno de cada cinco habitantes tiene más de 64 años. También, que sufre «serios problemas de ruidos». Sin embargo, a su favor destacan su cercanía con el centro, su buena comunicación con el resto de la ciudad y una «importante actividad comercial y hostelera», sin olvidar su rico patrimonio histórico. Con estos mimbres, y la participación ciudadana, Santa Eulalia lo tiene todo a su favor para convertirse en uno de los barrios con más tirón de Murcia.

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Barrios

La decisiva batalla del Huerto de las Bombas (1706) se desarrolló dentro de los límites del murciano barrio de Santa María de Gracia-San Antonio. Y no muy lejos estuvo el primer campo de fútbol del Real Murcia, en unos terrenos de la calle Torre de la Marquesa donde después se levantó la Cárcel Vieja. Son dos pinceladas de la historia que atesora este céntrico distrito, de unas 12.000 almas, que ahora protagoniza una iniciativa pionera para, contando con la colaboración de sus vecinos, decidir qué retos afronta el barrio de cara al futuro.
Enrique de Andrés y Coral Marín (del estudio Arquitectura de Barrio) han sido los encargados de armar las bases del proyecto, a desarrollar a partir de seis talleres (hasta el mes de mayo) abiertos a los vecinos, colectivos y asociaciones. El primero será este miércoles día 22 (de 17 a 20 horas), en el centro de la mujer de la plaza de Toledo, con el título ‘Conociendo el barrio’.

Una de las calles de Santa María de Gracia, en Murcia. / N. GARCÍA

Una de las calles de Santa María de Gracia, en Murcia. / N. GARCÍA

No solo se trata de que los vecinos descubran el rico pasado de su territorio más cercano; también de que aporten sus recuerdos y experiencias, esto es, “las visiones particulares que completan la historia oficial” de Santa María de Gracia, indica el arquitecto y profesor de la UPCT. Los siguientes talleres avanzarán en otras líneas de actuación gracias también a esa participación social. Por ejemplo, qué zonas son más utilizadas por los jóvenes para su ocio, dónde están las arterias más comerciales o si es necesario tanto espacio para el coche en detrimento del peatón. Las conclusiones permitirán disponer de una radiografía acerca de las posibilidades que ofrece Santa María de Gracia, sus necesidades y cómo afrontar el futuro con el fin de hacerlo más habitable, práctico y confortable para sus moradores En definitiva, se trata de realizar un ejercicio de recuperación de la identidad, “volver a entender el barrio como el exterior de tu casa, reconocerlo como tuyo”, matiza el arquitecto, y, de esta manera, que los vecinos se impliquen de lleno en su desarrollo y en su cuidado. En la experiencia colaborará el Museo de la Ciudad, que se encargará de publicar los resultados. Dicho museo ha emprendido una campaña con vistas a incluir en sus salas la historia de los barrios de Murcia. Enrique de Andrés destaca que el proyecto de Santa María de Gracia es una iniciativa pionera que nace con la idea de ser exportada a otras áreas urbanas.
Y, además, surge en un momento de especial efervescencia en los distritos históricos de Murcia, que tratan de recuperar protagonismo (Santa Eulalia aparece en la pista de despegue) a la vista de la pérdida de población que la mayoría de ellos vienen sufriendo desde hace años, en detrimento de las pedanías y de las nuevas zonas de expansión.

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El poder de los Vélez

A Juan Pedro Navarro Martínez (Mazarrón, 1994) le duele ver la truncada rehabilitación del castillo de su pueblo. La puesta en valor de la fortaleza de los Vélez quedó inacabada. Es más, parte del auditorio al aire libre que se habilitó en el patio de armas se hundió, dando al traste con el proyecto de recuperar para uso público el monumento. “Una ruina dentro de otra ruina”, resume el joven investigador, graduado en Historia por la Universidad de Murcia que ahora completa su formación en Madrid. Aunque su especialización se centra en la historia social del delito, en su vuelta a Mazarrón, para participar en las jornadas Carlantum, abordará el poder que ejercieron los marqueses de los Vélez a través de una curiosa perspectiva: sus escudos heráldicos. En esta entrevista adelanta alguna de las pinceladas de su conferencia. La cita es este viernes 24 de febrero, a las 21.30 horas, en la sede de la Universidad Popular de la avenida Constitución. La entrada es libre.

