La Verdad

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Diez castillos cerca de casa
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Miguel Rubio | 20-01-2014 | 21:48| 0
Situado en un enclave fronterizo, el viejo Reino de Murcia pronto tuvo que aprender a defenderse. Desde las tierras altas del Noroeste hasta casi rozar las aguas del Mediterráneo, los castillos salpican la geografía regional. No son los châteaux del Valle del Loira, pero también tienen su encanto, atesoran mucha historia y, además, están cerca de casa. He aquí una selección de diez fortalezas por si se anima a visitarlas.
Esta ruta debe echar a andar en Moratalla (1) porque su castillo acaba de recibir una profunda restauración. Levantado a mediados del siglo XV, perteneció a la orden de Santiago. Destaca su torre del homenaje, que con 22 metros de altura ofrece unas vistas únicas del pueblo y sus alrededores. Otros cinco torreones completan el recinto: Redonda, Blanca, la Magdalena, Quebrada y Cuatro Vientos. No muy lejos aguarda la fortaleza de Caravaca (2), que acoge el santuario de la patrona, a modo de un gran relicario, con mármoles de colores, para guardar la Vera Cruz. En su cuesta ‘vuelan’ los Caballos del Vino cada 2 de mayo, una fiesta declarada de interés turístico internacional.

Iglesia de la Asunción, vista desde el castillo de Moratalla.

En plena huerta se alza la Torre Vieja de Alguazas (3), construida por el obispo de Peñarada en el siglo XIV para proteger a las gentes y los cultivos de esta fértil vega, donde el río Mula se funde con el Segura. Por fuera es una mole rectangular, por dentro impresionan sus bóvedas de crucería. El castillo de Jumilla (4) vigila el Altiplano. Lo construyó el marqués de Villena, es de estilo gótico y no le falta detalle: torre del homenaje, mazmorras, sala del alcaide y patio de armas.
La comarca del Guadalentín requiere varias paradas para admirar sus construcciones defensivas. La primera, en Lorca (5), cuya fortaleza, del siglo XIII, se ha convertido en un espacio temático cultural donde conocer cómo se vivía hace setecientos años en estos recintos fortificados. Y sigue arrojando sorpresas, la última, una sinagoga. La segunda visita, en Puerto Lumbreras (6), con una alcazaba árabe que vigilaba el paso estratégico entre Andalucía y Levante. Entre los paños de sus muralles sobresalen las chimeneas de las casas trogloditas horadadas en la montaña y que muestran la vida bajo tierra. Aledo (7) conserva la Torre de La Calahorra, ejemplo de arquitectura militar de la Edad Media. Dicen que entre sus muros Alfonso X encontró la inspiración para escribir varias de sus famosas cantigas. La villa ha recuperado su muralla con un moderno proyecto de los arquitectos Isabel García Higueras y Daniel Gil de Pareja Martínez, que invita a asomarse al valle. No muy lejos, Alhama de Murcia (8) ultima la restauración de su imponente conjunto fortificado, de raíces islámicas, con dos espacios, uno militar y político, y otro que servía para refugio de la población. De momento, se mantiene cerrado a los turistas, pero en ocasiones se organizan rutas guiadas. En la costa, dos visitas imprescindibles: el castillo de la Concepción, en el cerro más alto de las cinco colinas de Cartagena (9), es la puerta de entrada para una primera toma de contacto con 3.000 años de historia: y en Águilas (10), un recinto del siglo XVIII, dominando el litoral, formado por el fuerte de San Juan (a poniente) y la batería de San Pedro (al este).
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Molina da uso a su muralla
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Miguel Rubio | 15-01-2014 | 20:44| 2
Pocas oficinas de turismo pueden presumir de un emplazamiento tan privilegiado. Molina de Segura, la cuarta ciudad de la Región, estrena (¡por fin!) el próximo lunes sus dependencias de atención a los visitantes, en un enclave con mucha historia. Ubicadas en la calle Pensionista, número 3, en pleno centro urbano, están presididas por un tramo de la antigua muralla andalusí, de los siglos XI y XII. Es parte del cerco que recorría la parte baja del cerro del castillo y que protegía la población y la alcazaba. Según recuerda el arqueólogo municipal Felipe González, este lienzo defensivo fue descubierto en 1993 formando parte del muro medianero de una edificación declarada en ruina, y que terminó por comprar el Ayuntamiento. Tiene 1,30 metros de espesor y 5,4 metros de altura, y se completa con el arranque de una torre cuadrangular. Sorprendente.
La oficina de turismo aspira a convertirse en la puerta de acceso a Molina de Segura para los turistas. Asi que el público se adentrará en la historia de la que fue capital regional de la conserva nada más atravesar el umbral. Con más de 300 metros cuadrados útiles, distribuidos en tres plantas, las modernas dependencias, diseñadas por José Luis Largo Hernández y Andrés Lucas Esteve, también acogerán actividades culturales. De hecho, el estreno llega con la inauguración de la exposición ‘De carne y guasa’ del artista local Pepe Yagües.

