La Verdad

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Categoría: Rehabilitación
Se vende villa de veraneo con historia

El cambio del siglo XIX al XX marcó el inicio del despegue turístico de Mazarrón. Los primeros veraneantes que llegaron para descansar junto al mar pertenecían a familias adineradas. No podía ser de otra forma en una sociedad marcada por las grandes diferencias entre clases. Muchas de ellas habían hecho negocio con la minería, que entonces vivía una época dorada gracias a la inversión extranjera y a una mano de obra mal pagada. Como recuerda el cronista oficial, Mariano Guillén, en su tesis doctoral ‘Industrialización y cambio social en Mazarrón’, ya en 1881 el Ayuntamiento recibe solicitudes de licencia para levantar viviendas en la playa del Puerto, además de otros equipamientos, como balnearios, con el fin de atender las necesidades de diversión de estos visitantes privilegiados.
Entre aquellas residencias estivales, hoy día destaca una: Villar Mar o Casa Rolandi, como también es conocida. Localizada en pleno paseo marítimo, en la playa del Rihuete, a la altura de la calle Viriato, data de los primeros años treinta del siglo XX. Son dos edificios, entorno a una pequeña zona ajardinada de eucaliptos centenarios, con fachadas de estilo neoclásico y algunos toques modernistas, como la balaustrada que corona el inmueble principal y la escalinata de acceso. En su interior, todavía se conservan algunos pavimentos y mobiliario originales, y recientemente ha recibido un lavado de cara exterior. Villa Mar está protegida por Patrimonio Histórico como bien catalogado. La resolución de noviembre de 2011 destaca que el inmueble “posee una relevancia cultural a todas luces innegable”. Pero la Casa Rolandi no vive ahora sus mejores días. La mayor parte del año permanece cerrada, y sus dueños, afincados en Madrid, buscan nuevos propietarios. La venta la gestiona una inmobiliaria del pueblo. El precio, 730.000 euros.

Fachada principal de Villa Mar. / PAULA RUBIO

En la anterior legislatura, el Ayuntamiento, con Ginés Campillo al frente del equipo de gobierno, quiso hacerse con la finca, con vistas a darle un uso cultural. Incluso se llegó a incluir una partida en los presupuestos para la compra. Pero llegaron nuevas elecciones y con ellas un cambio en la alcaldía. Y en los planes del nuevo Ejecutivo local, liderado Alicia Jiménez, no entra la operación de compra. Cuentan que el precio es elevado, y, además, habría que añadir otros gastos, como el mantenimiento de la propiedad y posibles trabajos de rehabilitación. Villa Mar aguarda tiempos mejores, y quizás nuevos inquilinos. Buena suerte.

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Ideas para reutilizar

El concurso de ideas para la nueva sede de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación (ETSAE)  de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha sido sensible con las tendencias que asoman en este siglo XXI. Las bases de la convocatoria dan prioridad a la rehabilitación y la reforma de los edificios existentes frente a su demolición. La recuperación y la reutilización se han convertido en señas de identidad de la arquitectura de vanguardia. Así ha quedado de manifiesto, por ejemplo, en la selección de los cinco finalistas de los galardones Mies van der Rohe, de la Unión Europea, y, más recientemente, en el prestigioso Premio Pritzker, que ha recaído en el estudio catalán RCR. De este trío de proyectistas, el jurado destaca su “gran respeto por el pasado [...], agregando elementos solo cuando es necesario”, además de la conexión de sus obras con “el paisaje circundante y los valores locales”.
Dar prioridad a la conservación de los dos edificios que acogen las principales dependencias de la ETSAE ha sido un empeño colectivo de la comisión encargada de redactar las bases y del profesor y actual vicerrector Marcos Ros, consciente de que la sostenibilidad (unas de las competencias que desempeña dentro del equipo directivo de la UPCT) tiene mucho que ver con el aprovechamiento de lo existente, con darle una segunda vida a los recursos disponibles. Y ello pese a que los inmuebles sobre los que se proyectan las futuras instalaciones no cuentan con una protección especial. Ambas construcciones se levantaron a mediados del siglo pasado en el Ensanche de Cartagena, dentro de una manzana urbana que hoy se conoce como el campus de Alfonso XIII. Uno de los bloques funciona como sede institucional de la Escuela; el otro se conoce como Nave de motores, y es el más interesante de las dos desde el punto de vista constructivo. En su ejecución se emplearon vigas prefabricadas de hormigón en celosía, datadas a finales de los años 50, utilizando una técnica innovadora en aquel momento en el país.Una cubierta en diente de sierra y la iluminación natural cenital ofrecen un espacio diáfano “de gran flexibilidad y riqueza visual”, según aparece en la convocatoria.

