La Verdad
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6.000 años en diez salas
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Miguel Rubio | 26-02-2014 | 22:50| 0

Hablando de museos, parece que lo realmente importante es el contenido, más que el continente. Ya contamos aquí los detalles de la mansión burguesa de finales del siglo XIX, en el barrio de la Cañadica, que se reformará para acoger el nuevo museo de Mazarrón. Así que hoy toca adelantar qué encontrará el visitante en las vitrinas de las nuevas salas. El proyecto redactado por la arquitecta Pepa Díaz Calvo (autora también de la nueva plaza de abastos, que combina en su fachada sillares de piedra y un mosaico multicolor) incluye la restauración de la antigua vivienda y la construcción de un anexo para albergar dependencias auxiliares. A la espera de que se adjudiquen las obras, un tramite que podría completarse en los próximos días, la arqueóloga municipal, María Martínez, trabaja a todo ritmo desde hace meses en la selección de las piezas que formarán la exposición permanente. Ya hay una lista provisional, pero todavía quedan cabos sueltos. Eso sí, el museo se nutrirá de los más de cien yacimientos arqueológicos excavados en el municipio. Algunas de las colecciones se guardan desde hace tiempo en un almacén municipal, a falta de un espacio en condiciones para mostrarlas al público; otras obras están depositadas en museos de la Región. En cualquier caso, no parece que habrá réplicas, y que todo serán originales.

Yacimiento romano en la playa del Alamillo (Mazarrón). / J.M.RODRÍGUEZ

El museo recorrerá la historia de Mazarrón desde el Paleolítico hasta la época contemporánea, si bien sus dos salas principales (de las diez con que contará) estarán dedicadas al pasado romano de la localidad y a la minería. Así se mostrarán pavimentos de la villa romana del Rihuete, restos de pintura parietal del yacimiento del Alamillo y basas de columnas, además de objetos de cuidado personal, como agujas para el pelo, peines de hueso y pulseras de pasta vítrea. También está previsto que el público pueda contemplar la colección del castillo de los Vélez, en la que destacan los platos italianos de la serie ‘berettino’, así como candiles y monedas del siglo XVI. Del poblado neolítico del Cabezo del Plomo, que data de finales del IV milenio antes de Cristo, llegarán materiales de sílex y algunos cuencos cerámicos. La minería estará presente con diferentes tipos de lingotes de plomo, morteros de picar y crisoles. Y esto solo es un ‘aperitivo’. Para conocer la oferta completa habrá que esperar aún unas semanas.

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'Reencuentro' con Fisac
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Miguel Rubio | 24-02-2014 | 16:44| 0

La exposición por el centenario de Miguel Fisac y Alejandro de la Sota echa el cierre en el madrileño Museo ICO; y es ahora cuando se abre la puerta para que la muestra viaje a la Región. Desde el Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia (Coamu) se han interesado por traer la colección que recoge el legado de estos dos maestros de la arquitectura española de mediados del siglo XX. Sería de cara a la próxima primavera, si bien las gestiones no han hecho más que empezar. De los dos genios, Miguel Fisac (Daimiel, 1913-Madrid, 2006) fue el que mantuvo una mayor relación personal y profesional con la Región. Así, una de sus obras más destacadas (y que figura en el catálogo de la citada exposición) es el chalé que construyó para su disfrute en Isla Plana (Cartagena) con vistas a la Bahía de Mazarrón. Data de 1968 y los vecinos no tardaron en ‘bautizarla’ como ‘La Cajonera’, por los cuatro contenedores en escalera que dan forma a la construcción. El edificio ha sufrido una profunda transformación para convertirse en dos viviendas independientes. Algunos dicen que está irreconocible.