Lienzo de la muralla medieval que preside la oficina de turismo de Molina.

El nuevo centro de visitantes era la infraestructura básica que necesitaba la localidad para promocionar su patrimonio histórico, que en los últimos años se ha puesto en valor con el fin de intentar atraer turistas a la localidad. Molina se sacude así el ‘sambenito’ de ciudad industrial sin mayor atractivo. La muralla que ahora se puede admirar en la flamante oficina de turismo solo es el aperitivo. El cerro del castillo, con los restos de la fortaleza, también ha sido acondicionado como mirador, con una vista impresionante de la huerta, y restaurante. La guinda se pondrá cuando el Ayuntamiento desbloquee y ponga fin a las obras de construcción del museo del enclave de la muralla, donde se podrán admirar los restos de cinco torres, una puerta de doble codo y el foso exterior de la Molina medieval.
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De mansión burguesa a museo
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Miguel Rubio | 13-01-2014 | 18:06| 0

La mansión burguesa, en el barrio de La Cañadica, que acogerá el nuevo museo de Mazarrón no solo mostrará la historia del municipio desde el paleolítico hasta la edad contemporánea. La propia casa tiene su historia particular. Data de finales del siglo XIX y, según recuerda el cronista oficial, Mariano Guillén, perteneció a la familia Monche-Ríos. Los primeros, de origen italiano y dedicados al comercio; los segundos, una de las sagas más acaudaladas de la población, con propiedades en tierras de cultivo y dedicada también a la minería y a la fabricación de salitre.

El miembro más famoso del clan fue Andrés Monche y Ríos (nacido en Mazarrón en 1865), ingeniero de caminos, canales y puerto al que aún hoy se le recuerda por diseñar la prolongación del dique este del puerto de Barcelona. Fue una de las grandes obras de ingeniería de la época, a principios del siglo XX. También recibió el encargo de ampliar los puertos de Tarragona y Valencia. Y en la Región de Murcia diseñó varias carreteras, entre ellas, la que une Cartagena y Mazarrón. Murió en Barcelona en 1917, dejando viuda y ocho hijos,  y sus restos descansan en el cementerio de Montjuic. Su pueblo le dedicó un homenaje en forma de placa con dedicatoria, que estuvo en la casa natal del ingeniero (que no era ésta de La Cañadica) hasta que fue derribada. Después, sus descendientes se la llevaron a Barcelona. Una calle de la localidad lleva su nombre.

Casa de La Cañadica que acogerá el nuevo museo de Mazarrón.