Uno de los edificios de la Escuela de Arquitectura objetos de la reforma. / UPCT

Con estos mimbres, los concursantes tendrán que aportar las soluciones que permitan integrar “de la manera más unitaria posible” los dos edificios, y dotar así a la Escuela (800 alumnos, 90 profesores y once grupos de investigación) de “una personalidad única, frente a la actual situación de dispersión”. De la criba se encargará un jurado formado por representantes de la Politécnica, los colegios profesionales y el Ayuntamiento, además de los arquitectos Victoria Acebo García, Juan Domingo Santos, Víctor López Cotelo, Carlos Quintáns Eiras, Eva Prats Güerre y José Morales Sánchez. Hasta el 5 de mayo permanecerá abierto el plazo de entrega. El ganador contará con un presupuesto de 6 millones de euros para materializar su propuesta.

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De Cuenca a Murcia

Las miradas de muchos fieles de Cuenca están puestas estos días en Murcia. La imagen de Jesús Nazareno del Puente, una de las más populares de la Semana Santa de esa ciudad castellanomanchega, descansa en la casa-taller de Arturo Serna Gómez, a escasos metros del cine Rex, en pleno centro de la capital. El experto se encarga de la primera restauración en profundidad a la que es sometida la talla religiosa desde que fue esculpida por José Capuz en 1942.  Los trabajos se centran en restañar las ‘heridas’ dejadas por el paso del tiempo, algunas pequeñas intervenciones pasadas, «muchos repintes» y, sobre todo, el vaciado que los carpinteros Pérez del Moral realizaron a la talla en 1951, por encargo de la cofradía. Fue abierta con un corte transversal para aliviarla de peso con el fin de facilitar sus traslados en procesión, según indica el experto. La restauración deberá estar lista para los cortejos de la próxima Semana Santa conquense, declarada de Interés Turístico Internacional. Pero antes la hermandad que custodia al Nazareno del Puente deberá tomar una importante decisión: si la túnica tallada en la obra recupera su policromía original. Serna Gómez ha concluido, tras un minucioso reconocimiento y el análisis de documentación, que es de un violeta grisáceo, un tono muy alejado del marrón que presenta ahora. En definitiva, un cambio radical. De momento, el restaurador sigue a la espera de la postura que adopte la cofradía.

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Arturo Serna, en plena restauración de la talla de Capuz. / V. VICÉNS

Esta es la única talla de Capuz en la Semana Santa de Cuenca. El artista valenciano introdujo el lenguaje moderno en la escultura de principios del siglo XX. En la Región dejó un importante legado. Principalmente en la cofradía marraja de Cartagena, que incluye en sus cortejos de Semana Santa varias tallas. En esta ciudad también se conserva el monumento del comandante Villamartín. Otros municipios, como Cieza, Lorca y Alhama de Murcia, también cuentan con imágenes religiosas de Capuz entre su patrimonio.

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Otra vida para el Dos Playas

No siempre los edificios más singulares tienen la oportunidad de disfrutar de una segunda vida. Pero, afortunadamente, este sí parece el caso del antiguo hotel Dos Playas, en Puerto de Mazarrón. Cerrado durante años, ahora los huéspedes han dejado paso a otros inquilinos: las cuadrillas de albañiles, fontaneros y electricistas encargados de acondicionar las instalaciones para su reapertura la próxima primavera. La buena noticia llega por partida doble. Además de reforzar la oferta de alojamientos de un municipio que tiene en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos, los promotores de la iniciativa (el grupo empresarial ElPozo) quieren ser respetuosos con la construcción, recogida en el catálogo de la Fundación Docomomo como una de las obras emblemáticas del patrimonio moderno. Y este interés no solo afectaría a la fachada, sino también a elementos del diseño interior, desde vidrieras a mobiliario de los años 70.

Fachada del hotel, con las terrazas de las habitaciones.

La conservación de este patrimonio arquitectónico es una de las bazas que los inversores disponen para beneficiarse de bonificaciones fiscales a la hora de acometer las obras. Pero, aún así, hay que agradecerles su sensibilidad para que esta ‘joya’ del llamado Movimiento Moderno sobreviva entre tanto desaguisado llevado a cabo a golpe de piqueta. Como ya conté en esta misma sección, el hotel Dos Playas se levantó entre los años 1965 y 1971, frente a la playa de La Ermita. Es un diseño del arquitecto Juan Guardiola Gaya, autor de un buen número de edificios en la fachada marítima de la alicantina playa de San Juan. Los investigadores destacan la solución estética de su fachada a base de la repetición de las terrazas de las habitaciones, ademas de “su contundente horizontalidad” que contrasta con la esbeltez de la torre de apartamentos conocida como el edificio Paula. Me cuentan que lo más probable es que Guardiola recurriera a otros artistas y artesanos de la época para la decoración interior. Asi que conviene estar atentos a la remodelación en marcha, bajo la dirección del arquitecto Pablo Chamizo, para ver qué sorpresas depara.

