La Verdad

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Categoría: pintura
Una imagen 123 años después

El accidente más trágico en los distritos mineros de la Región ocurrió en Mazarrón, el 16 de febrero de 1893. Del siniestro, que segó la vida de 28 operarios por un escape de grisú, no había imágenes. Hasta ahora, cuando el antropólogo y cronista oficial de Mazarrón, Mariano Guillén Riquelme, deja constancia gráfica de cómo fue aquel triste suceso. La obra –en grafito, tinta y acuarela– muestra el momento en el que las víctimas son sacadas del pozo, y forma parte de la exposición ‘Mazarrón: historia imaginada’ que el investigador y académico de la Real de Alfonso X el Sabio muestra hasta finales de enero en las Casas Consistoriales.
Desde el rigor científico y apoyado en sus dos décadas de estudios sobre el pasado del municipio, Guillén ha dedicado dos años de trabajo a esta colección, compuesta por dieciocho láminas con una selección de momentos históricos de la localidad. Ahí están, por ejemplo, la construcción del ferrocarril (1882), por una concesión del rey Alfonso XII, para dar salida por mar al mineral. O la huelga del 1 de mayo de 1890 para reivindicar la jornada laboral de ocho horas y un aumento del 25% en los sueldos. También, la inauguración de las Casas Consistoriales (1892), ejemplo del empuje industrial que vivió el pueblo; la proclamación de la II República, con el izado de la bandera tricolor a cargo del presidente de la Junta Revolucionaria, el notario Félix Pablo Gudín, «entre una multitud enardecida de entusiasmos»; y el saqueo de la iglesia del convento de la Purísima, a los pocos días de la sublevación militar de 1936, que acabó con la quema de la mayoría de las tallas religiosas en la misma puerta del templo patronal.

Accidente en la mina 'Impensada'. / MARIANO C. GUILLÉN RIQUELME

Accidente en la mina 'Impensada'. / MARIANO C. GUILLÉN RIQUELME

Cada lámina se acompaña de un pequeño texto que explica la ilustración, para de esta formar realizar un singular y ameno recorrido por la historia del municipio desde sus orígenes. Para el director del certamen Fotogenio, Juan Sánchez Calventus, la muestra «nos regala un torrente de información visual a los amantes del arte, la fotografía y la hitoria», según explica en el catálogo de la exposición.

La propuesta cultural, que se puede visitar hasta el 28 de enero, es doble, ya que se completa con otras creaciones del cronista oficial. Porque en el sótano del edificio consistorial, Mariano Guillén expone una retrospectiva de su obra, desde los carteles que realizó para anunciar los carnavales hasta cuadros que hoy día pertenecen a colecciones privadas. Como pintor y dibujante, Guillén ha llevado a cabo tres exposiciones patrocinadas por el Ayuntamiento, dos de ellas ubicadas en el salón de actos de la Universidad Popular y una tercera en la iglesia de San Andrés. Fue, además, cofundador del grupo de artes plásticas Almagra, y en 1997 impulsó el certamen de pintura al aire libre ‘Memorial Domingo Valdivieso’, que aún hoy se sigue celebrando. Dos de sus cuadros decoran sendos espacios cargados de historia: el Salón de Plenos, con un retrato de Juan Carlos I, y el altar mayor del convento, con una escena del Milagro de la Purísima.

[La muestra podrá verse hasta el 28 de enero. El horario de visitas será las mañanas de lunes a sábado de 10 a 14 horas y las tardes de martes a viernes de 17 a 20  horas.  La sala permanecerá cerrada los días 8 y 26 de diciembre, 2 y 6 de enero]

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“¿Cuándo han corrido buenos tiempos en el arte?”

Su visión del arte se aleja de representaciones, explicaciones y lenguajes. Pedro Zamora Serna (Cartagena, 1995), desembarca en Verbo Estudio (calle Verónicas, 10, Murcia) con “Humano”, su tercera exposición individual, una selección de seis obras no figurativas sobre la belleza visual del gesto, que pueden contemplarse hasta el 7 de octubre. Pendiente de iniciar sus estudios de Bellas Artes, tras examinarse en la última Selectividad de la historia, el pintor recuerda a sus primeros maestros, Alfonso Romero y David Galián. A este último “le debo casi todo mi compromiso y conocimiento artístico”, afirma. Considera que “hay poco mercado” para los jóvenes creadores. Ahora busca la madurez, mientras encaja con soltura las críticas.