La vivienda solariega de los Monche-Ríos, que destaca por su torreta y sus miradores, pasó a propiedad municipal cuando se urbanizaron los terrenos de alrededor. Durante décadas sufrió el abandono y el olvido. Ahora el Ayuntamiento la convertirá en museo, una idea que se barajaba desde hace un lustro. El proyecto para acondicionar el inmueble ya está en fase de licitación. El presupuesto de partida asciende a 503.245 euros, y las empresas interesadas en las obras tienen hasta el 3 de febrero para presentar sus ofertas. El plazo de ejecución es de seis meses, y el alcalde, Ginés Campillo, confía en que los trabajos se adelanten y pueda inaugurarse el próximo verano. De la gestión se encargará una empresa privada.

Llama la atención que pese al valor arquitectónico e histórico del edificio, conocido también como la casa de don Zenón, nadie se haya preocupado de su protección. Fue a raíz de que se anunciara el inicio de las obras, y que adelantó ‘La Verdad’, cuando la Consejería de Cultura inició los trámites para declarar el inmueble como bien inventariado, la protección más baja que otorga la ley de patrimonio histórico. Algo es algo.

 

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Espray contra el deterioro
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Miguel Rubio | 08-01-2014 | 16:04| 0

Grafiti en la antigua conservera Imperatum de La Ñora (Murcia).

Algunos murales callejeros coloreados a golpe de espray son obras de arte. Tanto es así que aportan su grano de arena a la hora de embellecer barrios enteros. Hay ayuntamientos que utilizan dichas intervenciones dentro de sus planes de recuperación urbana. Madrid, por ejemplo, ha echado mano de esos recursos artísticos en el distrito de Tetuán, con motivo de un programa de mejora del paisaje de la ciudad, duro como el cemento. Vaya por delante que no estoy hablando de los feos grafitis, firmas y pintadas que ensucian mobiliario y edificios, y que, en el caso de Murcia, se castigan como una infracción leve (¿suficiente?), con una sanción de entre 30 y 150 euros, según la ordenanza de limpieza viaria.

Sin abandonar la capital, este arte urbano se ha empleado en la decoración de algunas casetas de transformadores eléctricos, dentro de una actuación municipal con patrocinio de una gran empresa. Independientemente de la calidad artística de los trabajos (predominan paisajes típicos y fiestas populares), desde luego aportan colorido y, a mi juicio, resultan más estéticos que la fría pared. En ocasiones, la iniciativa privada también ha recurrido a esta tendencia. Así ocurre con los comerciantes que piden los servicios de ‘grafiteros’ para que decoren con aerosoles las fachadas y persianas de sus establecimientos. Incluso la parroquia de La Purísima de la pedanía de El Palmar ha sorprendido con un gran mural para ‘borrar’ las pintadas que ensuciaban la tapia del cementerio. Los garabatos fueron denunciados en la sección de La Chincheta de ‘La Verdad’, y la solución buscada para acabar con el problema resultó sorprendente, a la vez que efectiva. ¡Chapó!

Si le interesan estas expresiones artísticas, el próximo domingo tiene la oportunidad de realizar una visita guiada de la mano de la asociación Murcia en bici. La salida es a las 9.30 horas desde la puerta del hospital Reina Sofía, y el itinerario, con una duración de unas tres horas y media,  llega hasta la central ferroviaria de Alcantarilla. En anteriores ocasiones se ha realizado una parada en las antiguas calderas del gas del barrio de San Pío X, donde el colectivo 450 DOOM tiene su Street Museum. Buen viaje.
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Se vende casa cuartel
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Miguel Rubio | 01-01-2014 | 21:13| 0

¿Le interesa adquirir una casa cuartel de la Benemérita? ¿Dispone de 1,4 millones de euros? Entonces es su oportunidad. El plan de venta de inmuebles del Estado incluye entre sus 15.135 propiedades esta ‘oferta’. El edificio en cuestión, con 1.034 metros cuadrados construidos y que en su día llegó a contar con un pequeño huerto de cítricos, se encuentra en la avenida de la Constitución de Mazarrón, la principal arteria de la localidad, y el precio corresponde a una tasación realizada en 2006, en plena burbuja inmobiliaria. El Ayuntamiento ya ha adelantado que no está interesado en la operación de compra. Las dependencias, que pertenecen a la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de la Seguridad, apenas tienen interés arquitectónico, pero forman parte de la historia reciente del municipio y hay quien piensa que podrían acoger algún equipamiento público.