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Ojo con el Dos Playas

El Dos Playas, en Mazarrón, no es un hotel cualquiera. La Fundación Docomomo Ibérico, una institución que vela por la difusión y la conservación de la arquitectura y el urbanismo del siglo XX, incluye esta construcción turística en su catálogo de edificios singulares, dentro del apartado de los equipamientos modernos. Levantado entre los años 1965 y 1971, el diseño corrió a cargo de Juan Guardiola Gaya, el arquitecto que contribuyó a renovar la fachada marítima de la alicantina playa de San Juan. El establecimiento (cerrado desde mediados de los años 80) lo componen dos bloques horizontales: las dos primeras plantas albergaban los espacios comunes; las otras cuatro estaban dedicadas a las estancias de los huéspedes. Su fachada se distingue por la repetición de los huecos de las terrazas de las habitaciones. Y con el vecino ‘edificio Paula’ (una torre de 20 plantas) forman un conjunto que marca el paisaje de esta urbanización de la costa.

Toda esta explicación viene a cuento porque el Dos Playas tiene un nuevo propietario, que piensa volver a poner en marcha el hotel. Así que el acondicionamiento del edificio para su reapertura obligará a acometer obras. Sin duda, es una buena noticia para el sector turístico, pero, ya puestos, conviene que los promotores tengan en cuenta la singularidad del edificio, no vaya a ser que con las anunciadas reformas, el establecimiento pierda el valor arquitectónico que le ha llevado a figurar en el selecto catálogo de la Fundación Docomomo.

Distribución de los balcones de las habitaciones del hotel. / J. M. RODRÍGUEZ

La Consejeria de Cultura debería estar atenta, aunque el edificio no cuente, de momento, con protección alguna. Porque precedentes de desaguisados con el patrimonio del llamado Movimiento Moderno los tenemos a puñados en la Región. En Murcia, por ejemplo, la rehabilitación de la sede de la Delegación del Gobierno se ha visto envuelta en la polémica debido a que los trabajos han dado al traste con su esencia y originalidad, según una denuncia de los arquitectos y profesores de la Politécnica de Cartagena Edith Aroca y José María López. Una vez más, el desconocimiento estaría detrás de este tropiezo, ya que, quienes redactaron el proyecto de las obras, ni siquiera conocían que el autor del citado edificio administrativo, de mediados de los años 50, fue  Francisco Prieto Moreno, famoso en la época por su dilatada trayectoria como arquitecto conservador de la Alhambra de Granada. ¿Correrá la misma mala suerte el Dos Playas?

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Paisajes de la infancia

Todos tenemos un paisaje que nos devuelve a la infancia. El mío, no podía ser de otra forma, está en Mazarrón, y es el Cabezo del Santo. El cerro, que se alza a la salida del pueblo en dirección al Puerto para recordarnos el pasado volcánico de estas tierras preñadas de mineral, fue hace tiempo escenario de divertidos juegos bajo los pinos, excursiones de tardes sin escuela y sabrosas meriendas en días especiales. Cuarenta años después, que se dice pronto, vuelvo a subir por la colina, y me duele contemplar tanta desidia. La suciedad campa a sus anchas porque a algunos usuarios no se les ocurre nada mejor que tirar sus desechos en plena naturaleza, pero también porque el Ayuntamiento no dispone de un servicio para mantener en condiciones este pulmón verde, referente del paisaje urbano. La escalinata de piedra construida con el fin de facilitar el acceso tampoco se ha conservado como debiera. Sobresalen peligrosos hierros y faltan tramos de barandilla. Y la cartelería que informaba de los recursos naturales y la historia que atesora este paraje resultan ilegibles, devorados por el sol y las pintadas. En cuanto a la vegetación, las plagas y la sequía han hecho estragos, y nadie se ha preocupado de sanear el escaso arbolado que sobrevive a duras penas. Para coronar tanta dejadez, el monumento religioso que se alza en lo más alto (erigido con las aportaciones de los vecinos a principios de la década de los años 50) está sucio por los garabatos de pintura y presenta algunos desprendimientos.

Pintadas en el monumento del Sagrado Corazón. / M.R.M.

En resumen, un feo panorama al que, por desgracia, nos tienen acostumbrados en este pueblo. Porque solo hay que darse una vuelta para comprobar cómo otros iconos de la localidad siguen a la espera de tiempos mejores: desde el edificio modernista del Casino (convertido en un palomar) a los históricos cotos mineros, abandonados para que ‘cazatesoros’ y chatarreros ilegales hagan su particular negocio. O el castillo de los Vélez, a medio rehabilitar; la torre del Molinete, sin uso; el no-museo de La Cañadica… De pena.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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