Vivienda de Fisac en Isla Plana, antes de que se reformara el inmueble en 2007. / J. M. RODRÍGUEZ

A mitad de los años setenta, Fisac cambió Cartagena por Palma de Mallorca como destino para sus vacaciones, y vendió su famoso chalé a un hermano de la catedrática de la Universidad de Murcia Ana María Muñoz Amilibia. En declaraciones a ‘La Verdad’, la profesora, ya jubilada y retirada en Madrid, recordaba así la vivienda: “Como idea arquitectónica, la casa era fantástica y cómoda para vivir”.
El proyectista y viajero incansable dejó otras obras en la Región. Ahí está la capilla de la urbanización Torreguil, a la salida de Sangonera la Verde por la carretera de Mazarrón. Fue una de sus últimas obras antes de morir. La estructura está terminada, pero no así su interior. Es una construcción (ahora en manos de un particular) dominada por el hormigón; sus grandes ventanales dejan ver una techumbre de líneas rectas y a distintas alturas. Del estudio de Fisac también queda una urbanización en Águilas, cerca del nuevo auditorio. En Lorca, levantó el instituto de secundaria Ramón Arcas, de diseño académico y uno de sus primeros trabajos nada más salir de la Escuela de Arquitectura. El terremoto de 2011 ocasionó importantes daños, y, finalmente, se optó por su demolición (conservando solo una parte de la fachada), en contra de la opinión de un grupo de arquitectos que vieron perder una pincelada de este maestro, impulsor del renacimiento moderno de la arquitectura española.

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Parada en la estación fantasma
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Miguel Rubio | 19-02-2014 | 18:30| 0

Algunas viven una segunda juventud. Las líneas ferroviarias en desuso se han convertido en una nueva oferta turística, en la que se dan la mano naturaleza y patrimonio industrial. En la Región, disponemos de 200 kilómetros de antiguos caminos de hierro, en un estado de conservación dispar, para disfrutarlos a pie o en bicicleta. Ahora la Comunidad Autónoma quiere llamar a la puerta de la Unión Europea a la busca de fondos para seguir avanzando en su puesta en valor. Por si alguien se anima a adentrarse en esta página de la historia del ferrocarril, aquí van unos apuntes sobre los tres trazados que existen en la Región.

1) Murcia-Caravaca por la vía verde. Es el único antiguo corredor que está acondicionado como recurso turístico. Son 75 kilómetros entre el campus universitario de Espinardo y la Ciudad de la Cruz, atravesando los cultivos agrícolas de la vega del Segura, el ‘paisaje lunar’ de Campos del Río y Albudeite y un mar de pinos en el Noroeste. La línea, obra del ingeniero Manuel Bellido,  funcionó entre 1933 y 1971. La mayoría de las estaciones (un día hablaremos solo de ellas) se han recuperado como albergues, aunque otras instalaciones (naves, apeaderos y casetas guardagujas) esperan que soplen nuevos vientos que permitan su recuperación.

Estación de la línea Cartagena-Totana, en Alhama, que nunca llegó a funcionar. / JUAN LEAL

2) De la costa a la montaña. El ‘plan Guadalhorce’ (1926), para la mejora de la red ferroviaria estatal, incluía un eje que iba a conectar Cartagena y Totana (51 kilómetros), además de un ramal entre Mazarrón y La Pinilla (15 kilómetros). El ambicioso proyecto nunca se terminó, pero sobre el terreno sí que quedó marcado todo el trazado. Incluso se levantaron puentes para salvar los cauces de las ramblas, y hasta una estación justo en el límite entre Mazarrón y Alhama. Ahí sigue, en mitad de la nada, este apeadero fantasma, soportando como puede el paso del tiempo. Los ingenieros de la época proyectaron una línea moderna, acorde con los nuevos tiempos, y ¡sin ningún paso a nivel! Las obras para la puesta en valor de estos 66 kilómetros de corredor ferroviario todavía no tienen fecha de inicio, pero es posible recorrer algunos de sus tramos, aunque están sin señalizar.

3) Historias del ‘Chicharra’. Hasta el verano de 1969, el ‘Chicharra’, un tren de vía estrecha, estuvo transportando viajeros. Conectaba Cieza y Alcoy (Alicante), pasando por Jumilla y Yecla. En total, 135 kilómetros de trazado, donde ahora solo quedan algunos retazos. Por ejemplo, en el paraje jumillano de La Punta se conservan varias casas de antiguos ferroviarios. Yecla mantiene en pie su vieja estación y uno de los viaductos de piedra. La línea del ‘Chicharra’ sí que está recuperada como vía verde en Alicante. Justo en el límite con el término provincial, parte el trazado ‘Xixarra 1’, que lleva hasta el santuario de la Virgen de las Virtudes (Villena).