Fachada principal del antigua cuartel de la Guardia Civil de Mazarrón.

No es el primer cuartel de la Guardia Civil en la Región al que se le cuelga el cartel de ‘se vende’. Ya ocurrió con el puesto de la Benemérita que prestaba servicio en el poblado lorquino de Puntas de Calnegre, y que fue convertido en un albergue turístico, muy recomendable, por cierto, para una escapada en los meses de verano. También ha pasado a manos privadas el cuartel del paraje de Campillo de Adentro, en Cartagena, que queda a la vista cuando se asciende a las baterías de Castillitos, otra visita obligada, en pleno espacio natural de La Muela-Cabo Tiñoso. El edificio, en lo alto de una colina,  llama la atención por su fachada almenada y con pequeñas garitas. La intención del dueño, según me contó en una ocasión, es destinarlo a alojamiento turístico, cuando mejore la situación económica y pueda acometer las obras. Atractivos a la zona no le faltan, ya que conserva uno de los últimos tramos vírgenes del litoral.

En ocasiones, los cuarteles pasan a formar parte de los catálogos que recogen la arquitectura más singular. Es en Puerto de Mazarrón, frente al nuevo puerto deportivo, donde se conserva uno de estos edificios que destacan en el patrimonio del siglo XX, casi siempre olvidado por su cercanía en el tiempo. Estoy hablando del cuartel de Carabineros, también conocido como la Aduana, una obra de 1934 diseñada por Guillermo Martínez Albaladejo, el mismo arquitecto del cine Rex, en Murcia. La Fundación Docomomo, que vela por la conservación de la arquitectura moderna, lo incluye en su registro de 23 ‘joyas’ de la Región, por su diseño con distintos volúmenes. El inmueble, que ahora está en obras, sigue ocupado por la Benemérita, lo que de momento le ha salvado del abandono.

Puesto de Carabineros (1934) en Puerto de Mazarrón, de Martínez Albaladejo.

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Estrenos de oro y plata
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Miguel Rubio | 29-12-2013 | 17:57| 0

Dos estrenos para 2014 con dos tesoros como protagonistas. El Arqua de Cartagena expondrá el próximo año la carga de reales de a ocho, acuñados en plata en el siglo XVIII, de la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, mientras que el museo de Santa Clara, en Murcia, se prepara para mostrar al público el ocultamiento de 424 monedas andalusíes (la gran mayoría, dinares de oro) halladas en la calle Jabonerías. Salvando las distancias (el primero procede de un naufragio y el segundo fueron los ahorros de un comerciante del siglo XI), ambas colecciones contribuirán a aumentar el interés por los conjuntos numismáticos que se conservan en la Región. Las monedas constituyen una pieza clave a la hora de conocer la historia, porque aportan mucha información a los investigadores. Así, permiten fijar fechas de momentos claves del pasado gracias a los años de acuñación, desvelan relaciones políticas y económicas entre distintos reinos y clanes, y muestran el poder de algunas ciudades que disponían del privilegio de labrar moneda. En otras ocasiones aportan también detalles sobre el declive de algunos gobiernos, que, para hacer frente a sus apuros económicos, emitían piezas de peor calidad y, sin embargo, de más valor, la conocida devaluación que aún hoy está en práctica.

Reales de plata hallados en la plaza Esteve Mora de Murcia.

