La Verdad

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Categoría: patrimonio subacuático
10.000

La próxima reunión de la comisión del barco fenicio de Mazarrón (convocada para el 21 de octubre) se presenta decisiva para el futuro del proyecto de puesta en valor del pecio de La Isla. Será en este encuentro donde las distintas administraciones implicadas deberán poner sus cartas boca arriba y demostrar que su compromiso con los trabajos de extracción, restauración y musealización de la nave, del siglo VII antes de Cristo, es firme y real. En otras palabras: que lo anunciado en anteriores reuniones no era un farol.
Sin embargo, el secretismo que envuelve a la convocatoria no hace presagiar nada bueno. Para empezar, hay dudas de que la Demarcación de Costas del Estado tenga listo el informe técnico que desvelará si la embarcación corre algún tipo de peligro por la imparable degradación que sufre la playa donde está hundida. Todo el proyecto de puesta en valor parece supeditado a este estudio. Porque la urgencia que determine debe marcar el inicio de los trabajos. En cualquier caso, Costas ya dijo que hasta 2018 no estaba previsto comenzar las labores de regeneración de La Isla, en las que se incluirían la recuperación del barco fenicio. Ese anuncio ya supuso un jarro de agua fría, porque la comisión de seguimiento había previsto empezar en junio de 2017.
Y el Ayuntamiento de Mazarrón ¿ha hecho su parte de los deberes que asumió en febrero pasado? A la reunión ha de llevar una propuesta acerca de dónde se levantará el museo que acogerá el pecio restaurado. Sin embargo, hasta ahora poco (o nada)  ha concretado, salvo que el futuro espacio museístico se localizará en las inmediaciones del yacimiento arqueológico.

Dos arqueólogos supervisan el estado de conservación del pecio de La Isla. / Arqua

En cuanto a la Consejería de Cultura, ya dimos cuenta en ‘La Verdad’ de que había liberado 10.000 euros para iniciar las prospecciones del yacimiento, unas labores previas antes de la excavación y extracción del pecio. No es mucho dinero, pero tiene una carga simbólica porque por primera vez una de las Administraciones implicadas asigna una partida económica para el proyecto del barco fenicio. Esta apuesta deberá confirmarse en los próximos presupuestos regionales.
Y así estamos veinte años después del hallazgo fenicio de La Isla.

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Un barco fenicio por San Juan

Si no se tuercen los planes, la réplica del barco fenicio de Mazarrón tocará las aguas del Mediterráneo en una noche mágica, la del 23 de junio, la noche de San Juan. La botadura será en Málaga, a 364 kilómetros de donde se halla hundido el pecio, en la hoy irreconocible (da pena verla) playa de La Isla. La construcción de la nave a escala real ha corrido a cargo de los artesanos de uno de los últimos astilleros tradicionales que quedan: los astilleros Nereo. Su maestro de carpintería, Alfonso Sánchez-Guitard, ha contado a ‘La Verdad’ que los trabajos, realizados con las mismas técnicas y materiales de hace 3.000 años, han entrado en la fase final: la del embreado del casco. Un tratamiento que le dará el característico color negro que tenían las embarcaciones de la antigüedad. La única decoración sobre los maderos de pino carrasco de los Montes de Huelva será el Ojo de Horus; y no llevará una cabeza de caballo en la proa, como se barajó en un principio, porque científicamente no se ha demostrado que esto fuera así.

La réplica del barco fenicio de Mazarrón en los Astilleros Nereo.

Todo apunta a que el primer viaje será cruzar el Estrecho de Gibraltar, entre Estepona y Ceuta, el próximo mes de agosto. Una travesía que se realizará a vela y remo, aunque no ha trascendido cuántos hombres bogarán. Ese detalle está sujeto a una cláusula de confidencialidad, según Sánchez-Guitard, porque el proyecto de la réplica del barco fenicio forma parte de una completa investigación, con la colaboración del Museo Naval de Madrid, sobre arquitectura naval y sobre la navegación de este pueblo de la mítica Tiro (en el Líbano). Además, la iniciativa tiene otro objetivo: llevar un mensaje de concordia que sirva para estrechar lazos entre las ciudades mediterráneas de raíces fenicias. En esa experiencia la Región tendrá su sitio: la nave recalará en Mazarrón (posiblemente en otoño) y en Cartagena. Lástima que el ayuntamiento mazarronero haya quedado descolgado del proyecto. El exedil de Cultura y candidato a la alcaldía por UIDM, Ginés Campillo, quien en su día tomó parte en las negociaciones, asegura que el consistorio no fue invitado a entrar en el convenio suscrito entre el Ministerio de Cultura y la Fundación Málaga. Con todo, Campillo mantiene que su propuesta sigue en pie: dedicar 30.000 euros a la compra de la réplica del barco fenicio, que se destinaría a ofrecer a los turistas paseos por la bahía de Mazarrón. Ya veremos en qué queda la idea.

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Cuatro años perdidos

Cuatro años pueden dar para mucho, o para nada. Por ejemplo, es el tiempo justo para desencantarse del que creías era el amor de tu vida, según leo en un estudio de unos investigadores mexicanos. Aunque bien aprovechado, un cuatrienio permite obtener un título universitario. Y el genio de Miguel Ángel empleó esos 1.460 días en completar una de sus obras maestras: la Capilla Sixtina. Cuatro años también es lo que dura una legislatura como la que acabará en mayo próximo. Pues bien, todo ese tiempo no ha sido suficiente para que el Ayuntamiento de Mazarrón dé solución a algunas de las asignaturas pendientes que tiene el municipio en materia de patrimonio histórico.