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Más que un mercado
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Miguel Rubio | 17-02-2014 | 18:54| 0
Punto de encuentro para las relaciones sociales, espacio de convivencia ciudadana y excelente despensa con una oferta de productos de calidad para abastecer nuestros hogares. Todo eso y algo más. Porque algunos de los mercados, plazas de abasto y galerías comerciales de la Región son también ‘joyas’ de la arquitectura; ‘monumentos’ del patrimonio industrial que, en muchos casos, languidecen víctimas del olvido y del brillo de los flamantes centros comerciales, las modernas ‘catedrales’ del consumo.
A veces también protagonizan buenas noticias. La última, procedente de Lorca, donde un grupo de empresarios, con el apoyo del Ayuntamiento, pretenden impulsar la reapertura de los antiguos Almacenes Bertrand como una galería de productos ‘gourmet’. De prosperar la iniciativa, no solo se ampliará la oferta comercial del centro histórico, sino que también se recuperará para uso público uno de los pocos edificios de estilo racionalista de Lorca. Diseñado en 1942 por el arquitecto Leopoldo Blanco Mora, estos almacenes fueron todo un símbolo del comercio local durante la segunda mitad del siglo XX.
En Murcia, el mercado de Verónicas, en el plano de San Francisco, también atesora mucha historia. Su ubicación no es casual. Allí se abría la puerta de la Aduana (todavía queda un escudo que la recuerda, aunque tal alto que casi no se ve), donde se cobraban los impuestos sobre las mercancías que entraban o salían de la ciudad. El actual edificio, que se terminó de construir en 1916, es obra de Pedro Cerdán, en estilo modernista. En 1975, las instalaciones se modernizaron. Este proyecto se encargó al arquitecto Daniel Carbonell, autor también de la sede de la Central Lechera Murciana, una factoría, ahora abandonada, que se incluye en los manuales como ejemplo del crecimiento que vivió la Región en la década de los años sesenta del pasado siglo.

Un operario pule el suelo del mercado público de La Unión. / A. GIL

Hay más mercados famosos. Como el de Santa Florentina, en Cartagena, diseñado por Lorenzo Ros Costa, un proyectista que ha pasado a la historia de la arquitectura moderna de la Región por sus escuelas del paseo de Alfonso XIII. De finales de la década de los años veinte datan las plazas de abastos de Águilas y Cieza. Esta última, obra de Julio Carrilero, está protegida como bien de interés cultural.
En esta relación no podía faltar el mercado público de La Unión, también BIC y convertido en sede del Festival Internacional del Cante de las Minas. Levantado a principios del siglo XX, cuando el pueblo vivía un momento álgido por la pujanza de la minería, responde a un proyecto, en estilo modernista, del catalán Víctor Beltrí.
Pero este artículo no podría terminar sin hacer mención al patrimonio inmanterial que atesoran estos recintos, protagonizado por los comerciantes que allí tienen sus puestos y que dominan como nadie el arte de la venta.
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Dos truhanes en La Bastida
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Miguel Rubio | 12-02-2014 | 23:16| 0

El yacimiento de La Bastida (Totana), conocido como la ‘Troya de Occidente’, y que ahora vuelve a abrirse a las visitas(teléfono 968 418153), tiene también, por desgracia, una historia de expolio y picaresca. El caso más sonado lo protagonizaron, a finales del siglo XIX, un payo y un gitano. Según un artículo que llega a mis manos [gracias, Juan], escrito por el arqueólogo Cuadrado Ruiz, que fue director del Museo Arqueológico de Almería; ‘El Rosao’ y ‘El Corro’, dos vecinos sin mucha formación, inundaron de obras falsas, supuestamente extraídas de La Bastida, numerosas colecciones particulares, e incluso llegaron a engañar a los directores de varios museos de Europa. Su negocio consistió en copiar, al principio con la ayuda de un alfarero, vasijas de cerámica como las que aparecían en el citado yacimiento, que data de principios de la Edad de Bronce.
Estos dos personajes, o bien llevaban directamente las piezas falsas para su venta a anticuarios, aficionados a la arqueología, tratantes y museos, o bien, una vez fabricadas, las enterraban en el cerro de La Bastida, hasta donde acompañaban a los compradores más entendidos en la materia, para mostrarles la mercancía “en su propia salsa”, según llegó a declarar ‘El Corro’. Y argumentaba: “Al ver que las sepulturas eran auténticas, ya no dudaban que lo fuese también lo que había dentro de ellas y caían en el lazo”. “Se podrían contar por centenares los señores que desfilaron por el yacimiento”, admitió. Como se ve, una técnica bastante depurada, que les reportó suculentos beneficios.
Pero la avaricia rompe el saco, y un día el ‘pastel’ se descubrió. A estos falsificadores se les acabó la suerte la mañana que el cura de Totana les enseñó un par de revistas (‘La Ilustración Española y Americana’ y ‘La Ilustración Ibérica’). Allí aparecían unas láminas con imágenes de cerámica precolombina azteca, y no se les ocurrió otra cosa que realizar también réplicas para hacerlas pasar por material hallado en la zona, sin importantes que había un océano de por medio. Es más, a ‘El Rosao’ parece que le dio la vena artística y se dedicó también a elaborar “figuras grotestas, verdaderos mamarrachos, de su exclusiva invención”, según ‘El Corro’.