Cada pueblo tiene su tesoro, y la mayoría se expone al público en museos. En Puerto de Mazarrón (sala de la factoría romana de salazones) se pueden ver, por ejemplo, unos plomos monetiformes, con motivos marinos, como delfines, naves e hipocampos, que se empleaban como dinero local y que solo circulaban en los cotos mineros. Jumilla conserva una colección de denarios de la Roma republicana. El tesoro de La Pita, hallado en Alhama y expuesto en Santa Clara, con moneda islámica y maravedíes de Alfonso X El Sabio, muestra el inicio de la consolidación del poder castellano en el Reino de Murcia. Y en el Arqueológico de la capital murciana es posible contemplar 523 denarios romanos republicanos que un soldado dejó ocultos cuando fue llamado a filas para luchar en las guerras civiles que enfrentaron a César y Pompeyo hacia el año 50 antes de Cristo. Nunca regresó.

Otros tesoros esperan tiempos mejores para volver a ver la luz. Ocurre así con los 1.040 reales de plata encontrados en un derribo en la murciana plaza de Esteve Mora. Son similares a las monedas de ‘La Mercedes’, pero no se muestran al público porque falta una sala en condiciones.
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Un imperio, con ayuda de mujeres
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Miguel Rubio | 22-12-2013 | 20:20| 0

Primero llegaron las madres, después, sus hijas también. Generación tras generación ayudaron con su esfuerzo a levantar un imperio: el de la industria conservera, que tanta fama dio a Molina de Segura. Es una página de la historia que aún tiene capítulos por escribir. Cientos de mujeres se desplazaron hasta la localidad, principalmente de la Vega del Segura y de la comarca del Río Mula, durante las distintas campañas de trabajo. De aquel ‘boom’ quedan unos pocos vestigios de las fábricas, además de un legado inmaterial con los recuerdos de las trabajadoras.

Escultura de Pepe Yagües, junto a la chimenea de La Molinera.

Los orígenes del sector de la conserva vegetal hay que buscarlos a finales del siglo XIX, con Maximino Moreno. El apogeo se vivió en las décadas de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Ahora ya no quedan fábricas en el casco urbano, pero el paisaje de la ciudad todavía se ve salpicado por las chimeneas de las factorías, a uno y otro lado de la antigua carretera de Madrid. Este patrimonio industrial forma parte de una nueva ruta turística que muestra la historia y la cultura de Molina. La próxima cita es el 11 de enero (inscripciones en el teléfono 968 28 85 22).
La industria conservera se abasteció de mano de obra femenina, barata, “dócil”  y con la pericia necesaria para estos menesteres. Lo normal era que las niñas acompañaran a sus madres, por lo que en las factorías se mezclaban juegos con trabajo. Algunas empezaron con solo 14 años. Lo cuenta la investigadora María Dolores Palazón en un artículo publicado en la revista Llámpara. Trabajaban en unas condiciones duras, sin contratos ni prestaciones, con jornadas sin límites fijados y que dependían de la producción; su labor la realizaban de pie, a veces bajo las malas maneras de algunos encargados, y debían traer sus propios utensilios y uniformes. Por supuesto, no existían comedores, y almorzaban en la puerta de la fábrica. Todo esto comenzó a cambiar, a mejor, hacia 1976, gracias a la gestación de una conciencia obrera.
Con el paso del tiempo, muchas de estas mujeres acabaron por afincarse en la localidad. Los propios industriales levantaron entonces edificios para alojar a las nuevas familias. Fue una época de expansión de la ciudad hacia el norte, con la creación de barrios enteros, como los de Fátima, San José, San Antonio, San Miguel y El Carmen. En solo dos años, entre 1992 y 1994, este imperio se derrumbó.