El pintor cartagenero Pedro Zamora. / A. DURÁN

–Con solo 21 años, “Humano” es su tercera exposición individual. Empieza fuerte.
–Aquí, el que no corre, vuela; he tenido la suerte de exponer mi trabajo a medida que evolucionaba.
–¿Qué reflexión plantea con esta muestra en Verbo Estudio? ¿Qué fibras espera tocar del espectador?
–Intento mostrar la belleza visual del gesto humano, sin ningún trasfondo o explicación pseudofilosófica.
–¿Teme que su obra pueda no ser entendida por el público?
–Siendo sincero, lo que realmente temo es que el público anteponga entenderla a disfrutarla.
–¿Cómo es su proceso creativo? ¿Cómo surgen sus obras?
–Mi proceso creativo es sencillo: salgo con mis amigos, leo, veo películas… Las cosas que te pasan día a día son el proceso. Luego es ponerse frente al lienzo y pintar.
–¿Y lo hace todos los días?
–Todos los días que puedo, aunque solamente sea para entrenar la mano. Si tengo tiempo libre, puedo dedicarle a la pintura unas cuatro o cinco horas diarias.
–¿Ofrece la Región oportunidades para los jóvenes creadores?
–Hay oportunidades para darse a conocer, pero hay muy poco mercado, y más concretamente para los jóvenes creadores.
–¿Cuál ha sido la mejor crítica que ha recibido?
–Es justo que recuerde la mejor y la peor. La mejor es un comentario en Youtube en el vídeo de presentación de mi ultima exposición: “Debería haberse llamado Blanco Lacoste, o mejor, Blanco Mierda”. Las peores, el típico “amor de abuela” [ríe]
–¿Corren buenos tiempos para el arte?
–¿Cuándo han corrido buenos tiempos en el arte? Todos los artistas en todas las épocas piensan que la suya es la peor en la historia del arte.
–¿Qué pretende con su pintura? ¿A dónde le gustaría llegar?
–En realidad, lo que pretendo es seguir haciendo lo único que sé hacer durante el máximo tiempo posible. Mi única pretensión es pintar. Es a lo que me quiero dedicar siempre, porque, además, es lo que sé hacer. Personalmente entiendo mi obra como un proceso constante de búsqueda y madurez, y no como una sucesión de proyectos que debo llevar a cabo.
–¿Qué puede aportar el arte en estos tiempos deshumanizados y confusos?
–Posiblemente más confusión, pero deshumanización, nunca. El arte es lo que verdaderamente reafirma el ego humano. Desde el Renacimiento no hay nada que le guste más a nuestra razón que ella misma y sus frutos.

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Colores de la mina en un altar

La iglesia de San Andrés Apóstol (siglo XVI) de Mazarrón era conocida, sobre todo, por su artesonado mudéjar. Pero a partir de ahora también lo será por sus pinturas decorativas, realizadas durante la ampliación que experimentó el templo en el siglo XVIII. Los murales han recobrado su colorido gracias a las delicadas manos y la paciencia de los profesionales del taller Asoarte, dirigidos por la conservadora Loreto López, tras varios años de trabajo. El proyecto de restauración también ha permitido sacar a la luz el nombre del autor de esta obra, Diego Marín del Pino, un maestro dorador que visitó la localidad para tasar otra obra en la vecina parroquia de San Antonio de Padua, así como la fecha de terminación de la decoración, 1744.
López cree que Marín del Pino, un artesano del que se conocen pocos datos, tuvo que inspirarse en el colorido de las minas que rodean la localidad para llevar a cabo este proyecto. «En esos murales aparecen los pigmentos naturales de la zona: amarillos, ocres, grises, rosáceos, además de la almagra», explica la conservadora. Ese residuo procedente de la fabricación del alumbre es el que se ha empleado para recubrir todo el zócalo de la iglesia, afectado por la humedad.
En el templo resalta ahora la arquitectura fingida (realizada mediante la técnica del trampantojo) dibujada a todo color en el altar mayor, en el que aparecen las imágenes de San Clemente y San Enrique, así como un medallón con una Virgen Apocalíptica. Loreto López define el conjunto como “un dibujo armónico, en una composición acertada”. También llaman la atención las pinturas decorativas a ambos lados del crucero y en algunas de las capillas laterales. La recuperación ha supuesto un duro trabajo, debido al deterioro que presentaban los murales, ocultos bajo varias capas de yeso. Y aunque no se ha podido recuperar el acabado final que tuvo la obra, los feligreses sí que pueden hacerse una idea bastante completa de la decoración que recibió el templo hace ahora 250 años.