Una restauradora recompone una vasija original de La Bastida.

Con todo, todavía dieron algunos golpes más. De hecho, parte de las piezas estuvieron expuestas en las vitrinas de algunos museos hasta que, ya con técnicas modernas, se pudo constatar que eran falsas.
El profesor Javier García del Toro, que también recuerda esta historia, considera que La Bastida ha sido el yacimiento “más expoliado de España”. Y apunta que fue entre los años 1960 y 1975 cuando se registraron los mayores daños.
Pero ahora La Bastida vive otro momento. Las excavaciones que lleva a cabo el equipo liderado por Vicente Llul y Rafael Micó han servido para poner en valor esta impresionante ciudad, colgada sobre la rambla de Lébor y el barranco Salado, que estuvo habitada entre los años 2.200 y 1.500 antes de Cristo. Su trabajo no solo se ha centrado en sacar a la luz casas, tumbas, talleres y balsas; en consolidar una muralla única; en arrojar luz sobre esta sociedad clasista y violenta, desaparecida repentinamente dejando un mar de misterios. También han desarrollado una labor callada para ir recuperando muchos de los restos expoliados o que, por uno u otro motivo, acabaron lejos de su lugar de origen.

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Jardines como monumentos
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Miguel Rubio | 09-02-2014 | 18:40| 0
La llamada a la puerta de la Consejería de Cultura sigue sin respuesta dos meses después. El servicio de Patrimonio Histórico aún no ha contestado a las cuestiones que el Consistorio de Murcia planteó acerca de qué efectos colaterales tendría la declaración de bien de interés cultural (BIC) para el jardín de Floridablanca, el ‘pulmón verde’ del barrio de El Carmen. Antes de rubricar esta protección, el Ayuntamiento quiere que los vecinos conozcan de primera mano a qué se exponen si el expediente acaba por recibir el visto bueno. Porque la declaración como BIC implica, por ejemplo, ciertas limitaciones a la hora de utilizar este espacio verde, que sirve como escenario para fiestas y actividades culturales, además de para el esparcimiento de los ciudadanos. Otro asunto afectaría directamente al Consistorio: el alto nivel de contaminación acústica que padece el entorno, debido al intenso tráfico de la zona. ¿Habría que tomar medidas para reducir los ruidos y cuidar mejor este bien de interés?

Jardín de Floridablanca, en Murcia.

A la espera del informe de Cultura, la propuesta permanece guardada en el cajón, parece que sin mucho interés de que siga su curso. Sin embargo, ha puesto la lupa sobre un patrimonio que a veces pasa desapercibido. El jardín de Floridablanca, que recibe unas 18.000 visitas al año, forma parte de la historia, ya que fue el primer parque público creado en España a finales del siglo XVIII. Pero no es el único que merece ocupar un puesto destacado entre los ‘monumentos’ verdes. La Guía para la conservación y recuperación de jardines antiguos e históricos de la Región aporta otros tres ejemplos: el huerto de las Bolas, en Cartagena; las zonas verdes del antiguo cuartel Sancho Dávila, en Lorca, y el jardín del Rey don Pedro, en Jumilla.
El primero, que tiene la declaración de BIC, pertenece a la finca Torre Llagostera, en la antigua carretera Cartagena-Murcia, una villa rural de principios del siglo XX. El segundo es todo un ejemplo de recuperación para uso público de un recinto militar. Y el tercero, construido en 1900, destaca por su exhuberante vegetación en pleno casco histórico. La citada guía (disponible en la web www.recuperaverde.es/cms/) también recoge otros 38 jardines asociados a edificios que están catalogados por Cultura. Diecinueve de ellos se localizan en el término de Cartagena, y el resto se reparte de norte a sur por la geografía regional. Ahí están, por ejemplo, el palacete de Fuente Higuera, en Bullas; el convento de las carmelitas de Caravaca; el Huerto del Paturro de Portmán (La Unión) y el patio monacal de las agustinas de Murcia. Lo mejor es salir a disfrutarlos.
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El amigo calasparreño de Dalí
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Miguel Rubio | 05-02-2014 | 19:01| 0