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El regreso de Hilarión Roux
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Miguel Rubio | 18-12-2013 | 23:44| 0

El nombre de Hilarión Roux, el primer gran empresario de la minería en la Región, regresa a la actualidad, pese a que lleva más de cien años muerto. Un anuncio publicado en el boletín oficial avisa de que una de sus concesiones (quizás la última del imperio que levantó en el siglo XIX) está a punto de caducar, debido a que no se han presentado los preceptivos planes de laboreo. El trámite, iniciado de oficio por la Consejería de Industria, resulta llamativo, ya que este hombre de negocios marsellés falleció en París en 1898, arruinado, y, cuentan, en los brazos de su amante. Puede que sorprenda que aún hoy aparezcan posesiones a su nombre en los listados de la Dirección General de Minas. Pero es que este empresario, que llegó a la Región, con solo 23 años, como hombre de confianza de los influyentes banqueros de la casa Rothschild, amasó una fortuna gracias a la explotación de los cotos de las sierras de Cartagena-La Unión y Mazarrón y a la industria metalúrgica. Con las ganancias, se hizó con otras concesiones, desde Bélgica a Costa Rica, pasando por Cerdeña y Grecia.

Coto minero de San Cristóbal-Los Perules, en Mazarrón.

La mina en cuestión, a la que hace referencia el anuncio del BORM,  lleva por nombre ‘Virgen del Carmen’, y está en el distrito mazarronero. Fue en este municipio donde logró un buen ‘pellizco’. Aquí descubrió el célebre filón ‘Prodigio’, que atrajo las miradas de medio mundo por su riqueza, y se hizo con las minas de San Juan y Santa Ana, una de las más productivas de la cuenca. Roux tenía vista para los negocios y supo abrirse camino en un sector farragoso, gracias también a sus buenos contactos. 

El inversor francés echó raíces en la Región. Roux se casó en Cartagena con Piedad Aguirre Aldayturriaga. Y con sus cuñados compartió parte de su actividad empresarial. Su posición en el conflicto del cantón de Cartagena le valió el título de marqués de Escombreras, lugar donde tenía una de sus principales fundiciones. La historia de este emprendedor está recogida en un interesante artículo de los profesores Pérez de Perceval y López Morel, que animo a consultar. Al final, el marsellés lo perdió casi todo. Quién sabe si la mina ‘Virgen del Carmen’ representa el último lazo que unía a Roux con la Región.

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Murcia, islámica; Cartagena, romana
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Miguel Rubio | 16-12-2013 | 22:19| 6
Confirmada la importancia de los restos musulmanes hallados en el barrio de Santa Eulalia (un tramo de muralla de 20 metros de largo y dos panteones), cada vez más voces sugieren que Murcia debe sacarle mayor partido a su pasado islámico, como reclamo turístico. La imagen de cara a los visitantes que se ha proyectado hasta la fecha es la de una ciudad barroca. Y no solo por su arquitectura (la portada de la Catedral es el buque insignia) y su escultura (la obra de Francisco Salzillo), también por sus tradiciones y sus fiestas. Pero, sin desmerecer este patrimonio único y magnífico, quizás haya llegado la hora de ampliar y diversificar la oferta, apoyándose en unos restos que bucean en los orígenes de Murcia, doce siglos atrás. En este punto, hay quien mira (y compara) la destacada labor llevada a cabo en Cartagena para mostrar, orgullosa, su pasado romano.

La muralla y una de las tumbas, en el conjunto de Santa Eulalia.