-¿Qué supuso el Marquesado de los Vélez para el desarrollo de Mazarrón, en particular, y del antiguo Reino de Murcia, en general?

-El caso de Mazarrón es paradigmático. La concesión de las minas de alumbre en 1462 al marqués de Villena (la otra casa noble que campó en Mazarrón), da lugar a un pacto entre este y Pedro Fajardo, primer marqués de Vélez, para compartir la riqueza a partes iguales. Ahí entran en escena en la villa de Almazarrón. Pronto construirán su propio baluarte, el castillo-fortaleza, y la iglesia de San Antonio de Padua, patrón del linaje. Precisamente este Pedro Fajardo llevó a cabo una gran labor constructora en todo su señorío. Su etapa como adelantado mayor del Reino de Murcia fue un verdadero renacimiento con las construcciones del castillo palacio de Mula, de la capilla en la Catedral de Murcia, así como de su casa fuerte en Vélez Blanco. Es indudable la importancia del patronato del marquesado en el desarrollo histórico de nuestras ciudades y pueblos.

-¿Qué pretendieron representar esta familia de la nobleza en sus escudos heráldicos? ¿hasta qué punto era una imagen de poder?

-La representación heráldica del Marquesado de los Vélez es sin duda una de las más complejas del panorama regional y nacional. Como muchos otros linajes, se va ennobleciendo a través de los siglos, emparentando con diversas familias que van aportando prestigio social y patrimonio al legado familiar. La heráldica adquiere un valor especial en la modernidad, en una sociedad en la que era necesario demostrar orígenes dignos para promocionar. Como resultado, los escudos de la Casa de las Tres Ortigas son la imagen viva de más de cinco siglos de ascenso social y político, matrimonios, adquisiciones y, en definitiva, relaciones con la élite del poder.

-¿Con qué fin colocaron esos emblemas en sus castillos, iglesias y palacios?

-Los marqueses se valieron de sus blasones para mostrar al pueblo el poder que ostentaban (en Mazarrón, la coexistencia de dos grandes linajes hacía más patente esta necesidad) y la labor pública que realizaban con sus construcciones y obras pías. La construcción de edificios de culto para el recogimiento espiritual de los mazarroneros o la defensa de la villa mediante fortalezas y murallas eran grandes inversiones para las arcas de la Casa, pero necesarias para contentar a sus súbditos.

-¿Fueron unos nobles queridos o, por el contrario, temidos por el pueblo?

-El cine ha creado una falsa imagen de la relación entre el noble y sus vasallos. Los marqueses de Vélez, además de adelantados mayores del Reino de Murcia, fueron consejeros del rey, o virreyes de multitud de territorios adscritos a la Monarquía Hispánica, y las mujeres Fajardo también ejercieron como damas de la Corte o ayas del príncipe heredero. La presencia de estos nobles en los territorios de su señorío fue escasa, y casi siempre era el lugarteniente el que ejercía el poder. Por ello es probable que el pueblo entendiera el marquesado como una institución de poder represora despersonalizada. Se ha comparado el rol del noble moderno como el de ‘paterfamilias’, que castiga pero que es justo y consecuente.

-Su capilla en Murcia es hoy un reclamo de primer orden por su valor artístico. Pero en su día fue una obra polémica. ¿Aún quedan misterios por resolver de este monumento?

-Por supuesto. La capilla de Vélez es la gran obra del plateresco murciano. Entraña miles de leyendas, como bien sabemos, y es testigo de las relaciones entre el cabildo y el marqués. Sin embargo, a niveles formales y abstrayéndonos de lo puramente artístico, no ha sido demasiado trabajada. Un elemento que quizá pasa inadvertido al visitar la Catedral de Murcia es la cantidad de elementos heráldicos y epigráficos de gran calidad que existen en las capillas. Sería necesario poner en valor estos estudios historiográficos ya que son reflejo de una intencionalidad y mentalidad que se nos escapa a los hombres y mujeres del presente.

-¿Por qué no se enterraron finalmente en este mausoleo?