Salvador Dalí, de cuya muerte se cumplen 25 años, está enterrado en su museo de Figueras (Gerona) bajo la cúpula poliédrica que diseñó su gran amigo Emilio Pérez Piñero. El arquitecto calasparreño y el pintor surrealista se dispensaron una admiración mutua, pese a que su relación apenas duró tres años. El proyectista murciano, uno de los pocos arquitectos españoles que han obtenido el premio Auguste Perret, considerado el ‘Nobel’ de esta profesión, murió unos días antes de cumplir los 37 años, en un accidente de tráfico cuando regresaba, precisamente, de una de sus visitas a Dalí, en su casa de Cadaqués, para ultimar los detalles del museo. La trágica noticia supuso un fuerte impacto para el pintor de los relojes blandos. Al entierro envió un ramo de flores diseñado por él mismo.
Desde bien joven, Pérez Piñero prometía. Con solo 25 años, ganó el IV Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, en Londres, con una de sus fabulosas estructuras desplegables. A partir de ese momento, su carrera fue fulgurante, y los encargos le llegaron incluso de la Nasa. Como recuerda la investigadora María del Carmen Pérez Almagro, en su tesis doctoral ‘Estudio y normalización de la colección museográfica y del archivo de la Fundación Emilio Pérez Piñero’, fue el visionario ingeniero estadounidense Buckminster Fuller uno de los que aconsejaron a Dalí que contara con el arquitecto murciano para su museo. “Realiza cosas que yo no sabría hacer”, le dijo. Fuller ya lo conocía, pues fue uno de los miembros del jurado que premió a Pérez Piñero en el certamen internacional celebrado en la capital del Reino Unido.
Según la investigación de Pérez Almagro, en 1970, Dalí dio una rueda de prensa en París para anunciar que el proyectista calasparreño sería el encargado de coronar su museo. En septiembre de 1971, comienzan los trabajos de construcción de la estructura, en Calasparra, y en marzo de 1972 se inician las obras en el propio museo para colocar la cúpula. Pérez Piñero no la pudo ver acabada. Fue su hermano José María, ingeniero industrial, el que la terminó, ayudado por su sobrino Emilio Pérez Belda, hijo del arquitecto.

Dalí y Pérez Piñero fotografiados por Marc Lacroix en París. / Fundación Emilio Pérez Piñero

No fue el único proyecto en el que los dos genios trabajaron juntos. Dalí también le encargó una vidriera hipercúbica para cerrar la embocadura del escenario del museo de Figueras. Los primeros en ver la maqueta fueron los vecinos del arquitecto, en la discoteca DONE. Después, Pérez Piñero y Dalí la presentaron en París. Con ella se fotografiaron bajo la Torre Eiffel. La pieza no pudo concluirse, debido a la repentina desaparición del arquitecto. “La sola cúpula y la vidriera del museo de Figueras atraerán más turistas que todas las promociones que se puedan hacer en nuestra Costa Brava”, llegó a decir el pintor de la obra de su amigo.
Ambos también soñaron con una urbanización en el Golfo de Rosas a base de cúpulas-diamantes, con forma de erizo de mar. La maqueta fue un regalo de Pérez Piñero a Gala Eluard, musa y esposa de Dalí.
Si le interesa la obra del arquitecto puede visitar la sede de su fundación en Calasparra, donde se conservan objetos, fotografías y maquetas. Y en cuanto a Dalí, el Museo Arqueológico de Murcia muestra, hasta el 27 de abril, una exposición, con 130 instantáneas realizadas por el fotográfo Robert Descharnes, centrada en la vida del artista en Cadaqués.