El yacimiento islámico de Santa Eulalia ha servido para lanzar un reto al Ayuntamiento: diseñar una ruta peatonal que ponga en valor la historia musulmana de la capital aprovechando los restos ya recuperados en la fachada del cauce urbano del Segura desde Verónicas a San Juan. Y que de paso también sirva para revitalizar los barrios del casco histórico, que languidecen, tristones -fue la sensación que me llevé hace unos días tras un paseo nocturno hasta San Nicolás-, entre solares abandonados, iluminación mortecina y bastantes negocios cerrados. Esa propuesta de los arquitectos Francisco Guerao y Pablo López se viene a sumar a la reflexión formulada recientemente por Fernando de Retes, en el suplemento Ababol de ‘La Verdad’, acerca de destapar la muralla que se descubrió hace dos décadas en la plaza del teatro Romea, cuando se remodeló este espacio urbano. De Retes, premio regional de arquitectura 2013, sugería un proyecto que hilvanara el pasado hispanoárabe de Murcia, desde Monteagudo al castillo del Puerto de la Cadena, pasando, claro está, por el arrabal de San Esteban.
De momento, el Consistorio no abre la boca. Los presupuestos municipales del próximo año no hacen referencia alguna al conjunto del barrio de San Eulalia, cuya excavación se ha paralizado a falta de que lleguen fondos. El concejal de Cultura, Rafael Gómez, comenta que la propuesta de Guerao y López es una más de las que se barajan. Y apunta la posibilidad de realizar actividades culturales en este conjunto islámico. Como idea, no está mal, pero de momento resulta inviable, debido a que el espacio está a medio acondicionar. Ya veremos en qué queda.
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Unas minas de interés cultural
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Miguel Rubio | 11-12-2013 | 21:38| 0
Más pronto que tarde, Mazarrón tendrá que tomar una decisión que marcará su futuro. Afecta a sus minas, sin actividad desde mediados del siglo pasado. Una empresa con capital español y canadiense ha mostrado interés por retomar la extracción de metales. Aquí los filones todavía contienen plomo, plata, hierro y zinc; también quedan reservas de cobre y estaño. La petición para iniciar las exploraciones sobre 504 cuadrículas mineras llegó a la Consejería de Industria el pasado verano, y representantes de la firma han mantenido recientemente contactos con el equipo de gobierno municipal. Más aún, hay una invitación para visitar otras minas que dicha empresa gestiona en España.

Vista aéra del coto de San Cristóbal-Los Perules, tomada por Juan Francisco Belmar.

La cuestión es que los tres cotos del distrito de Mazarrón (el segundo más importante de la Región) están protegidos como bien de interés cultural (BIC), con la categoría de paisaje histórico. Y el dilema que surge es si el municipio debe apostar por el aprovechamiento turístico y cultural de sus minas (siguiendo la estela de La Unión) o permitir su explotación, y todo lo que eso conlleva. Toma cuerpo la hipótesis de que una de las exploraciones en busca de mineral será en el coto de los Perules, pegado al casco urbano. Sus pozos y terreras reciben a diario a visitantes interesados en conocer el singular paisaje industrial.
En el equipo de gobierno hay preocupación, ante el dilema de no saber qué es mejor para el pueblo. La ‘patata caliente’ puede que le llegue finalmente al próximo primer edil mazarronero, que, si se cumple el pacto de investidura, será el socialista Francisco García para lo que resta de esta legislatura. El relevo (o cambio de papeles) al frente del ejecutivo local (una alianza de cuatro formaciones políticas) será en julio, cuando el actual alcalde, el independiente Ginés Campillo, dejará el cargo para asumir las competencias (Urbanismo, es el plato fuerte) de García.
Existe una tercera vía: quien asegura que la protección cultural y la reactivación de las minas no tienen por qué ser incompatibles. La Dirección General de Cultura ha defendido hasta ahora esa posibilidad. “La catalogación no significa que no se pueda hacer nada sobre ese bien de interés”, mantienen desde este departamento. Es más, hay quien apunta que reflotar las explotaciones mineras puede abrir una línea para financiar la puesta en valor de algunos de los elementos más destacados que todavía se mantienen en pie en el distrito. Esa inversión sería con cargo a la empresa que retome las extracciones.
Atrás quedó el proyecto de habilitar un parque temático en los cotos. Desde que se anunció la idea (hace una década) la única novedad es que cada vez queda menos que proteger, debido al abandono y al expolio. Quien quiera acercarse a conocer el patrimonio minero de Mazarrón tiene a su disposición, hasta el mes de marzo, tres recomendables exposiciones con fotografías de gran formato. Su autor, Juan Francisco Belmar, hace una llamada de atención a los ciudadanos para que contribuyan a su conservación.
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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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