-La Casa de Vélez ha tenido una tensa relación con la oligarquía urbana de Murcia y con el propio cabildo, cosa que no ha ayudado mucho a la hora de establecer su necrópolis familiar en la capilla de la Catedral. A pesar del interés del primer y del segundo marqués de enterrarse en la nueva capilla, ambos recibieron sepultura en otros edificios de culto en Vélez Blanco, contraviniendo su voluntad. Los testamento de los sucesores marqueses de Vélez y de sus allegados muestran de nuevo este interés. A pesar de los esfuerzos por hacer de la capilla murciana el panteón familiar, las difíciles relaciones en época contemporánea entre la casa noble y la Iglesia, sobre la que recaía la conservación del monumento, hicieron imposible que se materializara el deseo del primer marqués. De hecho, los cuerpos que había albergado el monumento hasta la fecha fueron retirados.

-Su fortaleza en Mazarrón aún está pendiente de rehabilitación, ¿qué pueden desvela

Juan Pedro Navarro. / ROCÍO MERCURY

r aún esos trabajos?

-El castillo de los Vélez se encuentra en un lugar estratégico. Su interés arquitectónico como fortaleza de transición entre el estilo de construcción antiguo al moderno es evidente. Pero más aún, su ubicación ha sido esencial en nuestra historia contemporánea, pues por todos es conocida la existencia de túneles de la Guerra Civil bajo el promontorio del castillo. Quizá ese fue el gran problema de la última rehabilitación del monumento, que pretendía habilitarse como espacio cultural en abierto. Si se hubiera contado con la colaboración de gestores patrimoniales, historiadores y arqueólogos en el proyecto, quizá hoy tendríamos un potente centro de interpretación del castillo, y no una ruina dentro de otra ruina.

-Cultura ha avisado de la posibilidad de que las obras para la peatonalización del paseo de Alfonso X el Sabio hagan aflorar vestigios de su antiguo palacio de Murcia. Sería todo un descubrimiento, ¿no? ¿Qué podría aportar ese hallazgo?

-Totalmente de acuerdo. Cualquier descubrimiento, y más de esta magnitud, es fundamental para el desarrollo de la cada vez más creciente arqueología de época moderna. Los posibles hallazgos podrían ser fácilmente contrastables con las fuentes documentales, algo esencial para alcanzar el pleno conocimiento histórico no solo de los Fajardo, sino de la propia historia de Murcia. Ya la aparición de la planta del palacio sería un hallazgo fundamental, al que posiblemente podamos sumar la aparición de cultura material domestica, esto es, los objetos comunes en una casa noble de esta época, que nos ayudan a conocer los hábitos y modos de vida. Por supuesto todo dependería de la forma de actuación sobre la zona arqueológica, y la forma de conservación, todo un ejercicio de gestión patrimonial para el que esperemos, Murcia esté a la altura.

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De Cuenca a Murcia

Las miradas de muchos fieles de Cuenca están puestas estos días en Murcia. La imagen de Jesús Nazareno del Puente, una de las más populares de la Semana Santa de esa ciudad castellanomanchega, descansa en la casa-taller de Arturo Serna Gómez, a escasos metros del cine Rex, en pleno centro de la capital. El experto se encarga de la primera restauración en profundidad a la que es sometida la talla religiosa desde que fue esculpida por José Capuz en 1942.  Los trabajos se centran en restañar las ‘heridas’ dejadas por el paso del tiempo, algunas pequeñas intervenciones pasadas, «muchos repintes» y, sobre todo, el vaciado que los carpinteros Pérez del Moral realizaron a la talla en 1951, por encargo de la cofradía. Fue abierta con un corte transversal para aliviarla de peso con el fin de facilitar sus traslados en procesión, según indica el experto. La restauración deberá estar lista para los cortejos de la próxima Semana Santa conquense, declarada de Interés Turístico Internacional. Pero antes la hermandad que custodia al Nazareno del Puente deberá tomar una importante decisión: si la túnica tallada en la obra recupera su policromía original. Serna Gómez ha concluido, tras un minucioso reconocimiento y el análisis de documentación, que es de un violeta grisáceo, un tono muy alejado del marrón que presenta ahora. En definitiva, un cambio radical. De momento, el restaurador sigue a la espera de la postura que adopte la cofradía.

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Esta es la única talla de Capuz en la Semana Santa de Cuenca. El artista valenciano introdujo el lenguaje moderno en la escultura de principios del siglo XX. En la Región dejó un importante legado. Principalmente en la cofradía marraja de Cartagena, que incluye en sus cortejos de Semana Santa varias tallas. En esta ciudad también se conserva el monumento del comandante Villamartín. Otros municipios, como Cieza, Lorca y Alhama de Murcia, también cuentan con imágenes religiosas de Capuz entre su patrimonio.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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