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Una fotografía de récord
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Miguel Rubio | 03-02-2014 | 21:26| 0

‘Mazarrón, un siglo después’ es el título de la fotografía que en unos días se expondrá en la Casa de Cultura de la localidad. Es una instantánea de récord: la foto nocturna iluminada artificialmente más grande realizada en España. Mide 3,50 metros de largo por 1,49 de ancho, y recoge una composición del conjunto San José, de la mina San Antonio, en el coto de San Cristóbal-Los Perules. La imagen pretende que el espectador dé un salto atrás en el tiempo, para situarse en el año 1913, en uno de los periodos álgidos de la minería en Mazarrón. La obra trata de transmitir las duras condiciones de trabajo; la avaricia de un enriquecimiento rápido y despiadado dejando tras de sí miseria y muerte; lo poco que valía la vida en aquella época; la devoción religiosa a la que muchos se agarraban como única tabla de salvación en un entorno tan hostil…

El proyecto partió de Light Art Projects, una marca que se dedica a la realización de espectáculos fotográficos y multimedia de gran envergadura, dirigida por Antonio García Fraile. En el montaje, cuyos autores son Pedro J. Alcázar, Carlos Balsalobre, Carlos Serrano y Beto Ruiz, se emplearon mil horas de trabajo. La superficie iluminada abarca 40.400 metros cuadrados.

La imagen de la mina San Antonio que ha comprado el Ayuntamiento.

El resultado es espectacular, con impacto y muy sugerente. El Ayuntamiento entiende que puede ser un buen gancho para la promoción turística de Mazarrón. De hecho, la fotografía y el documental que la acompaña se pasearon por varias televisiones nacionales. Por eso, el Consistorio ha decidido cerrar la operación de compra, con un desembolso de 18.150 euros. El precio incluye, además, los derechos de uso de la imagen y la banda sonora. El acuerdo se firmó el pasado 27 de enero, y en un par de semanas se mostrará en la Casa de Cultura. La intención del alcalde, Ginés Campillo, es que su destino definitivo sea el nuevo museo municipal, que se construirá en una mansión del siglo XIX en el barrio de La Cañadica. Una de las salas se dedicará a la minería, una actividad que dio origen al municipio.
La minería dejó de funcionar en el pueblo hace medio siglo, aunque ahora una empresa canadiense se ha vuelvo a interesar y ya ha obtenido permiso para iniciar las prospecciones a fin de analizar la cantidad y la calidad de las reservas de metales. Si finalmente se decide a retomar la explotación, deberá tener en cuenta que los tres cotos del distrito (el citado de San Cristóbal-Los Perules, Fortuna y las Pedreras Viejas) están protegidos como bien de interés con la categoría de paisaje histórico. Esta declaración obliga a obtener la autorización de la Consejería de Cultura antes de acometer los trabajos.
En los últimos años, la intención del Ayuntamiento ha sido darle un uso cultural y turístico a las minas, pero la complejidad para conseguir las propiedades y las concesiones y la falta de dinero hicieron fracasar el proyecto de habilitar un parque temático. Pese a la acción de los ladrones, que han desmantelado y destrozado maquinaria y edificios, la zona todavía conserva su encanto. Y a diario es posible ver a turistas recorriendo las antiguas explotaciones, atraídos por un paisaje de mil colores. Un paisaje que parece de otro mundo y que ha sido escenario para, entre otros, los últimos videoclips de Auryn y Luz Casal.

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Cita con los amantes de los molinos
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Miguel Rubio | 29-01-2014 | 23:15| 0

Murcia reunirá en mayo a defensores y amantes de los molinos. Arquitectos, etnógrafos, historiadores, restauradores, antropólogos y geógrafos acudirán a unas jornadas que abordarán el futuro de estos elementos del patrimonio industrial. Bajo el lema ‘Ingenios tradicionales: recurso de futuro’, el noveno congreso internacional de molinología servirá para analizar más de medio centenar de ponencias científicas, con la vista puesta en la recuperación de estas construcciones, a fin de darles un nuevo uso, por ejemplo, dentro de la oferta turística. Se trata de “un ingente legado que, bien aprovechado, es, sin duda, un importante yacimiento de empleo y riqueza”, según los organizadores. “La actual situación de crisis no puede hacer otra cosa sino reforzar nuestra voluntad de fomentar la conservación, protección y rehabilitación del patrimonio, como elemento identificador de un pueblo”, defienden los impulsores del congreso (las inscripciones aún puede formalizarse aquí).