Altar mayor de la iglesia de San Andrés Apóstol. / Asoarte

La parroquia de San Andrés Apóstol, protegida por su interés cultural, fue levantada por encargo del duque de Escalona a raíz de sus florecientes negocios mineros, que pronto se repartió con su ‘primo’ el marqués de los Vélez. Este otro noble no tardó mucho en desear tener su propia iglesia, dedicada al patrón, San Antonio de Padua. Por eso, en Mazarrón se da la paradoja de que ambos edificios religiosos se encuentran uno tan cerca del otro. San Andrés Apóstol sufrió el abandono hasta que hace un par de décadas se acometió su restauración, recuperándose para los oficios religiosos. Ahora el templo que peor está es el de San Antonio, cerrado a la espera de una rehabilitación que nunca llega.

[La restauradora Loreto López explica hoy jueves, 21 de mayo, a las 20 horas, los detalles de la restauración en una conferencia que imparte en el Museo de Bellas Artes de Murcia, calle Obispo Frutos, 12. Teléfono 968 23 93 46]

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Valdivieso, entre sus paisanos

El delicado retrato que le pintó su colega de oficio Germán Hernández Amores en 1861 recibe al público en la segunda planta de las Casas Consistoriales de Mazarrón. Domingo Valdivieso (1830-1872) aparece con una mirada entre perdida y melancólica, frente despejada y perilla y bigote a la moda del romanticismo que le tocó vivir. El pintor mazarronero ‘cosecha’ por fin un homenaje en su tierra natal, donde todavía hoy es un desconocido para muchos de sus paisanos, pese a que un instituto de Secundaria y un certamen artístico llevan su nombre. La muestra (abierta hasta el 9 de mayo) es la oportunidad perfecta para acercarse a la obra de este gran retratista, que dominó también el costumbrismo muy del gusto burgués y la temática religiosa. Magdalena Campillo, la comisaria de la exposición, ha conseguido reunir una selección del trabajo del artista mazarronero, en la que no faltan dos de sus obras maestras: Cristo Yacente (1863) y Luna de miel (1868), ambas cedidas por el Museo de Bellas Artes de Murcia. También es posible contemplar por primera vez una serie de cuadros procedentes de colecciones privadas, como el retrato de Andrés Quijada (1860), que nunca antes se habían expuesto al público.
Valdivieso, Hernández Amores y Martínez Pozo forman el trío de pintores murcianos más potente de la segunda mitad del siglo XIX. El mazarronero empezó sus estudios en Murcia, para después completar sus formación en Madrid, París y Roma, con ayuda de una beca de la Diputación Provincial, donde entró en contacto con las nuevas corrientes. La obra de este artista se reparte por varios museos, entre ellos, el madrileño del Prado. En la capital murciana, dejó constancia de su maestría con los pinceles en las efigies de Villacis, Romea, Salzillo y Floridablanca que decoran el salón de baile del Casino.

Una joven contempla la exposición de Valdivieso.

La exposición de las Casas Consistoriales también sirve para admirar la faceta de dibujante e ilustrador de Valdivieso, con la colección de litografías del Estado Mayor del Ejército. Y no hay que abandonar el edificio (aproveche también para conocer esta joya del modernismo levantada en plena época de apogeo de la minería) sin detenerse en la vitrina que guarda el paño de la Santa Faz  para la Verónica de la cofradía de los Salzillos. Pocas veces esta pieza , que “emana humanidad”, en palabras del pintor Pedro Cano, abandona la murciana iglesia de Jesús debido a su fragilidad. Domingo Valdivieso nunca olvidó su tierra natal, como prueba el cuadro Virgen con el Niño realizado para la parroquia de San Andrés y San Antonio de Padua, donde el pintor fue bautizado. Su temprana muerte, con solo 42 años, “privó a la pintura española de un legado más abundante”, según recuerda el alcalde de Mazarrón.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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