El barco fenicio de La Isla sigue a la espera de su puesta en valor. En esta legislatura se han dado más bandazos que nunca. Primero, el entonces alcalde Ginés Campillo anunció que el Consistorio iba a sufragar por su cuenta y riesgo un arcón de hormigón y cristal para poder ver ‘in situ’ el pecio. Luego se dio un giro de 180 grados al apuntar que la mejor opción era extraer la embarcación y exponerla en seco. En fin, otro capítulo más que termina con esta joya de la arqueología submarina pendiente de su recuperación. Y con el peligro añadido de que la nave está emergiendo debido a la degradación que sufre la playa de La Isla. El único pasito adelante ha sido que el yacimiento se declare bien de interés un cuarto de siglo después de su descubrimiento.

El castillo de los Vélez. Ni hay fecha ni hay presupuesto (ni se le espera) para completar la restauración de la fortaleza que domina la localidad desde finales del siglo XV. El anterior gobierno del PP, presidido por Francisco Blaya, acometió una primera fase. Entre las obras de acondicionamiento se incluyó un auditorio al aire libre, cuyo graderío se hundió al poco tiempo porque, al parecer, alguien no calculó que debajo había una galería minera. Un fiasco. El monumento se cerró entonces, y ahí continúa a la espera de que lleguen mejores tiempos. Qué pena, porque desde su patio de armas las vistas son únicas.

La plaza del Ayuntamiento, en el corazón del casco antiguo, es una radiografía perfecta del estado en el que se encuentra el patrimonio histórico. Dos de los tres edificios singulares que atesora están cerrados debido a su deterioro: la iglesia de San Antonio de Padua (otra herencia del marqués de los Vélez y de sus prósperos negocios del alumbre) y el casino, una construcción, con toques modernistas, levantada en la época dorada de la minería moderna. El caso de este inmueble municipal es especialmente sangrante no solo por su interés arquitectónico sino porque su aprovechamiento para uso civil vendría a remediar la falta de equipamientos públicos que arrastra el municipio.

Con el museo de la casa de don Zenón se ha vendido la piel del oso ante de cazarlo. El proyecto para convertir esta mansión burguesa de finales del XIX en el nuevo espacio expositivo que necesita Mazarrón está parado debido a la falta de dinero. Otras operaciones para engrosar el patrimonio municipal (casa Rolandi y el cuartel de la Benemérita) también se encuentran atascadas.

Las ruinas de la mina San Antonio de Mazarrón. / F MANZANERA

Y qué decir de las antiguas minas. Otros cuatro años tirados por la borda. Su protección como sitio histórico no ha frenado el deterioro y el expolio que padecen. La degradación avanza a pasos de gigante sin que termine de cuajar un proyecto realista e imaginativo que convierta los cotos en un espacio seguro en el que disfrutar de su paisaje de mil colores y de su historia en cada filón.

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Naufragios con tirón turístico

El interés despertado por la historia (un naufragio con final feliz, dos siglos después) de la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, con tres exposiciones, dos en Madrid y una en Cartagena (no sé yo si muy pronto nos hemos conformado con las migajas), viene a demostrar el potencial que ofrece el patrimonio subacuático y marítimo para atraer un turismo cultural. Ahí ha estado rápido el nuevo alcalde de Mazarrón, el socialista Francisco Garcia, quien, en una entrevista realizada por mi compañero Guillermo Hermida (@WHermida), proclamó: “El barco fenicio [de La Isla] es nuestra ‘Mercedes’. Debe ser visitable ‘in situ’ o en un museo, pero aquí”. Atascado el proyecto de recuperación de este pecio en los despachos de Madrid, hay que conformarse de momento con el centro de interpretación construido hace unos años a pocos metros de donde permanece hundida la delicada y anciana nave.

A la embarcación de La Isla, un vendaval la mandó a pique cuando estaba cargada de mineral. Incluso puede que en el fondo de la misma playa exista toda una flotilla fenicia, una incógnita que no se despejará hasta que se lleve a cabo una excavación en condiciones. Con sus 73 kilómetros de costa, la Región ha sido testigo de más naufragios; algunos tan funestos como el del ‘Sirio’, un trasatlántico que, en agosto de 1906, terminó sus días hundido frente a Cabo de Palos y con 283 vidas perdidas; otros misteriosos, como el de la goleta ‘Beatriz’, que transportaba, con destino al Museo Británico de Londres, el sarcófago de basalto del faraón Micerinos y que una tormenta hizo zozobrar, el 10 de octubre de 1838, en un punto de la costa entre Mazarrón y Cabo de Palos, sin que todavía se haya podido recuperar su preciada carga.

Colmillos de elefante en el yacimiento de Bajo de la Campana. / JUAN NIETO

Los murcianos tenemos la suerte de contar, cerca de casa, con un centro de referencia nacional dedicado a la conservación y difusión del patrimonio subacuático. En las modernas instalaciones del Arqua de Cartagena no solo se pueden contemplar piezas arqueológicas de incalculable valor rescatadas bajo el mar, sino también conocer de primera mano el gran trabajo que desarrollan sus profesionales para el cuidado, restauración y mantenimiento de los pecios y las cargas que contenían. La ciudad portuaria tiene otra parada obligada para los amantes del mar, el Museo Naval, en el antiguo cuartel de marinería, con una apartado especial dedicado a Isaac Perral y su famoso submarino.
Volviendo al principio, en la segunda quincena de octubre, el Arqua acogerá unas jornadas internacionales (Ikuwa V) centradas en el patrimonio subacuático y con una área de trabajo dedicada exclusivamente a buscar fórmulas que permitan acercar estos tesoros al público. Seguro que los expertos tienen la clave.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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