Las jornadas, que se celebrarán los días 9 al 11 de mayo, están organizadas por la Asociación para la Conservación de la Huerta de Murcia (Huermur) y la Asociación para la Conservación y Estudio de los Molinos (Acem), y cuentan con la colaboración de las dos universidades públicas de la Región, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Murcia. Además de las comunicaciones científicas, el programa incluye exposiciones, una visita guiada al espacio de Los Molinos del Río y una ruta siguiendo la acequia de Aljufía, uno de los dos cauces mayores que, partiendo de la presa de la Contraparada, permiten el riego de la huerta de Murcia.

Molino en la acequia Alfatego, en Espinardo.

Huermur quiere aprovechar el congreso para llamar la atención sobre el grave abandono que presentan los molinos que, aprovechando las aguas del río Segura, trituraban grano, pimentón y pólvora, y que también se utilizaban para el abatanado de las telas de algodón. La mayoría de ellos datan de los siglos XVII al XIX, si bien hunden sus pilares en el pasado islámico de Murcia. Pese a su relevancia para el patrimonio industrial y etnográfico, muchos de ellos no cuentan con ninguna protección de Cultura, y los que sí la tienen, de poco les ha servido, porque se caen a pedazos o, directamente, son demolidos. El caso más sonado fue el del molino de Oliver, en Aljucer, cuyo derribo, en 2008, se llevó por delante un escudo declarado bien de interés. En breve, la Junta de Hacendados tendrá que responder ante la Justicia por esta acción, según recuerda Huermur.  Os dejo este enlace con las claves para una excursión de media mañana para conocer algunos de los molinos que salpican una huerta cada vez más menguada.

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Las 'Altamira' de Murcia
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Miguel Rubio | 27-01-2014 | 21:25| 6
Las pinturas rupestres de la Región “no son tan mediáticas, pero no por ello son menos importantes”, indica Miguel San Nicolás en referencia a los murales prehistóricos de la cueva de Altamira, que ahora vuelve a abrirse al público (solo seis visitantes a la semana) en un ensayo a fin de analizar el impacto de la presencia humana en la conservación de la que se ha llamado la ‘Capilla Sixtina’ del arte rupestre. San Nicolás, jefe del servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma, es un reconocido experto en la materia y mantiene una estrecha amistad con José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira. De hecho, ambos forman parte de la comisión técnica dependiente de la Unesco que vela por la protección y la difusión de esos yacimientos prehistóricos.

Pinturas rupestres en la Cañaíca del Calar (Moratalla).

Las cuevas y simas de la Región que guardan esas expresiones gráficas de hace miles de años están protegidas como Patrimonio de la Humanidad. En 1998, Naciones Unidas otorgó dicho reconocimiento al arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica, una franja de 1.000 kilómetros que va desde las sierras almerienses a los Pirineos. Son más de 1.500 yacimientos, de los que unos 150 se encuentran repartidos por casi toda la geografía regional.

Moratalla, Cieza y Yecla reúnen los principales yacimientos, y para visitarlos lo mejor es ponerse en contacto con las oficinas de turismo de los municipios o con el servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura. El premio es doble, porque estos conjuntos se localizan en parajes de gran belleza natural, que permiten hacerse una idea del paisaje que pisaron y vieron estos lejanos antepasados nuestros.

El primer descubrimiento de arte rupestre en la Región se produjo en 1912. Zuanzo Palacios localizó las magníficas figuras de animales pintadas sobre las paredes de los Cantos de la Visera en el Monte Arabí de Yecla. Lo curioso es que siguen apareciendo hallazgos. Los dos últimos, aún en estudio por parte de los investigadores, a más de mil metros de altitud en Caravaca de la Cruz.

Las simas y cuevas conservan tres estilos de arte rupestre: Paleolítico (el más antiguo, de unos 12.000 años), Levantino (por ejemplo, el citado conjunto de Cantos de la Visera) y Esquemático (los Abrigos del Pozo, en Calasparra, acaban de ponerse en valor). Todavía hoy un aura de misterio envuelve a estas pinturas. Hay quien piensa que el hombre prehistórico quiso dejar un mensaje que aún no hemos sido capaces de interpretar.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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